CUQUIS HERNÁNDEZ | NTRZACATECAS.COM
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PINOS. Una casona que captó la atención de hondureños, españoles, franceses y hasta chinos, es la que hoy ocupa el hotel boutique, Mesón del Conde, ubicado en la calle González Ortega, justo en el corazón de este Pueblo Mágico.

La casa que tiene una belleza sinigual, fue remodelada poco a poco sin perder de vista ningún detalle para recuperar en lo posible la estructura original del edificio, que anteriormente fue el mercado municipal, también fue la tienda de raya a la que llegaban los obreros de las ex haciendas a realizar sus cobros, y de paso, llevar sus víveres.

El edificio tenía fierros empotrados en la pared, donde quienes llegaban a caballo lo amarraban mientras se ocupaban en sus cosas. Esos amarraderos, a la fecha se conservan y forman parte de los adornos de la vieja y atractiva casona.

Ingresar al hermoso hotelito resulta toda una aventura, ya que desde la entrada pareciera que volviera el tiempo, desde ver los arcos de las grandes casonas tipo hacienda, hasta los pisos de piedra bola y varios objetos y fotografías que se lograron conservar, con el objetivo de que el sitio, además, se convierta en un muy atractivo museo para visitar, sin ningún costo.

En 2021, tras fallecer quien se encargó de restaurarlo, asumió una nueva administración que hoy está a cargo de Jorge Manríquez, quien decidió seguir con el legado de su padre, pero dándole un nuevo toque para atraer más visitantes, por lo que decidió tener las puertas abiertas del hotel para quien desee pasar a conocer la finca, pero con el respeto que merece mantener el orden de la propiedad.

El hotel fue abierto el 31 de octubre de 2012, y para ello, se colocó una placa que lo recuerda, junto con el nombre antiguo de Real de Pinos, Pueblo Mágico y que es una localidad “con atributos simbólicos, con historia, con leyendas, y hechos trascendentes y cotidianos y una belleza arquitectónica y naturaleza excepcional, además de ser símbolo de su cultura y religiosidad”.

La hermosa casa asemeja a una vieja finca de la época de la Santa Inquisición, visitada por mujeres de vestidos amplios y largos y dones con elegantes trajes y sombrero.

En las altas paredes que adornan las escaleras hacia el segundo piso lucen sendas pinturas que muestran en imágenes parte de la historia del bello Pueblo Mágico y cada una de las habitaciones, con una y dos camas, tienen la suficiente comodidad para dormir a cuerpo de rey y con una paz incomprensible, pero con inspiración campirana, justo lo que capta la atracción del turismo extranjero.

Cada habitación fue llamada con nombres de flores como orquídea, gardenia y muchas otras. Por un costo que apenas sobre pasa los mil pesos, el lugar ofrece dos recámaras principales: una con jacuzzi y se ubican en la parte trasera que da al patio y a una hermosa y amplia cocina.

Antes de ello, se puede pasar a una especie de sala, cuyas altas paredes están adornadas con las fotografías familiares de los dueños y una chimenea; ésta conduce al bar y a una pequeña terraza.

Casi escondida sobre la misma estructura que solo se adorna con un barandal, se ubica una escalera que lleva hasta un túnel, pequeño, pero no por ello menos atractivo, con estrechísimos callejones y cuya luz, con el apoyo de la tecnología, se enciende al paso del visitante, que deja ver entre las penumbras a un cristo negro que adorna la escena de piedra y, en seguida, lleva a un descanso en el que se muestran algunos objetos de la minería.

Aunque son pocos los empleados, que dan, por cierto, una atención de primera, como don Miguel, que está dispuesto a llevar en tour a quien se lo pida y a una muy amable ama de llaves que da la bienvenida al lugar, sin dejar de lado una amena charla sobre la historia del lugar, e invita a cuidar el sinigual patrimonio de la finca, el hotel boutique abre sus puertas para transportar al pasado a huéspedes y visitantes, en un edificio que no tiene igual y que es uno de los principales atractivos de Pinos, Pueblo Mágico.


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