Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey no ve una

 

Había una vez un reino con tan mala, pero tan mala suerte, que los enanos crecían y llovía sobre mojado. Esta es una de tantas historias.

PRIMER ACTO. El rey está que revienta de coraje.

ESCENA IV

-Rey: A ver, Duque, cuéntame con calma qué pasó. Haz de cuenta que eres el Perro Bermúdez y estás narrando un partido de fucho.

-Duque del Arenal: Pues resulta que el Conde de Macallan y el Conde del Morral se empezaron a echar la viga muy gacho. Y entonces que Macallan le canta el tiro al del Morral. Y que se salen al patio del parlamento. Y entonces que Macallan le tira un patín a donde las arañas hacen su nido a Morral. El pobre se retorcía como chinicuil en comal.

-Rey: ¡Méndigo, marrano! Y el réferi, ¿no le sacó la roja?

-Duque del Arenal: No, milord, como siempre se hizo pato. Bueno ni consultó el VAR cuando le dijeron que había sido una falta descarada. ¡Tracatácatelas!

-Rey: Sígueme contando.

-Duque del Arenal: Y entonces que el Macallan agarra a patadas al pobre del Morral. Total, se la rompió bonito y sabroso.

-Rey: ¡Qué bueno, para que se le quite lo baboso al Morral!

-Duque del Arenal: Pero lo terrible del asunto no es eso, milord. Hay algo más.

-Rey: Aparte de la madrina que le pusieron a nuestro muchacho, ¿hubo más broncas?

-Duque del Arenal: No milord, es que el Conde del Morral, cuando le cantó el tiro a Macallan, hizo una apuesta con él.

-Rey: ¡Ay, ay que me va a dar el soponcio! Y decidme qué apostó el muy baboso.

-Duque del Arenal: Pues ya ve cómo es de acelerado el Conde del Morral. Le dijo, y lo firmó, que el que ganara se quedaría con la presidencia del parlamento y con la mayor parte de las comisiones. Que se formaría una nueva mayoría y que usted ya no se metería donde no lo llaman.

El rey azota cuan largo es en la oficina. El Duque grita desaforado para que le ayuden a atender al monarca. Los guardias llegan.

-Guardia 1: Ayúdame, Charal. Se me hace que el rey se quedó dormido de pie, como a veces acostumbra, y azotó. Vamos a llevarlo al sofá.

-Guardia 2: Oye Patotas, ¿y por qué está blanco? Creo que le está dando un ataque.

-Duque del Arenal: ¡Rápido llamen al médico real!

-Médico Real: ¡A un lado macuarros, que voy a atender al rey!

-Guardia 1: Nomás no vamos respetando méndigo curandero.

-Médico Real: Ahorita te atiendo a ti, méndigo Patotas, primero al que paga.

-Guardia 2: ¡Rájasela Patotas!

-Guardia 1: Te espero a la salida Heraclio. Te voy a recordar quién es tu papá desde la primaria.

Mientras se echan de puyas, el Duque del Arenal se apresura a poner alcohol en la nuca del rey. El Médico Real saca sus instrumentos y comienza a examinar al monarca. Los guardias salen de la oficina. Una hora después.

-Médico Real: Bueno, la le di un sedante al rey para que descanse. Y por favor no le anden dando malas noticias que se pone mal. Chingao.

-Guardia 1: ¿Que le dio qué? Digo, ponerlo a jetearse no arregla las broncas que tiene el pobre. Al contrario, debería de darle algo muy potente para que ande despierto las 24 horas del día. Algo así como unas perlas de hígado de tiburón.

-Médico Real: Pero cómo serás bruto, Patotas. Ahorita se requiere reposo, ya después veremos si le damos algunas vitaminas o algo para despertar su espíritu.

-Guardia 2: Oiga, galeno, ¿el rey también tiene dormido el espíritu? Digo, porque si es así estamos muy fregados. Este sexenio será un sueño negro.

-Médico Real: Oigan al otro bruto. ¿Pero qué no hay nadie que entienda nada de medicina?

-Duque del Arenal: Pues el que sabe algo es el Mago Comodón.

-Médico Real: ¡No me hables de ese patán! Nada más estudió el primer año de la carrera y se fue siguiendo a un chamán grifo. Todo lo quiere curar con yerbas de esas que lo ponen a uno chachalaco. Yo lo supe cuando lo fui a visitar.

-Guardia 1: ¡Ándale, méndigo grifo! Si ya decía yo que esos ojos colorados no eran de irritación.

-Médico Real: ¡Ahora sí, méndigo, vámonos para afuera que te la voy a partir!

-Duque del Arenal: ¡Señores por favor! ¿No están viendo a nuestro benemérito monarca enfermo? Más respeto.

-Guardia 2: Yo tengo para ti, méndigo lamebotas. Déjate venir.

Los gritos y golpes se suceden, mientras el monarca está tendido en el sofá. Mientras tanto en el parlamento.

-Conde de Macallan: Pues sí mis estimados compañeros, ahora que las cosas han cambiado es necesario que la nueva mayoría le diga a la minoría que deje de pasarse de lanza.

-Conde del Morral: Apenas va el primer round, merolico de tercera. Debo decir compañeros que nosotros somos poseedores de la única verdad y ningún arribista podrá quitarnos nuestras santas creencias. ¡Somos temerosos de dios!

-Conde de Macallan: Bueno, mi estimado hijo de la vela perpetua, por lo pronto acá su charro negro es el mero, mero, de este parlamento. Y esta mayoría emite el siguiente decreto: Se cita a todos los ministros del gobierno y al monarca a que vengan y nos digan qué jijos están haciendo para resolver los grandes problemas del reino. Así es la división de poderes y que cada quien haga su chamba o les vamos a aplicar la cláusula de exclusión por gachos. ¡Qué venga el monarca o que le llegue! (Continuará).


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