Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey nomás no ve una

 

Había una vez un reino con tan mala, pero tan mala suerte, que los enanos crecían y llovía sobre mojado. Ésta es una de tantas historias.

PRIMER ACTO. El Rey se prepara para degustar la deliciosa Rosca.

ESCENA II

―Duque del Bosque: Y ya sabe, milord, si le toca el niñito tiene que pagar los tamales.

―Rey: Si me sale mono, te madreo y tú pagas la comedera. ¡Metiche!

―Duque del Bosque: No se enoje, milord, esa es la tradición. Además, debe de recordar que si le sale el niñito es para usted como una bendición, es como si el Señor lo mirara y le enviara todo su apoyo.

―Rey: Pues hasta ahora no he visto claro. No hemos podido terminar con tanta delincuencia heredada de los gobiernos anteriores. Ya hasta se ríen de mí en todo el rancho y aldeas circunvecinas. ¡Soy el hazmerreír de todo el reino!

―Duque del Bosque: Nomás dígame quién se atreve a burlarse de usted y le mando a los guardias a que les den un estate quieto. ¡Bellacos!

―Rey: Ni lo menciones. Aparte de inútil me van a decir represor. Eso ni mencionarlo.

Entra uno de los guardias.

―Guardia 1: Milord.

―Rey: Qué se ofrece.

―Guardia 1: Solo para informarle que a las afueras del palacio, dejaron una carreta con varios cadáveres.

―Rey: ¿Quéeeeeeeee? Repítelo.

―Guardia 1: Para informarle que a las afueras del palacio dejaron una carreta…

―Rey: ¡Calla, insensato¡ Rápido, manden llamar al fiscal, a todos los guardias, a los lanceros.

―Guardia 1: ¿Y para qué?

―Rey: ¡Cómo que para qué, inútil! Pues para que vean de quién se trata, de que murieron.

―Guardia 1: A ver, mí estimado, jamás hablé de personas. Solo dije que había varios cadáveres. Pero como usted no entiende el vocabulario del pueblo sabio, es normal que piense mal.

―Rey: ¡Explícate, chingao!

―Guardia 1: Pos que en la carreta hay varios cadáveres de caguamas. O sea, botellas vacías de alguien o algunos que se pusieron hasta las chanclas. Y lo que más calienta es que no dejaron ninguna llena. Esas sí son chingaderas y debe de investigarse para saber quién jijos anda de mamila nomás sacando antojos.

―Rey: ¡Guardiasssssss!

―Guardia 2: S´ órdenes, milord.

―Rey: ¡Llévate a este hijo de la Sheinbaum y mételo al calabozo durante un mes a pan y agua por mamón! Pinche susto hijo de toda tu…

―Duque del Bosque: ¡Serénese, majestad, no le vaya a dar un ataque!

―Rey: Es que ya me tienen escamado en el rancho con tanto tirado por todos lados. Y llega este méndigo con sus tonterías. Tráeme un poco de la poción de Comodón para calmarme.

Mientras El Rey trata de calmarse, los guardias están a risa y risa.

―Guardia 3: Juar, juar, juar, méndigo Camello, mira que decirle al Rey en su jeta que había cadáveres afuera del palacio.

―Guardia 1: Pues me gané la apuesta. Y además quedamos en que nadie se iría al calabozo. Si llega el metiche del lamebotas le dicen que estoy entambado.

―Guardia 2: Oye, Cambujo, ¿y si vas a invitar las guamas para ver el Super Bowl?

―Guardia 1: Ése fue el acuerdo ¿qué no? Además, me quedé con el cambio de la rosca que me mandó a comprar el patrón. Le dije a Don Hilario el panadero que le rosca era para El Rey y que la quería como a él le gusta.

―Guardia 2: ¿Y cómo le gusta?

―Guardia 1: Pos gratis.

Los guardias ríen a todo lo que da. Se sienten felices de tener trabajo y de botanearse del monarca.

―Rey: Bueno, ya más tranquilo después de las babosadas del guardia quiero que se me informe en el acto cómo va nuestro plan de contención del virus que tanta lata le ha dado al imperio y al mundanal mundo.

―Duque del Bosque: Pues el Ministro de Salud salió a una reunión de emergencia a las playas de CanCun. Parece que allá le van a dar instrucciones de qué nos toca para frenar el aumento de los casos de infección.

―Rey: Lo que deberían darnos es lana. Con lana baila el chucho, pero no, todo se les va en recomendaciones.

―Duque del Bosque: Deberíamos pedirle consejo al Mago Comodón. Recuerdo; él fue de los primeros en decirnos que se aproximaba una epidemia, pero nunca le hicimos caso.

―Rey: Pos también le gusta mucho el pisto. Recuerdo que salió encuerado gritando que se aproximaba el apocalipsis convertido en un bicho que nos iba a traer del rabo.

―Duque del Bosque: Pues será el sereno, pero tiene una pócima que no le falla. Deberíamos de ir a consultarlo, milord. Total, le dejamos una lana y escuchamos su sabio consejo. Recuerde que él propuso hacer las estatuas del niño gigante que tanta lana han dejado en algunos ranchos.

―Rey: Yo no creo en sus mafufadas, pero la gente ve bien al méndigo viejo. Prepara la carroza blindada y vayamos a platicar con el barbas de chivo. Tráele un cacho de rosca para que no diga y métele dos monos. Quiero ver lo que dice. (Continuará).


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