Catalejo
Juvenal González González
Martes 9 de marzo de 2010
Subrogar es abdicar
¿Cuántas muertes más serán necesarias para darnos cuenta
de que ya han sido demasiadas?
Bob Dylan
El “desorden generalizado” que la tremenda corte encontró en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) proviene de gobiernos más voraces que capaces, que abdicaron de su responsabilidad y la “delegaron” o “subrogaron” a segundas y terceras manos, de esas “manos limpias” que “haiga sido como haiga sido” se montaron en la Presidencia de la República.
Cuando Ernesto Zedillo y su asesor de cabecera, Santiago Levy, acatando las órdenes del Fondo Monetario Internacional, se empeñaron en “reducir el déficit fiscal” se fueron, no sobre los abusivos sueldos y prestaciones de la alta burocracia, sino contra áreas sustantivas como la educación y la salud. Decidieron que eso de invertir en el cuidado y el desarrollo de los niños y jóvenes era un gasto excesivo, con una limosna (Progresa-Oportunidades) era suficiente.
Luego Fox “sacó a patadas” al PRI, pero se rodeó de priístas para “gobernar” entre ellos el distinguido tecnócrata zedillista Santiago Levy, a quien nombró director del IMSS, cuyo sistema de guarderías infantiles (puesto en marcha por José López Portillo) había obtenido un gran reconocimiento internacional. Para los privatizadores sólo representaban un gasto prescindible y eligieron la fast track de la subrogación para reducir sus “gastos” y de paso beneficiaron a sus cuates.
Llegó Calderón y puso a Juan Molinar Horcasitas en el IMSS. Fieles a su pragmatismo neoliberal, ratificaron las transas de sus antecesores y armonizaron una bella cohabitación entre las viejas y nuevas tepocatas.
Mire usted, la atención profesional materno infantil es fundamental en la formación de individuos sanos, productivos y creativos; requiere de programas, instalaciones, equipos y materiales específicos, cuya elaboración y operación implica, necesariamente, personal suficientemente capacitado.
Los inmuebles tienen que reunir características determinadas de ventilación, iluminación, tamaño, orientación, seguridad y otras. Los materiales didácticos y de apoyo también son específicos y deben ser aplicados con conocimiento y pericia. Y para atender correcta y oportunamente las diversas esferas del desarrollo del infante, se requiere personal especializado en educación, pediatría, enfermería, psicopedagogía y nutrición infantil.
Una responsabilidad de este tamaño corresponde al Estado, no a los empresarios. El informe preliminar de la tremenda corte respecto al incumplimiento de las obligaciones contraídas por los beneficiarios de las subrogaciones del IMSS no debe sorprender a nadie. La inversión busca ganancia, eso se entiende, pero en México la ganancia se potencia cometiendo ilícitos. Los mineros de Pasta de Conchos, asesinados por la negligencia de sus patrones del Grupo México (del que Calderón y Lozano se sienten orgullosos, de eso se trata el Bicentenario) fueron el antecedente inmediato de la tragedia de Hermosillo.
¿Con qué cara sale Calderón diciendo que la prioridad de los mexicanos es una “reforma política” que no es más que un paquete de parches para los parches? Desde la reforma “definitiva” de Zedillo todo ha ido para peor. La democracia se reduce a votar y el voto es inducido por la publicidad que es proporcional al dinero que se invierte, ergo, ganan los que más lana le meten, legalmente o no.
Frente al fracaso de las reformas sucesivas que condujeron a la partidocracia del mejor postor, lo único que se le ocurre al oficialismo es reivindicar a Porfirio Díaz llamando a restaurar la reelección para acabar con la “democracia tonta” y legitimar la democracia de compadres… y comadres.
Y para darle un toque “intelectual” a la propuesta de Calderón, un extraño coctel de abajofirmantes, incluido Ernesto Zedillo, flamante ejecutivo del Citigroup, uno de los grandes ganones de la operación Robaproa armada por Zedillo y Calderón, casualmente. El manifiesto es ingenioso desde el título: “No a la generación del No”, que, según ellos, son los causantes de la parálisis del país y no la incapacidad de los tres últimos gobiernos, sumisos empleados del gran capital.
Nobleza obliga, el maese Pepe Carreño en un par de artículos puso las cosas en su lugar con una respuesta seria y contundente para que no se anden con vaciladas: “No tengo dudas de la necesidad de recuperar el proceso reformista abruptamente interrumpido a mediados de la década anterior. Pero encuentro graves problemas en la estrategia narrativa de un manifiesto en el que los firmantes se asumen como portadores de las soluciones, cuando –para sectores importantes de la sociedad– algunos de sus principales suscriptores forman parte del inventario de problemas que plantean y del nudo de discrepancias, enconos y crispaciones que ellos mismos contribuyeron a generar”.
Así de sencillo y claro, estos personajes, de Ernesto Zedillo a Jorge Castañeda, de Aguilar Camín a Enrique Krauze, pasando por Jesús Reyes Heroles, pertenecen a la misma generación que critican y, con sus acciones, decisiones y omisiones, son igualmente responsables del hundimiento del país. Por eso guardan silencio respecto a tragedias como las de Pasta de Conchos y la guardería de Hermosillo, esas pulgas no brincan en sus petates.
Cheiser: Domingo Aguilar Vázquez, subsecretario general de la División Necaxa del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), acusado de robo en contra de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), recibió auto de formal prisión como parte de la ofensiva de Calderón en contra de quienes se resisten a perder su fuente de trabajo. ¿Dónde están las plañideras de los presos de conciencia en otros países?
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