STAFF/NTRZACATECAS.COM
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VILLA HIDALGO. Jóvenes de La Ballena, 50 estudiantes del Telebachillerato Comunitario suman esfuerzos por regenerar el tejido social.

Por usos y costumbres, en esta localidad, enclavada en la antesala de la Sierra de Pinos, los embarazos a temprana edad, la migración hacia los Estados Unidos y, recientemente, la incorporación a las filas de la delincuencia organizada eran una opción de vida de los adolescentes al salir de la telesecundaria del lugar. 

Sin embargo, hoy en esta escuela, además de formar estudiantes para que continúen sus estudios en la universidad, los ha iniciado en una actividad laboral, pues les enseñan a elaborar y vender piñatas, tamales y champurrado, lo que les permite tener un nuevo panorama de vida. 

 

Piñatas para formar jóvenes 

Dulce Rubí es una adolescente originaria de Cerro Prieto, una comunidad ubicada a 5 kilómetros al sur de La Ballena. Todas las mañanas, 20 minutos antes de las 8:00 horas, al pie de carretera, espera a un profesor o al tortillero para que le den raite y la trasladen a estudiar en este Telebachillerato. 

El 14 de diciembre cumple los 16 años y ya tiene su deseo listo. Antes de soplar la vela de su pastel, pedirá el poder terminar de forma satisfactoria el bachillerato, pues quiere formarse como abogada para ayudar en su defensa legal a mujeres violentadas por sus esposos. 

Ella es una de los 21 estudiantes que cursan el tercer semestre. En la materia Desarrollo Comunitario, todo el grupo ha aprendido a hacer piñatas de cartón como una actividad formativa que, además, les permite aprender a tener ingresos económicos propios. 

Por organización del grupo, hay áreas de diseño, armado y vestimenta para elaboración de las piñatas. En su localidad instalaron un centro de acopio y los pobladores donan libretas usadas o libros de texto gratuito, que se usan para el forrado de los diseños de cartón. 

El papá de un alumno prestó dos cuartos y éstos fueron habilitados como taller; además, como punto de venta. En su interior, cuelgan piñatas de un aguacate, de personajes de caricaturas, de cajetillas de cigarros, de figuras navideñas, etcétera; cualquier diseño lo hacen los estudiantes. 

Por encargo, ya han vendido más de 100 en el último par de meses, a 60 pesos cada una; también, venden piñatas de forma individual, cuyos precios van de los 80 hasta 300 pesos, según el diseño. 

“La escuela nos ha ayudado, pues mis compañeras y yo ya hemos hablado de estudiar la universidad; nadie de los muchachos se involucra en las cuestiones de inseguridad. Todos, como grupo, pugnamos por ser un orgullo de nuestras familias”, comenta Dulce Rubí y se sonroja a causa de las risas de sus amigas que escuchan la plática.

 

Champurrado y tamales

Silvia, Belén y Sandra son las tres maestras que están al frente de esta institución de nivel medio superior. Imparten las asignaturas de Matemáticas, Ciencias Experimentales, Historia y Comunicación, así como Desarrollo Comunitario; además, han trazado una ruta que permita a los jóvenes formarse también en actividades laborales. 

En el quinto semestre, 19 estudiantes han aprendido la elaboración de tamales y champurrado que les permite venderlo en la comunidad. 

El champurrado lo elaboran con maíz natural de La Ballena, que se obtiene a través de desgranar una mazorca, cocerlo con cal y luego molerlo en metate o en un molino manual. Luego mezclan con piloncillo, chocolate y canela. 

El proceso de elaboración lo explica Paola, una jovencita de 17 años que aspira a ser contadora o profesora, aún no lo decide. “Lo vendemos afuera del Centro de Salud desde las 7 y media de la mañana. Ya la gente nos conoce y nos compra un vaso, que damos en 10 pesos, o un litro que vale 20 pesos”.

Los estudiantes, gracias al Telebachillerato Comunitario, estarán preparados para ir a otros lugares, a fin de lograr su formación universitaria y alcanzar sus sueños.

 


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