STAFF/NTRZACATECAS.COM
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La acústica del domo de lámina facilita que el choque de la roseta de un bastón blanco le permita saber a Valentina, una niña ciega que cursa el tercer año de primaria, que está caminando en uno de los dos patios de su escuela.

Su desplazamiento sobre la plancha de concreto refleja que tiene un perfecto sentido de orientación. Pareciera que conoce como la palma de su mano el suelo que pisa, ya que el sonido del bastón que le abre camino le hace ubicar la línea de hendidura que divide en cuadros el patio de cemento o la zona donde están pintadas las figuras de colores.

Valentina nació con ceguera y, desde entonces, su familia ha pugnado porque ella reciba estimulación sensorial, física e intelectual, misma que no sólo le han permitido adaptarse y sobresalir académicamente en un grupo escolar de educación regular, sino, también, aprender deportes y realizar actividades artísticas.

Ella es una de las 18 mil 853 alumnas y alumnos que tienen alguna discapacidad y que son atendidas de acuerdo con la política de inclusión educativa que ha emprendido el gobierno estatal.

 

Por el sendero de la educación

Desde su nacimiento, dos ángeles han acompañado a esta pequeña de ocho años. Se trata de Brenda del Rosario y Carlos, su mamá y su papá, quienes, luego de vivir un calvario entre hospitales y médicos, asumieron que su hija no podría ver, ya que padece microftalmia bilateral y catarata congénita severa.

“En un hospital de pediatría de la Ciudad de México, un médico nos dijo que ya no gastáramos dinero en buscar algo que no podría ser, que nuestra hija no iba a ver, que mejor nos dedicáramos a darle buena salud”, refirió la mamá de “Vale”.

La educación de esta pequeña inició a los seis meses de edad, cuando su mamá y su papá buscaron su estimulación en distintas instituciones públicas y no gubernamentales dedicadas a la rehabilitación temprana.

A los tres años de edad, Valentina ya tenía autonomía, control de esfínter acorde a su edad y las ganas de aprender y formarse en una escuela.

Tenía cinco años y cursaba el tercer grado de preescolar en el Centro de Atención Infantil (CAI) número 4 cuando realizó una pintura inspirada en el finado Manuel Felguérez, pionero del arte abstracto, misma que fue presentada en una exposición en el Centro Cultural Ciudadela del Arte, en la capital de Zacatecas, a la que asistió este artista zacatecano.

 

Apoyo casa

El 13 de diciembre de 2019, unos meses antes de que iniciara la pandemia por COVID-19, Valentina tuvo su primer recital de piano en la Ciudadela del Arte, en la que interpretó la melodía “Tambores Indios”.

Ese día, los aplausos se multiplicaron en el recinto cuando a los presentes se les informó que la niña intérprete era invidente.

Sin duda, detrás de esos logros está el esfuerzo de Brenda y Carlos, una pareja que, como pocas, ha aprendido a hacer equipo para estimular y hacer que su hija tenga una vida ordinaria, como la de cualquier niña de su edad.

“A los tres años, mi Vale aprendió ballet en una academia e incluso realizó una presentación en un teatro”, relató orgulloso su papá, quien colecciona en la galería de su teléfono celular videos y fotografías de su hija.

También a su edad, Valentina ya sabe nadar, dibujar, pintar, usar una computadora, cantar, bailar, andar en bicicleta y tiene una vida ordinaria, como cualquier niña de su generación.

 

Sobresale académicamente

Esta semana, en la materia de Ciencias, Valentina aprendió que hay tres estados del agua: líquido, sólido y gaseoso.

Como tarea por esta actividad escolar llevó al salón de clases una gelatina de fresa, la que su mamá le ayudó a preparar.

“Primero sentí el agua líquida, luego sentí el vapor cuando estaba en la lumbre y, al final, ya cuando estaba la gelatina en estado sólido y me la revisó la miss, me la comí”, relató esta niña, para luego soltar una risa.

Valentina es una niña sobresaliente académicamente. Los resultados de su más reciente evaluación bimestral muestran 9 y 10 en su boleta en las distintas materias, incluso sobresale por encima de los 15 compañeros con quien estudia en el Instituto Marakenko, en Guadalupe.

La regleta y el punzón, así como sus libros de texto gratuitos para braille, son tres herramientas básicas que le permiten, por ejemplo, desarrollar sumas, restas, multiplicaciones y divisiones.

Sin embargo, a ella le gustan más el español y la educación física, esta última porque en esta materia hace equipo con su amiga Lía Michelle, con quien mantiene una buena relación desde que entró al primer año de primaria.

 

Sueña ser pianista

Con su cubrebocas, unos lentes que resaltan sus prótesis oculares y una careta, Valentina camina de regreso a su salón de clases, porque en la materia de Ciencias van a explicar sobre los cambios de la temperatura y sus efectos en un hábitat y en el ambiente.

Con su mano izquierda sostiene el bastón blanco y con la derecha, va tocando un teclado musical imaginario. A nadie se lo ha dicho, pero le tiene preparada a su familia una sorpresa: en la cena del 24 de diciembre les va a interpretar con su teclado la canción “Los pastores a Belén”, una melodía que ha aprendido con escucharla.

En el Día de las Personas con Discapacidad, en su camino al salón de clases, Valentina avanza en los pasos a cumplir su sueño de ser una talentosa pianista de profesión, su máximo anhelo.

Fotos Cortesía


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