ORQUÍDEA CAMPOS / NTRZACATECAS.COM
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JEREZ DE GARCÍA SALINAS. El canto de algunas golondrinas posadas en los cables de la luz es el único sonido que se escucha hoy en Ermita de los Correa; otrora pueblo alegre, bullanguero, pero sobre todo trabajador, hoy, se ha convertido en pueblo fantasma.

La carretera que conduce a la comunidad luce sola. Al ingresar al pueblo, todas las casas, desde las más bonitas, unas recién reconstruidas, otras de acabado típico y las más antiguas, de adobe, hoy están vacías.

En estos días de terror, intensificados desde hace una semana, más de 95 por ciento de las familias que habitaban la comunidad la abandonaron, incluso con el tiempo contado para huir.

Muchos partieron apenas con lo que traían puesto. Otros, salieron con lo que alcanzaron a recoger en 15 minutos, y hubo quienes, con menos suerte, se resignaron a quedarse en sus hogares cuando querían huir, porque simplemente no tenían en qué movilizarse o no consiguieron raid.

La desolación reina en La Ermita, rica en tierras cultivables con vocación friolera 100 por ciento. Se habla incluso de que ya muchos de los animales, en su mayoría hatos de chivas y borregos, patrimonio de esta gente de trabajo, están muertos. Ante la desesperación de dejarlos sin alimento, hay quienes optaron por dejarlos en libertad y no saben si podrán volver a recuperarlos.

Este martes, una caravana de habitantes volvió con la garantía de que, en efecto, un destacamento del ejército se instaló en las oficinas ejidales, lo que dará seguridad a las personas que deseen ir a sacar pertenencias para subsistir en tanto viven en el exilio, en la cabecera municipal de Jerez.

Sin embargo, el terror y el miedo se huelen, paralizan a los pocos habitantes que se encontraban movilizando pertenencias. Ya que se instaló un destacamento de vigilancia, no quieren que se vayan y lo gritan con desespero. «Ustedes ayúdennos», referían al expresar que el mayor miedo es que, cuando todo vuelva a la aparente normalidad, «esos animales vuelvan y nos maten aquí a todos».


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