Alberto Chiu
Alberto Chiu

Supuestamente amorosos

 

A mediados de la semana que terminó, Zacatecas recibió la visita del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y de varios de los secretarios de estado que, desde la federación, supuestamente se encargan de atender los asuntos de la administración para resolver los problemas y dar continuidad a los programas que deberían llevar a nuestro país a mejores estadios de desarrollo. O bueno, al menos supuestamente.

Hay que decir que esta visita no estuvo excluida de lo que también ya hemos visto en otros viajes del primer mandatario del país: mientras por un lado hay manifestaciones de alegría y beneplácito por recibirlo, al mismo tiempo también se dan muchas y muy diversas manifestaciones de dolor, de exigencia, de reclamo por asuntos como la rampante inseguridad que nos azota, o por la falta de medicamentos oncológicos, o como aquí particularmente, exigencias de pago de pensiones y de sueldos devengados.

El resultado de la visita, como sea, también fue interpretado desde dos distintos puntos de vista: tanto el que señalaba que el presidente en realidad no nos dio ninguna buena noticia espectacular, como el que apuntaba que vino a renovar la esperanza y el amor que siente por nuestra entidad. ¿Cómo conciliar dos visiones diametralmente distintas, sin caer en absolutismos? ¿Cómo interpretar los mensajes que nos dejó, sin sentir que estamos emitiendo opiniones sesgadas? Creo que simplemente hay que atenernos a los hechos consumados, y quizás no perder la esperanza de que cumpla todo aquello que -una vez más- prometió.

Tal vez uno de los primeros compromisos sobre los que muchos empezaron a opinar, es el adquirido sobre la inseguridad: desde primeras horas del jueves pasado comenzaron a llegar a instalarse en el estado cientos de nuevos elementos del Ejército y la Guardia Nacional, con el objetivo de reforzar la estrategia de seguridad en nuestra entidad -si es que hay alguna- .

Pero muy a pesar nuestro, aun con la llegada de esos cientos de elementos de las Fuerzas Federales, la verdad es que, en los hechos, en la realidad constatada, la violencia sigue imparable en el estado de Zacatecas; con todo y dicho reforzamiento, se siguen suscitando desde ejecuciones grotescas en todos lados, hasta enfrentamientos ya sea entre los cárteles del crimen organizado, o contra las corporaciones locales y estatales. Y como se puede observar en las evidencias de estos crímenes, el nivel de violencia parece ir en aumento, y la saña con que se cometen no parece tener ya parangón.

Es obvio que el cambio de mando en la Secretaría de Seguridad Pública estatal no era una fórmula mágica para acabar con la violencia; es evidente que la llegada de las nuevas fuerzas federales tampoco parece suficiente para pararlos. Pero también debemos ver que las corporaciones locales y estatales están sumamente diezmadas; que por muchos elementos federales que hayan arribado, es prácticamente imposible que estén en todos lados, todo el tiempo; y es lamentable que por más esfuerzos que se presuman, la realidad sigue mostrándonos su peor cara ensangrentada.

Pero mientras el gobierno estatal no se decida a hacer frente a la delincuencia y a sus métodos violentos con todo el peso y la facultad que le corresponde, y en cambio confía en que las buenas intenciones y una actitud pasiva tendrán mejores efectos, haciendo caso de la política de “abrazos y no balazos”, creo que no podemos esperar que la situación cambie pronto… y quizás ni siquiera cambie en mucho tiempo. De ahí que las manifestaciones de reclamo al mandatario federal, y por ende, al ejecutivo estatal, sigan haciendo eco en cada vez más ciudadanos.

Mucho se presume que el presidente mantiene altísimos niveles de aceptación; no se presume nada, en cambio, la muy magra evaluación que recibe el mandatario estatal. Pero ni una ni otra opiniones logran cambiar la llamada “estrategia” que pretenden defender a favor de la no violencia y en contra del uso de la fuerza.

Lo único que podemos esperar los ciudadanos, es que para cuando se decidan nuestras autoridades a actuar con mayor decisión y fuerza contra los violentos que rompen la paz social, no sea demasiado tarde, porque mientras lo reflexionan o se mantienen inamovibles, la cifra de tragedias en nuestra sociedad sigue creciendo.


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