Ana Lilia González Moncada
Ana Lilia González Moncada

La inmediatez del mundo digital

 

La creciente cultura digital impone a la sociedad nuevos retos que van más allá de la infraestructura tecnológica, del uso masivo de artefactos conectados a la red, la creación de espacios de acceso público y, ante todo, del consumo de grandes volúmenes de información en cuestión de unos segundos.

La pregunta del “cómo” –la tecnología en sí misma-, se resuelve día con día, pues la principal característica de la vida contemporánea es la innovación sin final, ahora el centro de la atención debe ser el “para qué” –propósito-, transitar de una sociedad de la información a una sociedad del conocimiento.

Algunos especialistas coinciden en señalar que la exposición excesiva a las pantallas ha limitado considerablemente la capacidad de raciocinio de las personas y que paulatinamente se ha ido apoderando del cerebro. Entre ellos el pensador italiano Franco Berardi en una entrevista que concedió y que fue publicada en el diario El País. (Massot, 2019)

Como parte de sus análisis afirma que esta inmediatez y velocidad con la que los contenidos se difunden principalmente a través las redes sociales digitales, provocan un comportamiento en los individuos que está determinado por los estímulos de todo tipo que reciben sin el tiempo necesario para reflexionar.

Si antes nos sentíamos abrumados por no encontrar información que necesitábamos para determinados propósitos, hoy la dificultad radica en la sobresaturación de contenidos, volúmenes inconmensurables de información circulando en la red, mismos que es difícil valorar como confiables o ciertos.

Ante esta actitud irreflexiva, se incurre en el riesgo de creer y compartir bulos y noticias falsas que no solamente concluyen en un engaño, sino que pueden dañar reputaciones, afectar instituciones, tener repercusiones económicas graves y, en lamentables casos, terminar con la vida de personas tras ser calumniadas y humilladas en las redes sociales digitales a partir de información imaginaria que circuló a una velocidad impresionante.

Esta apropiación aparente de la conciencia de las personas por parte de los artefactos digitales, según la visión de los especialistas, le ha conferido a nuestra vida esta característica de efímera, líquida, haciendo honor a Zygmunt Bauman, quien configuró este concepto para definir los vínculos humanos, así como el amor, la cultura, la educación, la vigilancia y todos los aspectos relevantes de la humanidad en la era de la tecnología, en los tiempos de la supremacía y omnipresencia de las aplicaciones, hoy todo pareciera ser pasajero, temporal y la inmediatez nos consume.

Hace unos días conversaba con un amigo a quien no veo desde hace años, me decía que es lamentable cómo hemos sustituido la calidez de un abrazo de corazón a corazón, con un emoji que lo representa enviado a través de un mensajero instantáneo o de las redes sociales.

Refería la importancia de ver a las personas a los ojos, escuchar su voz, sentir esa cercanía física. Protestaba contra los medios digitales porque “nos han robado la magia de la presencia” y le asiste la razón.

Me decía: esto ya ocurría antes de la pandemia, hoy se profundiza ante el temor de un contagio; sin embargo, ya veníamos sustituyendo ese contacto personal, esas conversaciones, esos momentos de convivencia, con mensajes de audio y -lo digo con cierta nostalgia- estas reflexiones las compartíamos utilizando un mensajero, eso sí, sustituyendo el texto con audios.

Concluíamos: ¿Qué tanto podemos expresar de verdad a través de un mensaje de texto, de una imagen que seleccionamos en google para enviar? Aunado a lo que ya se refirió de las notas falsas y el descontrol que esto produce.

En ocasiones, los mensajes de buenos días o saludos que se intercambian parecen tan mecánicos, toda vez que incluso hasta para ello se utiliza el texto predictivo, que, dicho sea de paso, suele cometer grandes equivocaciones, pero no siempre el usuario se detiene a revisar con detenimiento lo que envió, porque lo importante es responder de inmediato, sin detenerse a pensar en el impacto de ese envío en el otro.

Hoy preferimos la conectividad a la presencia, la inmediatez sobre la calidad de la comunicación, produce más ansiedad y tristeza quedarse sin Internet que dejar de ver por semanas o meses a las personas importantes de nuestra vida.


Nuestros lectores comentan

  1. Oswaldo González Moncada

    Excelente reflexión sobre lo que está pasando en la actualidad con las redes sociales y como se han vuelto una nueva forma de comunicar emociones algo que es un tanto preocupante y nostálgico ala vez. Gracias por dejarnos ser parte de tus análisis pero sobre todo de ser la voz pública de muchos que compartimos el mismo sentir. Me encantó en lo personal esta nueva entrega muchas felicidades.!!

  2. artículo que da una radiografía de la realidad, esto sigue y seguirá ya que cada vez somos más impersonales.

  3. En el pecado llevaremos la penitencia …
    Cómo bien lo expresa Franco Berardi en una entrevista que concedió y que fue publicada en el diario El País. (Massot, 2019) no es lo mismo saber que Cristóbal Colon descubrió américa en 1492 .. a consultar esa misma información que al final el usuario la deshecha el conocer el dato no implica conocer el dato y esto dista mucho uno del otro, de igual manera la emoción de tomar la mano de la niña que te gusta en el cine y todo lo que conlleva sudor temblor taquicardias…en fin empañadas totalmente estás emociones por un Helado y frío «emoticón» .. sin embargo es la transición no natural pero si hacía las tics ..