Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey lucha contra la inseguridad

 

Había una vez un reino con tan mala, pero tan mala suerte, que los enanos crecían y llovía sobre mojado. Ésta es una de tantas historias.

SEGUNDO ACTO. El rey está decidido a terminar con el crimen en el rancho.

ESCENA IV

–Rey: ¡Ya estuvo suave, hijos de su repepín chamaco! Voy a acabar con el crimen, con tanta méndiga corrupción y, de una vez, voy a modernizar el estado de derecho a partir de las nuevas tendencias del mundo moderno. Qué dijeron, éste nomás no saca al buey de la barranca. Pues les voy a demostrar de lo que soy capaz. Se acabó su desmadre.

–Guardia 2: ¿Ya oíste, Patotas? Parece que ya despertó el monarca y ahora sí se va a poner las pilas. Creo que ya se enteró que él es el jefe de las instituciones y tiene obligaciones. Y yo que le iba a iniciar una revocación de mandato.

–Guardia 1: Juar, juar, juar. No te aceleres, Hermilo, ¿qué no ves que el rey anda con 40 de temperatura? Dice el médico real que trae una infección estomacal por unas gordas de buche que se echó ayer. Nomás una docena.

–Guardia 2: ¿Te cae? Y yo que pensé que ahora sí había gobierno. Puras pinches pérdidas.

El rey sigue echando rollo al Duque del Arenal.

–Rey: Y prepárate ispo fapto algunos tratados para que los firmen algunos reinos importantes. Manda una felicitación al Palacio de Buckingham, por el jubileo de mi querida amiga Isabel. Y no olvides felicitar a todo aquél chingón que cumple años.

–Duque del Arenal: Milord, el médico real pidió que reposara. Y exigió que se tome todo el té de pasiflora para que se eche un sueñito. ¡Mire que no quererse dormir está cabrón, milord! Va contra su naturaleza. Así que se duerme o lo vamos a descontar.

–Rey: ¡Ponme la mano encima y te la rompo, hijo de Bartlett!

Los guardias entran a la oficina.

–Guardia 1: ¡Ah, méndigo Cuascuas, con que queriendo madrear al monarca!

–Guardia 2: ¡Deja lo descuento, Chicarcas!

El Patotas le arrima tremendo descontón al monarca.

–Duque del Arenal: ¡Ah, méndigo Patotas, ya descontaste regacho al rey! Vas a ir derechito al patíbulo.

–Guardia 2: Yo lo que vi es que tú le pegaste porque no se quería jetear. ¿No es así Chicarcas?

–Guardia 1: Efectivamente, compañero. Somos testigos de un intento de golpe de estado. Creo que esto nos hará ganar por lo menos una medalla al mérito, porque hemos salvado al rey, a la democracia, al estado de derecho. Méndigo duque golpista.

–Duque del Arenal: ¿Que yo qué? Déjense de tontejadas y ayúdenme a subir a la cama al monarca. Parece que por fin lo vamos a ver echarse una jeta. Ojalá despierte hasta la semana que entra, mientras esperemos que la violencia se calme sola.

–Guardia 2: Pos échale para las caguamas o rajamos.

–Duque del Arenal: ¿Qué van a rajar, que descontaron al jefe de las instituciones? Es más ahorita voy por la guardia privada del monarca para que les dé lo suyo.

–Guardia 1: Óilo, Patotas, óilo. Los de la guardia privada se ponen a mano con nosotros bellaco. Ya saben que acá los tenemos al tanto de las burradas que hacen.

–Duque del Arenal: ¡Eso ya lo sabía! Ya los tenemos en el calabozo pagando sus fechorías. Estamos acabando con el crimen desde su origen.

–Guardia 1: ¿Estás seguro, méndigo hijo del Negro Durazo?

–Duque del Arenal: ¡Guardias de la Secreta! Pasad y arrestad a estos móndrigos.

Entran a la oficina cinco guardias vestidos de color rosa mexicano.

–Guardia Secreto 1: En nombre de su majestad están arrestados. Picarones.

–Guardia Secreto 2: Y los vamos a llevar a una celda muy mona, hay hasta barra libre.

–Guardia Secreto 3: ¿Vamos, chiquillos?

–Guardia 2: ¡Ah méndigo Cuascuas, se trajo a sus primas a la secreta! Ya les reconocí las voces.

–Guardia 1: ¡Ahhhhhhhh, canijo, es cierto! Se las trajo del “Cumbanchero” a estar de aviadoras en este democrático gobierno. Yo voy a rajar al Ministerio de Ética ahorita que andan a todo lo que da, mandando a mucho transa al bote.

–Duque del Arenal: Ya, serenos. Acabo de autorizarles un considerable aumento a sus salarios y bono de puntualidad. Nomás a callarse el hocico.

–Guardia 1: Así ni quién diga nada. Y dales a tus primas a tomar un té de tachuelas para que les salga más ruda la voz. Chingao.

En esas están cuando el monarca se despierta.

–Rey: ¿On toy? ¿Quién jijos me trajo aquí? ¿Quién me pegó?

–Duque del Arenal: Milord, jefecito de las instituciones, ¿no recuerda nada? Pues se cayó regacho y se dio un mandarriazo en la chompeta. Le dijo el médico que no se levantara rápido después de estar dormido tanto tiempo. Así que le dio un vahído y tómala, barbón, nomás azotó. Pero acá mis primas ya lo van a cuidar cómo se merece. Usted descanse, jefecito.

–Rey: ¡Cuál jefecito ni que Juan de las Cuerdas! ¡Fuera todos de mi oficina privada en estos momentos! Chingao, respeten. Y tú, llévate a estas prófugas del metate a la cocina.

–Duque del Arenal: Nomás no insulte a la familia, milord. Una cosa es que a mí me diga de cosas, pero aprenda a respetar.

Rey: ¿Pides respeto hijo de la Téllez? Sácate de aquí a la de tres. Ya no sé qué está pasando, estoy viviendo una pesadilla. ¿Me estaré volviendo loco?

–Duque del Arenal: Mi estimado Morfeo (apenitas le quedó el nombre), ésta es otra falla de la Mátrix. Así que chíngate esta píldora azul para acomodar todo tu desmadre. ¡Qué pinches historias! (Continuaremos en otra dimensión).

 

 


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