GABRIELA BERNAL TORRES
GABRIELA BERNAL TORRES

Al mejor postor

 

El tema de la venta de Banamex ha causado ríos de tinta en las últimas semanas. Además de las preocupaciones obvias por la estabilidad financiera de la entidad, también ha surgido la preocupación en torno al patrimonio artístico -invaluable, por cierto- que este banco resguarda. Y es que Banamex es poseedor de alrededor de 2,000 obras artísticas de todo tipo, desde pintura, escultura, grabado y fotografía que van desde los siglos XVIII hasta el XXI, así como varios palacios señeros de la arquitectura civil novohispana como la casona del Conde del Valle de Súchil en Durango, el palacio del Mayorazgo de la Canal en San Miguel de Allende, la casa Montejo en Mérida y los famosos palacios de los condes de San Mateo de Valparaíso y el palacio de Iturbide, que fuera residencia del matrimonio de María Ana de Berrio (a su vez nieta del primer Conde de San Mateo de Valparaíso) y Pedro Moncada, marqués de Villaforte. Todas ellas testigos de innumerables episodios históricos, restauradas por iniciativa del fomento cultural Banamex durante la segunda mitad del siglo XX.

El rol que Banamex desempeñó como promotor, coleccionista y patrocinador del arte mexicano, no es nuevo, aunque sí único. Es bien conocido que varias entidades financieras han entrado con gusto en el mundo del arte, ya sea en la ya antiquísima forma del mecenas o como patrocinadores de artistas emergentes. BBVA tiene su propia colección que, aunque tiene más fuerza y actividad en el país ibérico, a México también han llegado varias exposiciones temporales -incluso itinerantes- que presentan, ya sea bienes artísticos de su colección basada en la plástica mexicana contemporánea o la obra de artistas mexicanos que encuentran en el programa “Beca de Arte” de la Fundación BBVA México, la oportunidad de socializar sus proyectos. Santander, de igual manera cuenta con su propia colección artística en España con bastante movimiento en museos de importancia.

Para varias instituciones privadas, como la banca, es importantísimo tomar directrices en el mundo de la cultura y el arte como una especie de inversiones sociales: afianzan su imagen pública, se posicionan como entes filantrópicos y además, generan oportunidades de exposición ante Estados cada vez más incapaces de gestionar su patrimonio artístico y cultural debido a los presupuestos cada vez más escasos en el ámbito de la cultura; un ejemplo claro son las becas antes mencionadas y los proyectos de restauración. Sin ir más lejos, el acervo de pintura novohispana que podemos admirar en Guadalupito fue restaurado en 1997 por Fomento Cultural Banamex. Como todo en la vida, no podemos suponer que estas actividades estén exentas de otro tipo de intereses, sin embargo, tampoco cabe duda que estas actividades han podido acercar la cultura y el patrimonio a un buen número de ciudadanos.

Por ejemplo, el Fomento cultural Banamex ha tenido un papel preponderante en la investigación, difusión y restauración de obras tanto de los mejores pinceles del contexto novohispano como artistas de los siglos XIX y XX, pasando desde el arte sacro, el paisajismo, arte popular, fotografía y escultura. Las exposiciones, mayoritariamente realizadas en su sede del Palacio de Iturbide, han congregado a un buen número de mexicanos y extranjeros que también pueden adquirir los catálogos de todas ellas con la participación de académicos expertos en el tema en cuestión. Tan solo para el arte novohispano, estos catálogos -al menos una decena-, contienen información relevante para conocer a fondo las técnicas y trayectorias de diversos talleres o artistas novohispanos, contando con el trabajo acucioso de investigadores de renombre. Estas investigaciones, por ende, abonan al conocimiento de este periodo como seguramente lo hicieron otras investigaciones de, por ejemplo, la pintura costumbrista decimonónica.

Por lo anterior, no causa sorpresa la preocupación de varias personalidades públicas, así como de la ciudadanía en general, de que este patrimonio termine fuera de México. Se ha levantado un sonoro ¡que se queden en México! porque como hemos mencionado, el patrimonio artístico nos mueve en la medida de que ha sido un catalizador para la formación de identidades a nivel nacional. Este patrimonio invaluable está completamente a la venta para el mejor postor, de quien al menos se espera continúe socializando la colección como hasta la fecha se ha realizado.

 


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