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Domingo 12 de febrero de 2012

Noticias de Zacatecas en tiempo real: Una historia que prometí contar

El Diario NTR

Una historia que prometí contar

NTRzacatecas.com
Esaú Hernández Herrera
Viernes 5 de marzo de 2010

El caso que voy a relatar aconteció en diciembre de 1992 y lo cuento con la autorización de los involucrados.

Me encontraba en mi oficina de la Secretaría de Educación y Cultura cuando pidieron verme, con carácter de urgente, los contadores Abigail Márquez, que era jefa del Departamento de Recursos Financieros, y Fernando Pérez Acuña, quien se desempeñaba como coordinador administrativo de la propia secretaría.

Los atendí de inmediato y el asunto que me plantearon no era menor: sobraban 25 mil millones de pesos en nuestros estados financieros y desconocían, hasta el momento, el origen de ese sobrante.

Veinticinco mil millones de pesos de aquella época eran quizá 80 ó 100 u otra cantidad de millones de pesos actuales por la eliminación que se hizo de los tres ceros y por el tipo de cambio vigente en ese momento, pero sea la cantidad que fuere, era mucho dinero.

Era dinero sin “dueño legal” por varias razones, estaba en nuestras cuentas sin explicación previa, la Secretaría de Educación y Cultura había dejado de ser una dependencia federal y sus recursos no estaban todavía registrados para fines de fiscalización por los órganos estatales competentes.

Ese dinero estaba en una zona gris y era indispensable tomar una decisión inmediata para regular la existencia del mismo.

Los contadores Márquez y Pérez, el director de Planeación, que era el maestro Benito Juárez García, y un servidor sostuvimos una reunión en la que analizamos el asunto y preparamos la única propuesta posible para ser ratificada por el gobernador del estado.

La propuesta que presenté al licenciado Arturo Romo era que reintegráramos, mediante un cheque, esa cantidad sobrante a la instancia correspondiente del gobierno federal.

El gobernador, quien una y otra vez dio testimonios de honradez, coincidió firmemente con mi postura y procedí a instrumentar lo acordado.

¿Por qué mediante un cheque entregado de manera personal y no por transferencia bancaria? ¿Por qué hacer una cita previa indicando el motivo de la visita? ¿Por qué en la fecha precisa en que decidimos hacerlo?

Era preciso hacer lo correcto, actuar de manera honrada e institucional y pensamos que era necesario dejar testimonio explícito de ello.

Conversé con el secretario de Educación Pública y me indicó que me dirigiera a las oficinas de la Dirección General de Programación y Presupuesto donde me esperaba el actuario Fernando Agraz. Nos presentamos en ese lugar los señores Fernando Pérez Acuña, Benito Juárez García y yo.

Palabras más, o palabras menos, la respuesta que encontramos en el actuario Agraz fue: “No nos habíamos dado cuenta de este error y no hubiéramos podido corregirlo porque para estas fechas ya se cerraron las cuentas del ejercicio fiscal del año y no se pueden hacer ni egresos ni ingresos, por lo tanto, regrésense a Zacatecas y aprovéchenlo para bien de su estado”.

Me pidió Fernando Agraz que acudiera a las oficinas de Esteban Moctezuma, quien era subsecretario de Planeación de la SEP, y estando frente a él me dijo más o menos esto: “La Secretaría de Educación Pública reconoce el gesto que han tenido y te entrega un cheque adicional que sabemos será bien empleado”.

Me entregó otro cheque con una cantidad también significativa y regresamos Fernando Pérez, Benito Juárez y yo a nuestra patria chica.

Ese dinero sirvió para poner en operación programas de beneficio social y sirvió también para solucionar una difícil situación que tenía en ese momento la Secretaría de Finanzas del gobierno del estado, a cargo de la contadora Ana María Romo Fonseca.

El gobernador Romo, los contadores Abigaíl Márquez y Fernando Pérez, el maestro Benito Juárez y yo quedamos hondamente satisfechos, habíamos hecho lo correcto.

Una negociación conveniente con el gobierno federal en el momento de la transferencia de los servicios educativos, junto con una administración prudente y honrada, permitió que en ese tiempo existiera en Zacatecas un sector educativo sólido, solvente, con capacidad para instrumentar proyectos sociales, con opciones de futuro.

Un personaje zacatecano, tiempo después, se enteró de esta historia y del destino que le dimos a ese dinero “sin dueño” y de manera grosera me dijo: “¡Qué ‘tontos’ (usó otro término), yo me lo hubiera quedado”.

¿Cuántas dolencias para mi tierra zacatecana podrían haberse evitado si el servicio público hubiera siempre tenido como principios la prudencia, la justicia social, la eficiencia y la honradez?


Publicado en: Opinión
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