Yucel Cuevas
Yucel Cuevas

Leí algo sobre los narcisistas: personas distantes emocionalmente, incapaces de crear un vínculo profundo, poco empáticos y medio heridos. Así es él. Tal vez eso fue lo que nos conectó, o al menos a mí con él.

La primera vez que lo vi estaba temblando de miedo, tal vez eso fue lo que nos conectó, o al menos a mí con él. Hacía frío y llovía muchísimo, no sé cómo llegó hasta ahí. Se veía tan solo y frágil. Creo que todos nos hemos sentido así en algún momento y, si nos va bien, encontramos a alguien que nos ayude a seguir. Porque a veces la vida se pone difícil, nos llega la crisis y no sabemos a dónde ir.

Me acordé de Lalo. Fue justamente así como lo conocí. En aquel momento no me di cuenta, no lo sabía, pero algo debí intuir. Recuerdo que me contó que estaba en crisis. Claro que él no lo dijo así, nadie sabe que está en crisis cuando está en crisis; uno lo va descubriendo poco a poco, cuando el tiempo pasa y la angustia ya no cabe en el pecho.

A veces, cuando algo se mueve y comienza la crisis hasta se siente más ligera la vida, llega una nueva brisa y te dibuja una tímida sonrisa en el rostro. Luego sientes un hueco, el famoso vacío que te recuerda que algo falta y que por más selfies bonitas que subas a Instagram nada va a cambiar. Es entonces que aparece la vulnerabilidad.

Lalo no es así. Él es más bien privado, del tipo de persona que se puede quedar por horas en una habitación fingiendo ser productivo; un enigma. Como una cebolla. Y sí, también lloras al intentar pelarlo. Ahora suena gracioso, pero intentar amar a alguien como él es muy doloroso.

Leí algo sobre los narcisistas: personas distantes emocionalmente, incapaces de crear un vínculo profundo, poco empáticos y medio heridos. Así es él. Tal vez eso fue lo que nos conectó, o al menos a mí con él.

Ahora me siento mal de estar hablando de mi perro y de Lalo al mismo tiempo. Pero eso es justo lo que vi en los dos: vulnerabilidad.

Yo no sabía que me iba a enamorar, Brené Brown dice que cuando ves a una persona con su verdadera esencia y sin máscaras conectas con ella porque su vulnerabilidad es la misma que la tuya, y te enamoras. Así me pasó con Lalo y con mi perro.

De repente sentí la necesidad de cuidarlos, de ser buena para ellos. Yo quería que Lalo viera lo cariñosa y cuidadosa que podía ser. Pero no es lo que él necesitaba, sino quien yo deseo ser. Y ahora entiendo que todo se trata sobre mí y que la necesidad de ser esa persona es solo mía. Lalo nunca me dijo “te necesito”, ni siquiera creo que lo haya sentido; menos mi perro.

Ahora que veo todo más claro me resulta obvio, sentir amor es una cosa muy diferente de amar. Y yo recién comenzaba a sentir, a crecer y a nutrirme. Ahora me puedo dar todo eso que quería darle a él. Ya no necesito que me vea porque mi propia mirada es suficiente. Esto debe ser eso a lo que llaman amor propio.

Leí que los narcisistas no se aman y por eso no pueden amar, creo que yo tampoco podía y por eso me conecté con él. Vaya trampa en la que me metí al intentar medir mi capacidad para amar con alguien que no deseaba ser amado. Y que injusta fui conmigo al pretender darle a otro lo que no me podía dar antes a mí.

Al final, Lalo solo fue un espejo de mi propia vulnerabilidad y el canal para ser quien quiero ser, como mi perro. Por eso pienso en los dos, porque he estado buscando en ellos lo que necesito para seguir, como en las crisis.

 

COLUMNA: ASOCIACIÓN LIBRE

AUTORA: Yucel Cuevas

CABEZA: Sobre los narcisistas


Nuestros lectores comentan

  1. Poner sobre la mesa este tipo de temas es lo que necesitamos para crecer. Justamente estoy viviendo una situación algo similar al toparme con un persona narcisista y justamente este reflejo que mencionas para mi ha sido la oportunidad de mirarme con autocompasión y querer cuidar de mi y es que en definitiva no lo interiorizamos hasta que lo vivimos por nosotros mismos.