NO APRENDEN

Ante el bochorno que envuelve a los ex diputados de la sexagésima tercera Legislatura (Lozoyacusados, les dicen), los actuales deberían poner sus barbas a remojar y al subir a tribuna especificar de dónde sacaron el texto que van a leer, para saber a quién le toca facturar.

Es un hecho que la mayoría (si no es que todos) no confeccionan sus posturas, pues se les dificulta conocer y juntar todas las letras. Los hay que ni siquiera repasan lo que reciben. Una que otra leidíta no les caería mal.

Así no pasarían pena ajena, como Imelda Mauricio. La diputada de Morena tropieza con palabras que desconoce y, de los autores que cita, se traba para pronunciar los nombres.

Entonces, maestra, 10 planas de palabras como: Cadalso, para que no diga “cadalalso” o “calalaso”; de donación, que no “donanación”. Así como practicar, de tarea, la palabra Beijing, no beyín, beyín. ¡Qué feyín!

 

LA APLICÓ

Después de la ahora secretaria de Gobierno, Gabriela Pinedo, ya saltó otra del barco de la Legislatura: Soralla Bañuelos de la Torre. En medio del deschongue que armó Ernesto González, todavía de Morena y aún desaparecido, la diputada neoaliancista abandonó la curul otra vez, seguramente para lo suyo, lo suyo, que es la Sección 34 del SNTE. Al menos eso deberían aprenderle a la aliada personajes como el titular de Salud, Oswaldo Pinedo. Vas o no vas.

Lo malo es que Bañuelos de la Torre pidió licencia, por tiempo indefinido, sin explicar si su suplente Aida Ruiz Flores le habría entrado también al negocio de la llamada Estafa Legislativa. Y si ella, como la mera, mera del Nueva Alianza, se habría enterado (o mochado). Ya ven lo que platican las lenguas de Roxana Muñoz y la súperdelegada Verónica Díaz. Dando y dando…

 

SIN FRENO

Y la guadaña de la nueva gobernanza sigue a todo lo que da. No están dejando títere con cabeza. Y al grito de “truénalos, luego verigüas”, pues de la manera menos ortodoxa les aplican la de fue un placer conocerte, al ritmo de Rocío Dúrcal.

No importa si tienen experiencia, si saben de los asuntos, ¡no!, hay que ser implacables porque hay que rellenar los espacios, aunque sea con cascajo. Tocó en suerte (es un decir) a los de la Secretaría General de Gobierno (de por sí sin pies ni cabeza) y, de un jalón, cuatro funcionarios ya son historia.

Incluido uno, que ha hecho ver a los demás que todo puede pasar y que de todo son capaces (es otro decir) los de la nueva gobernanza, ya que se trata de Arturo Nahle, Arturito para los cuates, hijo del presidente magistrado, Arturo Nahle. ¡Ups!

 

NI CUATES

Dice el poeta que “no están en lo que deben estar” y es el caso de los nuevos jefes en la nueva gobernanza, ya que llegan sin conocimiento de las áreas y del personal que ahí trabaja.

Se imaginan a un recién nombrado director que pregunta a los empleados que ya están en capilla: “¿con quién tuvo problema para que lo corrieran?” ¿Qué les pasa? Si ya sabían a dónde iban, mínimo es empaparse de con quien se hace y lo que se hace, ¿no?

Si no es concurso de simpatía, se es o no se es capaz para desempeñar un trabajo, y no porque haya chismes se remueve a la gente. Volvemos al origen de los predicamentos: ¡los perfiles!

No basta con ser “amigos” del gobernador David Monreal para ocupar un cargo. No hay que olvidar que aceptar algo de lo que no se es capaz también es corrupción. ¡Ah!, pero que ni cuates ni cuotas, ¿verdad?


Los comentarios están cerrados.