Obesidad por no haber hecho la tarea
Francisco Javier Acuña
Lunes 1 de marzo de 2010
Se plantea erradicar la obesidad infantil causada por hábitos alimenticios incorrectos y falta de ejercicio, que nos transforma en una sociedad gorda y pasiva y, por ello, potencialmente enfermiza, o acaso dramáticamente enferma. Además, padecemos un analfabetismo funcional que crece, nuestro promedio de escolaridad formal puede ser uno, pero millones de los que alcanzaron a cruzar la educación primaria, inclusive la secundaria, no han vuelto a leer más que rótulos o textos pequeños y hacen sumas y restas elementales, han olvidado los conocimientos adquiridos, sólo guardan anécdotas de esas etapas.
Y en la ALDF ha surgido una “brillante idea” que amenaza convertirse en ley; arrancada del ocio de un diputado imaginativo que propuso –y fue ampliamente respaldado– la supresión de la tarea escolar, por ser atentatoria a la salud, ya que produce obesidad por sedentarismo. En lugar de la fastidiosa tarea, propone el ilustre legislador que los niños dediquen la tarde al deporte, para con ello reducir el factor de la inamovilidad social que se combina con la comida chatarra que, tristemente, es la base de la dieta popular, desplazando a los suculentos antojitos de la gastronomía nacional.
Ocurrencias que se vuelven leyes evocan, precisamente, aquellos decretos demenciales que dictara Antonio López de Santa Anna, lo mismo fuera el déspota liberal que conservador durante esos pasajes del turbulento siglo 19, el crudo aprendizaje de una nación que no aprendió las lecciones de la historia que, curiosamente, vamos a celebrar este año en medio de la precariedad económica y social.
Es larga la lista de errores que acumulan estos 200 años de rodaje autónomo de la patria sin haber hecho la tarea. La tarea que hacen los pueblos para forjar instituciones y, en torno a ellas, costumbres saludables y benéficas para la convivencia, y que devienen en la construcción de una ciudadanía alerta y corresponsable del compromiso democrático.
Una de las cualidades exóticas que nos atribuyen a los mexicanos es la capacidad de ironizar sobre nuestras desgracias y convertirlas en asunto de hilaridad pública, por eso hasta nos acusan las encuestas de ser un conglomerado humano feliz, en el rango de los países que por avanzados o ricos poseen sociedades marchitas por la depresión que causa el aburrimiento de la estabilidad fundamental. Sin embargo, no todas las notas que vigorizan el humor azteca son susceptibles de volverlas puntadas geniales. Inesperada iniciativa de izquierda que más podría haber solicitado se interrumpa durante las tardes la programación del televisor que inmoviliza a los chicos de modo prolongado, sujetos a caricaturas funestas, al menos ésa es una solución propia de esa tendencia política, como ocurría en los países socialistas y soviéticos.
Ya nada puede ni debe causarnos sorpresa, nos acostumbraremos a la mediocridad que ahora se habrá de cumplir, y a rajatabla, por decreto.
*Especialista en derechos humanos
fjacuqa@hotmail.com
