Gabriela Bernal Torres
Gabriela Bernal Torres

La Real Caja de Zacatecas

 

Es bien sabido que tanto propios y extraños reconocemos que el centro histórico de nuestra ciudad es un ejemplo de la arquitectura novohispana que tanto gusta y que nos posiciona como un destino turístico importante en todo México. Sin embargo, en ocasiones se pierde de vista que, en las calles de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas, conviven maravillosamente fachadas de distintos estilos, así como de diversas temporalidades. Edificaciones de los siglos XVIII, XIX y XX engalanan las principales avenidas y aún así, en el discurso turístico seguimos diciendo que nuestra ciudad es “colonial”. La verdad es que, si exceptuamos los templos, son contadas las construcciones exclusivamente novohispanas. De la arquitectura civil virreinal podríamos contar solamente algunos: el Palacio de Manuel de Rétegui, de estilo neoclásico, que actualmente es sede del Palacio de Justicia -también conocido como Palacio de la Mala Noche-, el Palacio de Gobierno, antigua casa habitación del maestre de campo Vicente Zaldívar y que actualmente alberga la Crónica del Estado y los restos de lo que alguna vez fue la casa del conquistador hoy sede de la UNESCO, de la que prácticamente ya no queda nada de su apariencia original. De ahí en más, en nuestras avenidas observamos elegantes fachadas decimonónicas combinadas con destellos de la moda arquitectónica de principios del siglo XX y posteriores.

Evidentemente no siempre fue así, el paisaje urbano ha cambiado con el pasar de los años. Algunas fachadas virreinales se han perdido para siempre, como fue el caso de San Agustín; de otras edificaciones sólo nos quedan las crónicas, la historia y con suerte, algunas fotografías. En este sentido, aprovechando la reciente conmemoración del inicio de la Revolución Mexicana, me gustaría hacer recuerdo de uno de los ejemplos de arquitectura civil novohispana más bellos de México: La Real Caja, un edificio que murió revolucionariamente un 23 de junio de 1914.

Este bello edificio era sede de la Caja Real, una institución a través de la cual la Real Hacienda española tenía presencia en centros administrativos importantes, ciudades mineras y puertos. Las Cajas Reales administraban los intereses de la Corona en sus colonias de ultramar: recababan impuestos y tributos, convirtiéndose en garantes de que al rey le llegara la parte de la riqueza que según él le correspondía. La primera Caja Real que hubo en territorio novohispano se situó naturalmente en la Ciudad de México; posteriormente llegó la del puerto de Veracruz por ser el principal ingreso de mercancía española y europea al territorio de Nueva España; luego vinieron las de Mérida y Guadalajara, hasta que después del descubrimiento de las vetas de plata y gracias a la riqueza que se intuyó en ellas, en 1552 se creó la de Zacatecas. A partir de este momento, la Muy Noble y Leal ciudad tuvo la preeminencia de contar con una Real Caja en donde se registraron todos los movimientos relacionados con la minería, la recaudación impuestos a pobladores e instituciones, así como todas las cédulas, ordenanzas o mandatos de la administración fiscal colonial. En resumen, era una institución importante de la administración virreinal que debía ser arquitectónicamente igual de imponente.

Según datos aportados por Elías Amador, el edificio que reseñamos en estas líneas se construyó en 1765. Artísticamente fue relevante porque en palabras del historiador del arte Francisco de la Maza, el desaparecido Palacio de la Real Caja fue ejemplo del novedoso uso del estípite, lo que lo convirtió en el mejor edificio de su clase en todo el norte del país, ya que no hubo otro similar que usara este recurso arquitectónico. Únicamente podemos encontrar estípites en la fachada lateral de San Agustín y para mayor claridad, un estípite es esa columna con forma de pirámide invertida que, en el gusto ornamental, a veces adquiere formas tan caprichosas como las que existieron en la soberbia fachada de la Caja Real, donde el arquitecto que proyecto tal proeza se dio gusto con las ondulantes formas mixtilíneas del barroco. Una fachada única que actualmente sólo podemos admirar en litografías y fotografías, afortunadamente. Cabe mencionar, que se intentó la reproducción de esta fachada en la sede del Congreso Local, en ese ánimo por neobarroquizar nuestra ciudad, por mantenerla colonial, pero como vimos en este ejemplo, muchas veces se olvida que la presencia o desaparición de los elementos arquitectónicos también habla del tiempo y de los acontecimientos.

 


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