CUQUIS HERNÁNDEZ/NTRZACATECAS.COM
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GENARO CODINA. La familia Muñoz, que se dedica a la producción artesanal de licor de membrillo y también de ates de frutas, solo alcanzaron a recuperar 400 litros de los 2 mil 800 que acababan de procesar para esta temporada 2021.

Con seis integrantes de la familia, Estela Muñoz Hernández, junto con su esposo e hijos, atienden un local comercial en el centro, justo en la esquina del Puente Grande que quedó al bordo del colapso por las aguas que reventó el bordo San Aparicio y que llegaron de lleno también sobre la calle Benito Juárez, dañando viviendas y comercios.

Como varios de los locales del centro, los Muñoz perdieron aproximadamente 86 por ciento de su producción de licor de este este año.

La temporada de cosecha de fruta, principalmente membrillo, manzana, pera y otras como tejocotes, acaba de terminar y también registraban buena producción de nuez de cáscara dura, que también fue arrastrada por la corriente, dejando a salvo apenas medio costal para la venta, de hasta 50 kilos que suelen vender.

La familia perdió, igualmente, un aproximado de 500 botellas que ya habían llenado con licor, lo que representa, de entrada, pérdidas por más de medio millón de pesos sólo en mercancía, si se considera que más de 90 por ciento de las huertas frutales fueron arrasadas por la corriente, lo que dejará a los productores del municipio sin oportunidad de recuperar a corto plazo todo lo que el agua se llevó.

Con estas pérdidas, la familia Muñoz avizora que tendrán un año difícil en lo económico, ya que con lo que pudieron recuperar de licor artesanal, al que se dedican desde hace 20 años, apenas podrán subsistir si acaso los próximos cuatro meses.

Mientras no paraba de lavar los recipientes gigantes donde guardan el licor, Estela Muñoz explicaba la producción de 2 mil 800 litros es la que más o menos les representa tener bebida para venta durante todo el año y algunas veces hasta les sobra al comenzar la nueva temporada de cosecha que inicia a mediados de julio y termina los primeros días de septiembre.

“Hacemos mucho para todo el año y todavía nos queda, pero ahora se nos acabó la producción”, dijo la mujer, quien no deja de agradecer que al menos Dios los dejara con vida, mientras que las pérdidas luego se pueden recuperar, aunque desconozcan en cuánto tiempo.

Explicó que además del licor de membrillo, la familia también se dedica a hacer ate o cajeta de guayaba revuelta con perón y de membrillo, de la que fabrican arriba de 20 kilos para abastecer también su negocio.

Comentó que, de acuerdo con el proceso de producción artesanal de la bebida, para 200 kilos de membrillo utilizan un costal de azúcar y 40 litros de alcohol. “Sí invertimos mucho y aquí se nos quedó todo”, dijo al expresar que como mínimo invirtieron 50 mil pesos tan sólo en hacer el vino, ya que para la cajeta es otro monto de al menos la mitad: “para recuperarnos va a estar difícil”.

Mientras Estela dentro del local lavaba, medía y cambiaba de recipientes la bebida recién fabricada, explicaba que dentro tenían un sótano en el que guardan la producción, lugar que se llenó hasta el techo de agua, lo que provocó las severas pérdidas.

Desde los boquetes todavía sin ventanas de la expansión de su local, se observa el puente Grande semicolapsado, cuya base de unos tres o cuatro metros de ancho hecho a base de piedra y concreto, quedó en sus dos partes, removido de la parte de en medio como formando una M, lo que dejó inutilizado el puente para que crucen vehículos y el tránsito de las personas sea con extrema precaución.

Estela Muñoz mostró, además, que sobre el frente de su negocio por la salida al río, quedaron también las ruinas de una casa que hace años era una cantina. Los dueños de la finca tenían pertenencias dentro que, tras derrumbarse, perdieron.

Una segunda casa más cercana al puente también fue arrastrada y se llevó los techos y parte de la estructura.

Sobre el número de personas que se dedican a la fabricación artesanal de licor de membrillo, explicó que son varias las familias que viven de este negocio “y nos va bien; ahora lo que pasó con esto es que nuestros clientes nos han estado marcando para saber si estamos bien”, expresó.

Afuera, esposo e hijos de Estela se dedican a retirar, sin parecer en ocasiones que avanzaran lo suficiente, decenas de recipientes que quedaron llenos de lodo, así como el escalón de concreto que el agua también desprendió de su lugar, para volver, poco a poco, todo a la normalidad, aunque en la parte trasera del local, todavía queda una gruesa de capa de lodo por retirar.


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