Rafael Calzada Vázquez
Rafael Calzada Vázquez

Caminos cruzados

 

LUIS DONALDO COLOSIO MURRIETA, un líder priísta del viejo cuño, (por más que lo hayan querido disfrazar de RENO, corriente renovadora y democrática del PRI, en que se incluían la gente estudiada y que quería cumplir a plenitud la justicia social e iniciar a cumplir la democracia del lema de ese añejo partido) candidato y encaminado a ser presidente de la República si no se les hubiera atravesado a un grupo de intereses económicos y políticos que lo condenaron a muerte. (Al menos en la versión popular)

MARIO ABURTO MARTÍNEZ, un obrero michoacano conocido por haber sido condenado por el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la Presidencia de la República Mexicana, al terminar éste un acto político el 23 de marzo de 1994, en el barrio de Lomas Taurinas en Tijuana.

El contexto fue un clima de desasosiego político, una turbulencia económica y el conflicto por la renovación del poder público en un ambiente enrarecido por la presunta inconformidad de personas, grupos y sectores, afectados por las políticas salinistas para bien y para mal.

Al hacerse pública la noticia de la candidatura oficial del PRI, a favor de Colosio, Manuel Camacho y su grupo, que se percibía mayoritario, quedó insatisfecho con la noticia y éste renunció al gabinete de Salinas de Gortari. Parecía que se preparaba un cisma. Era muy posible que apareciera como candidato de la oposición, arropado muy probablemente por el Cuauhtemismo y hasta por el PAN.

El primero de enero de aquel año fatídico, se alzó el movimiento zapatista. Un movimiento político que, por la vía de las armas, se manifestó en contra del neoliberalismo (eso dijeron) y en contra de la política en general del país. De suerte que el Salinismo ante el fuerte embate del Camachismo y todo el respaldo, que era basto empezando por la mayoría de los periodistas de la fuente política en los medios nacionales, inició con la preparación de una candidatura alterna, con éste a la cabeza, en caso de ser posible de bajar de la contienda a Donaldo.

Existen versiones bastante verosímiles y por tanto creíbles, de que un grupo de empresarios políticos, encabezados por Claudio X. González, veían con desconfianza el rumbo que tomaba el PRI, y estaban buscando con urgencia una alternativa para esa vía que había tomado la sucesión y que le exigían al presidente que “bajara del macho” al personaje más salinista de todos: su hijo putativo, Donaldo, a lo que Salinas se negaba en principio.

Donaldo, aunque era un jóven que había aprovechado las becas que las instituciones privadas dan a los jóvenes sobresalientes a fin de presumir los altos estandares de rendimiento escolar, había absorvido el esquema producto de sus estudios en el Tec, de adelgazar el estado, enajenando a particulares la planta productiva y las empresas estratégicas del estado, buscando una mayor participación ciudadana en los asuntos públicos, como pagar impuestos y hacerse más responsables para hacer crecer el producto interno bruto, mejorar la balanza comercial, con la inflación contenida a base de no aumentar el salario, y otras medidas identificadas con el movimiento económico impulsado por la dama de hierro en Inglaterra y Reagan en Estados Unidos.  Ello decía se traducirá necesariamente en incrementar el nivel de vida de la gente.

A Mario Aburto, lo torturaron para que aceptara su única responsabilidad en el magnicidio y con eso se cerró la investigación, que apuntaba a las cúpulas políticas y empresariales, iniciando por el presidente que, si no ordenó su asesinato, necesariamente tuvo que tener conocimiento previo a los acontecimientos.

Entonces ¿cuáles fueron los caminos que se cruzaron? ¿Quién fue?


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