Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

Ciudadanía: participación o apatía, y las consecuencias (II)

 

Finalicé la anterior colaboración afirmando que “Necesitamos gobiernos con gobernantes que den la cara, que estén preparados, que respondan preguntas, que transparenten decisiones, que rompan esquemas anquilosados, que evolucionen y adopten la participación como mecanismo de toma de decisiones en las áreas que así se puede; no necesitamos gente que siga viviendo del erario cual sangujuela se alimenta de sangre. Tenemos que vencer la apatía que nos genera ‘la política’ y tratar de apoyar o incidir en expresiones sociales que busquen cambios reales. Necesitamos hacernos de un espacio. Necesitamos participación ciudadana.”

A lo anterior, abundo en algo: esos “gobiernos con gobernantes que den la cara” no se dan por sí solos. No, no caen del cielo ni es por generación espontánea. No crea Usted que todos los funcionarios o políticos ven con buenos ojos que nosotros, los ciudadanos, hablemos, nos interesemos por los temas públicos y exijamos un espacio para que las voces se escuchen.

Desafortunadamente, muchos gobernantes solamente responden a la presión que ejerce la ciudadanía para que dé cuentas sobre determinados asuntos. Ejemplos hay muchos: cuando se presentan situaciones de inseguridad o desafortunadamente hay episodios en los que pierde la vida alguna persona, y eso genera indignación generalizada; cuando hay ausencia de apoyos económicos a determinados sectores sociales o productivos; cuando autoridades gubernamentales abusan evidentemente de su posición y agreden de física o “políticamente” a una expresión social, política o económica, en lo individual o en lo colectivo, y otros tantos más.

La clave para ejercer presión es la capacidad de organización, la entrega/sacrificio que hacen los ciudadanos por volcarse hacia un tema colectivo (con su dosis de interés individual) y la afinidad genuina de cambiar algo que se pueda considerar caduco, mal establecido, nocivo, viciado o, en general, algo perjudicial para la sociedad, independientemente de que estemos o no de acuerdo con la posición sobre ese tema (piense Usted en los colectivos pro vida / pro aborto; agrupaciones en contra / a favor de la legalización de sustancias estupefacientes, entre otros muchísimos tópicos), y sin embargo, decidimos salir de la comodidad de la casa para atender una causa.

Esas capacidad de organización, entrega y afinidad, pueden llevarlo a Usted a experimentar la posibilidad de incidir positivamente en su entorno, pero -por supuesto- nada es gratis y ciertamente le esperan episodios de encuentros/desencuentros en los que, al final del día, se tendrá que decantar en seguir con su júbilo social o bien, regresar a casa, a sus labores ordinarias, enajenado de lo que pasa allá afuera y, en una de esas, sintiéndose parte de una “borregada” que depende de “pastores” bastante malitos. La decisión es nuestra.

Por lo pronto, déjeme comentarle que la perspectiva de participación y las modalidades de ésta son innumerables; en consecuencia, existen muchísimas aristas a las que Usted se puede acercar que van más allá de los espacios tradicionales en el rubro electoral (elecciones, plebiscitos, referéndum) y que tienen que ver con un entorno inmediato: reuniones vecinales; comités temáticos vecinales (agua potable, alumbrado, seguridad pública, recolección de residuos); asociaciones de padres de familia (oficiales, con vinculación escolar o independientes, impulsando -por ejemplo- círculos de estudio entre los hijos); asociaciones de deportistas; colectivos, colegios de profesionistas y muchísimas más. Bueno, hasta ser parte de un grupo de rock y/o tocar música de corte social lo puede hacer parte de un cuadro de participación. Así de amplio el tema.

Por otro lado, no deje de considerar lo siguiente: la denuncia ciudadana es un mecanismo básico de participación. Ahora vemos que en redes sociales se desbordan señalamientos de malos manejos, atenciones o servicios que ofrecen los entes públicos, o bien, se hacen comentarios negativos sobre políticos o servidores públicos. Pero nos olvidamos que una denuncia en una red social duerme el sueño de los justos porque en un tiempo determinado dejó de ser interesante (perdió su “viralidad”) y otro tema nuevo lo suple con tranquilidad; en este ejemplo, lo que debe motivarnos es llevar la denuncia en redes a su presentación formal en instancias públicas, en medios de comunicación, y acreditar o documentar, a darle seguimiento, informarnos; conocer los mecanismos de acceso a la información y otros para que nuestros temas, los de nuestro interés, de los que nos quejamos en espacios digitales, se lleven a la formalidad que exige el mundo burocrático en México y, mediante papelito, hagamos valer la importancia de lo cívico.

Si no hacemos uso de estos espacios (canales oficiales o los que forzan los propios grupos sociales), si no nos corresponsabilizamos, vamos a seguir lamentando lo que siempre comentamos en reuniones: “políticos nefastos, huevones, ignorantes, insensatos, rateros, ojetes”; o bien, “pinche gobierno, mugre burocracia, todo está mal”. La consecuencia de criticar y no hacer algo al respecto es simple: los que están en el poder harán lo que les dé su gana, como puedan, con lo que quiera, cuando quieran. Y si es que quieren.


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