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Jueves 9 de febrero de 2012

Noticias de Zacatecas en tiempo real: Planeación y desarrollo

El Diario NTR

Planeación y desarrollo

NTRzacatecas.com
José María Pino Méndez
Jueves 4 de marzo de 2010

En los años inmediatos a la desaparición del Muro de Berlín, cuando Francis Fukuyama (¿hay alguien que se acuerde de él?) dijo que habíamos llegado al “Fin de la Historia”, se llegó a decir que el imperialismo es cosa del pasado, obsesión de comunistas en proceso franco de extinción. Su lugar lo ocupa la globalización. Capitalismo es una palabra fea, es el neoliberalismo, el regreso a los postulados básicos de los clásicos, lo que definirá el progreso sin medida y sin barreras.

Nunca más las crisis, nunca más el Estado interventor, el mercado suavizará, automáticamente, las disparidades en el proceso de desarrollo. Los ciclos económicos, como forma ineludible de crecimiento de la economía capitalista, son cosas del pasado, en realidad los ciclos no se dan como los estudiaron economistas medio deterministas y poco dados a la reflexión positiva. Sí hay ciclos, pero son fácilmente superables si se deja a los mercados que actúen con libertad y sin interferencias perniciosas.

La política económica, esto es la intervención, regulación, promoción o planeación del Estado sólo trae problemas, cada vez más serios, hay que dejar a los mecanismos de asignación de los mercados, a las bolsas, los circuitos secundarios de creación de dinero. Las hipotecas subprime, los activos tóxicos son pesadillas que aparecieron, sin invitación. La crisis de la globalidad no fue prevista por los economistas –y menos por los estadistas– de la ortodoxia, hablaban de ella los profetas locos, los Jeremías marginales, Krugman, Stiglitz y otro todavía peor, afortunadamente muerto antes de la macrocrisis, James Tobin, que propuso cobrar impuestos a la especulación financiera (¡habrase visto semejante barbaridad!).

La política económica, que pone los instrumentos monetarios, fiscales, redistributivos y planificativos a disposición del Estado, para regular la naturaleza, ritmo y beneficiarios del desarrollo, fue severamente cuestionada, se dijo que la emisión de moneda, la imposición fiscal y la obra pública debía ser transferida a la esfera privada, pues desde el Estado se fomenta la corrupción, la dilapidación de recursos y la desviación de los objetivos del crecimiento a satisfacer las demandas de los pobres, que lo son por perezosos e ignorantes, de ninguna manera por la apropiación despiadada del excedente social por parte de élites, protegidas por el gobierno, cualquiera sea su signo.

El desarrollo hacia adentro, con orientación diseñada desde el Estado, que se practicó en México durante la etapa del llamado “Desarrollo Estabilizador”, no funciona en la era de la globalización, porque si bien es cierto que mantuvo controlada la inflación y un ritmo aceptable de crecimiento (6.5 por ciento, promedio, durante más de 20 años; ahora es menos de cero, para que le vayamos tanteando), el sesgo antiexportador que se le imprimió a la economía retrasó el ingreso al mercado mundial, lo que a la postre redundó en retraso estructural, del que todavía no podemos librarnos.

El postulado de crear un Mercado Común Latinoamericano (propuesta anterior a la del Mercado Común Europeo) fue calificado de utopía sin fundamento. La Unión Europea, exitosa y viable desde todo los puntos de vista, demuestra que son posibles las acciones concertadas desde la perspectiva de la unidad, aunque no existiera entonces la madurez productiva, en específico en el sector industrial, que en la actualidad se da.

La semana pasada me refería a los acuerdos en ciernes con Brasil, que hasta hace muy poco no nos quería en su vecindario, que van más allá del libre comercio y francamente se perfilan como integración, con proyectos concretos en marcha, como el de petroquímica en Coatzacoalcos. Brasil ha avanzado enormemente en el uso de combustibles biológicos, combinados con el petróleo, en la industria automotriz innovadora, ahorradora de energía y con autonomía tecnológica, que ya se usa en China y es creación brasileña.

En producción agropecuaria, técnicas de reproducción animal, mejoramiento genético, exploración de mantos petrolíferos en aguas profundas, aprovechamiento de minerales no metálicos, industrialización rápida de productos primarios y un larguísimo etcétera, Brasil es mano, lleva una década, mínimo, de avance, pero también a ellos se les dificulta el acceso a sus mercados y no se ve claro para cuándo se dé la recuperación, por eso, inteligentemente regresan al desarrollo hacia adentro y a la planificación.

Tiene el gigante verde del sur un sistema de planeación regional bien definido, funcional, práctico, innovador y viable, en el que se generó una red muy extensa de polos de desarrollo, interactuando con su entorno, que permitió difundir con equidad y equilibrio los frutos del crecimiento. El Estado no interviene, modula; no invade el espacio del sector privado, promueve; el Estado no pone trabas, regula.

Debemos reconocer que en Brasil se dio una continuidad funcional entre el gobierno de Cardoso y el de Lula, que son diferentes, en estilos, pero no destruyó uno la obra del otro, ni descubrió el hilo negro, ni sembró el rencor social y el revanchismo.

Por eso han avanzado tanto.

Es el momento, en México, de volver a la planificación, la que en el gobierno de Miguel de la Madrid se llamó “Planeación Democrática”, para fijar, con base en el interés colectivo, las prioridades del desarrollo. Promover, apoyar, regular, combatir la crisis, instrumentar políticas anticíclicas, crecer hacia adentro, fortalecer en consecuencia el mercado interno.

Y lo más importante, redistribuir el ingreso, romper con el esquema de concentración de la riqueza, que hasta el mismo Carlos Slim reconoce que no favorece el desarrollo del país. Tenemos que recuperar la capacidad de generar empleo, suficiente, remunerado, estable. Es la única forma de combatir la pobreza a la vez que se estimula el mercado nacional.

La desigualdad social es nuestro principal problema, igual que hace 200 años.

Don Antonio Ortiz Mena, el artífice del “Desarrollo Estabilizador” no era economista y creo que ha sido uno de los mejores secretarios de Hacienda.

Y, por cierto, nunca anduvo comprando dólares a lo pendejo.


Publicado en: Opinión
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