Las contiendas políticas son actividades que a veces despiertan reacciones muy intensas en quienes participan en ellas y, en ocasiones, estas reacciones se observan con igual o mayor intensidad entre la población en cuyo ámbito se dan esas competencias.
¿Qué razones hay para esto?
Conozco varias razones para que suceda de esa manera y sobre un par de ellas valdría la pena pensar un poco. La manera como las abordo no significa un orden de importancia, ya que son de muy distinta naturaleza.
–Los ideales, las causas. Para los pueblos, en su historia, se dan momentos en que hay un motivo que se anida de manera muy fuerte en el alma colectiva.
Cuando hay un político que es capaz de comprender ese momento y encabeza esos ideales, esas causas, se convierten en poderosas motivaciones que hacen que líderes y poblaciones se involucren con gran intensidad en la contienda. Esas luchas, a veces, llegan a convertirse en verdaderas revoluciones.
–Capacidad de actuación de los políticos. No pocas veces, un político se da cuenta, generalmente a temprana edad, de que lo que le dice a la población surte un efecto distinto al que se daría si eso mismo se los dice otra persona.
Se dan cuenta de que tienen dotes de actor, pueden representar un papel y su actuación resulta creíble para el pueblo.
Cuando un político se percata de eso, puede tomar, entre otros, dos caminos:
El primero, esforzarse en comprender las motivaciones más profundas del pueblo que aspira a conducir y dedican todos sus afanes a buscar convertirlos en realidad. Eso hacen los idealistas, los seres humanos que combinan talento y generosidad en cantidades considerables.
El segundo camino es utilizar su capacidad de influir sobre los demás para conducirlos hacia una participación que supuestamente busca alcanzar metas superiores para su pueblo y lo que en verdad persigue es poder personal y riqueza mal habida. Eso hacen los deshonestos, los manipuladores.
Por eso en política hay dos motivaciones fundamentales para quienes participan en ella: los ideales y los intereses.
Escribo estos pensamientos porque hay un tema muy actual e importante que requiere un análisis tan serio como sea posible realizar; es el de las alianzas en varios estados de la República Mexicana.
Primero, es preciso reconocer que estas alianzas ya forman parte de nuestra realidad jurídica y política y que se va a recurrir a ellas se tengan, o no, motivos éticamente válidos.
Toda actividad política es un rostro de la cultura de un pueblo y, a su vez, modela el perfil que tendrá en el futuro.
Así pues, de las alianzas que estamos viendo, ¿cuáles tienen como fondo la búsqueda de ideales superiores?, ¿cuáles tienen como basamento sólo vulgares intereses?
El asunto no es menor, no es lo mismo que varios partidos se junten para alcanzar el poder a fin de instrumentar un programa de reformas que eleven la manera de vivir de un pueblo, a que se reúnan para alcanzar el gobierno sólo para realizar las mismas tropelías que hacía el anterior.
Esto tiene relevancia porque estos ejemplos los ve el pueblo y ya está bastante dañada la moral cívica de los mexicanos para que le demos una lección más de lo que no se debe hacer.
Una conducta ejemplar y sostenida y un profundo conocimiento de la función de gobernar son precisos para lograr un cambio económico y cultural.
¿Estaremos a tiempo de entenderlo?
Aceituno
Sábado 6 de Febrero de 2010, 2:13 AM horas
¿Y no cree Ingeniero que el matrimonio PRI-MONREAL tiene como basamento sólo acceder al poder por el poder, dejando de lado los ideales?