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Más de una hora y doce minutos después de estar retenido, el Presidente Andrés Manuel López Obrador pudo ingresar a la Séptima Zona Militar donde ya había terminado su conferencia mañanera, que por primera vez no fue encabezada por él.

A las 08:12, ya cuando la CNTE se había retirado, la camioneta del Presidente pudo avanzar hacia la entrada entre trabajadores, médicos, y estudiantes normalistas que aún quedaban con sus demandas.

«¡Bájate AMLO!», «¡Escúchanos!», «¿Donde está la Cuarta Transformación?», le gritaban.

López Obrador había llegado antes de las seis de la mañana al cuartel militar para la reunión de seguridad, de seis a siete, y luego para la mañanera, pero un contingente de integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación lo esperaba en la entrada y le bloqueó el paso para exigirle una mesa de diálogo sobre el pago de su fondo de ahorro, plazas y otras demandas.

A la manifestación también acudió personal de salud que labora con contratos temporales o que aseguran haber sido despedidos durante la pandemia del Covid-19, incluso familiares de los policías detenidos hace seis años por la fuga del Chapo Guzmán estaban presentes. En total unas 200 personas.

López Obrador permaneció adentro de la camioneta, sin bajar la ventanilla, con la mirada distante y la mano en la mejilla, algunas veces sonriendo, pero no podía ocultar el enojo ante el acto de la CNTE, su aliada desde la campaña.

Algunas personas escribían sus peticiones en cartulinas y las estampaban contra la ventanilla en espera de que el Presidente volteara a mirarlas.

Contra el parabrisas de enfrente, a unos centímetros de la mirada perdida del Mandatario federal, una mujer estampaba un folder beige con su demanda escrita a mano: «Somos madres de víctimas de feminicidio. Queremos que nuestros casos sean resueltos»

Adriana Gómez Martínez pedía justicia por el asesinato de Jade Yuing Gómez y estaba enojada porque decía que las mamás habían llegado a las once de la noche y la CNTE a las seis de la mañana, lo cual hizo enojar al Presidente. Pero Adriana insistía en que López Obrador las oyera.

«Creo que hace mal, porque nos debe de atender, debe de saber nuestras peticiones y por qué estamos aquí. Esta es la manera de que debe de volvernos a ver, que entienda que esa es la problemática que vivimos día a día, que él mismo se cerciore de lo que estamos viviendo aquí en Chiapas», dijo Adriana.

Aunque estaba afuera de un cuartel militar, Lopez Obrador sólo tuvo la seguridad de la ayudantía, apenas cinco jóvenes recargados a la camioneta y recibiendo peticiones por escrito.

«Estaba fácil, era con que se bajara a dialogar. Nosotros somos seres humanos también», dijo Jesús Ventura, un integrante de la CNTE cuando ya sus compañeros se habían retirado y el Mandatario federal había podido pasar al cuartel.

Esta fue la primera ocasión en que López Obrador no participó en su conferencia mañanera, a pesar de que sí se llevó a cabo con el Gobernador Rutilio Escandón; la Secretaria de Seguridad Pública, Rosa Icela Rodríguez; y los titulares de la Sedena y la Marina, quienes parecían impasibles aun con la retención afuera.

Nestor Esquinca Mérida, un hombre con hemodiálisis y credencial oficial de discapacitado, que había llegado a pedir ayuda para renta, le pidió perdón al Presidente porque dijo que hablar con él era su única esperanza.

Jesús Ventura -quien traía una resortera en la mano- negó que hubieran tomado de rehén al Presidente, según acusó éste en un mensaje vía video, ya que dijo que eran pacíficos.

«Esta resortera es por cualquier agresión de parte de lo que es la fuerza pública, por cualquier agresión, pero no es para provocar a nadie», dijo Ventura.

El Presidente López Obrador ingresó a la zona militar y ahí continúa antes de acudir a San Cristóbal, donde presentará los avances del programa de reconstrucción. Afuera sólo lo esperan unas cuantas personas.

Jorge Ricardo Nicolás
Agencia Reforma


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