Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey consulta al Mago Comodón

 

Había una vez un reino con tan mala, pero tan mala suerte, que los enanos crecían y llovía sobre mojado. Ésta es una de tantas historias.

SEGUNDO ACTO. El Rey se revienta unas gorditas con preocupación.

ESCENA III

–Rey: Duque, pídeme otras dos de buche.

–Duque del Bosque: ¡Don Matías, otras tres de buche y dos más de chicharrón! Y dos refrescos light.

–Rey: La verdad este desayuno aldeano no me cae muy bien.

–Duque del Bosque: ¿Preferiría ir a algún restaurante de postín, milord?

–Rey: No, no me refiero a eso. Son las grandes broncas heredadas de los gobiernos de la corrupción las que no me dejan ni dormir.

–Duque del Bosque: ¡Uyyyy y eso ya es decir mucho, milord! Que usted no pueda dormir sí que es un gran problema. ¿No estará enfermito?

–Rey: ¡Déjate de sandeces, Duque! Por más que trato de arreglar el tiradero que me dejaron, nada me sale bien. La prole habla mal de mí, dicen que no la pelo.

–Duque del Bosque: No os preocupéis, milord. Ya le agendé una cita con el Mago Comodón para que lo deje como nuevo.

–Rey: ¿No será pecado ir con un brujo?

–Duque del Bosque: No, milord, el Mago Comodón no es un brujo. Es un viejo que ha vivido muchos años y tiene mucha experiencia sobre asuntos de la vida. Por sus manos han pasado emperadores, reyes y la nobleza. También atiende a la chusma y es muy querido en la aldea. Estoy seguro que le dará un buen consejo.

–Rey: Pues a desayunar rápido y vamos a verlo. Pídeme otras dos de yesca.

El Rey y el Duque del Bosque suben al carruaje real para visitar al Mago Comodón. Al llegar observan a dos guardias haciendo fila.

–Duque del Bosque: Con permiso, pero El Rey tiene cita.

–Guardia 1: ¿Ah sí? Pues a formarse porque nosotros también.

–Duque del Bosque: No seas patán, méndigo Caguamo, hay niveles y El Rey entra primero.

–Guardia 1: Mira, Pistiojos, te calmas o te surto. Aquí no eres el mamila del palacio.

–Duque del Bosque: Mira, hijo de Pavón, ahora sí te ganaste unos mamporros por baboso. Fórmale.

–Rey: A ver si se val calmando o al calabozo ambos. El guardia tiene razón, recuerda, Duque, que el pueblo sabio siempre tiene la razón, así lo dicen los mandamientos de la 4T.

–Duque del Bosque: Te espero mañana atrás de la iglesia, hijo de Gómez Urrutia.

–Guardia 1: La turca, Pistiojos.

El guardia y el Duque se siguen echando de albures y malas palabras. Dos horas después El Rey entra a la vieja cabaña del Mago Comodón.

–Mago Comodón: ¡Qué milagro, milord, bienvenido! Ahora sí madrugó, apenas es la una de la tarde. Juar, juar, juar.

–Rey: Sigue de mamón y te vas un mes al calabozo maguito de carpa. Lo que me trae son asuntos muy importantes.

–Mago Comodón: No se caliente, milord, es una broma estudiantil para ir rompiendo el hielo. ¿A qué se debe su visita? ¿Ya se le acabó la poción anti estrés? ¿Algún coraje que le desparramó la bilis? ¿Tiene chueca la espalda?

–Rey: Nada de eso, Comodón. La verdad es que ando muy preocupado por tantas broncas que me heredaron los…

–Mago Comodón: Sí, sí, sí, los corruptos, transas y bla, bla, bla. A mí no me eche esos choros que ya me los aprendí de memoria. Tampoco me hable de la burocracia acostumbrada nada más a cobrar y a no trabajar. Esos rollos ya están muy quemados. Vayamos al grano.

–Rey: Comodón, requiero de tu sabio consejo. Los problemas me traen muy agobiado, la prole me trae entre ceja y ceja y me abuchean porque nada más no he podido cumplir mis compromisos. La oposición es la más méndiga porque me tira hasta con el molcajete. El Emperador no me manda ni policías ni lana y, la meritita verdad, ando muy preocupado.

–Duque del Bosque: Y no nos ha pagado nuestros bonos, ganados con el sudor de nuestra frente.

–Rey: ¿Y a ti, quién te mete?

–Duque del Bosque: Digo, nomás para que acá el Mago Chen–Kai sepa lo fregados que andamos.

–Mago Comodón: Sí, Pistiojos, tú cállate. No quiero sacar tu negra historia para que todos sepan lo transa que eres. Milord, le voy a contar una historia.

–Rey: Espero que no sea muy larga porque tengo asuntos de estado que atender.

–Mago Comodón: Si no me vas a escuchar, pues llégale y no vengas luego chillando.

–Rey: Te escucho, pues.

–Mago Comodón: Hace muchos, pero muchos años, había un viejo granjero al que todo le salía mal. Sembraba maíz y levantaba puro jalapeño. Las tres vacas que tenía no daban leche, daban lástima de tan flacas que estaban. Su mujer había fallecido y sus hijos se habían ido de braceros al otro lado y no tenía quién lo ayudara. El hombre estaba más salado que un chamoy. Entonces, una noche fría, tocaron a su casa unos forasteros. Eran tres hombres mal encarados que le solicitaron de comer y beber. “Venimos de muy lejos y tenemos mucha hambre, así que sírvenos de comer”. El pobre hombre sacó lo poco que tenía y se los sirvió y les llenó los vasos del mejor aguardiente que tenía. Cuando saciaron sus apetitos uno de ellos le preguntó: “¿Vives tú solo? Porque la comida estuvo bien chafita, le faltó sazón mi estimado”. El hombre les contó su triste historia. Los visitantes callaron y comenzaron a chillar al escucharlo. Y entonces… ¡sucedió el milagro! (Continuará).


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