El affair Paredes-Nava, o los efectos colaterales de las alianzas
José Luis Miranda (*)
Miércoles 10 de marzo de 2010
Dice Beatriz Paredes que en el PRI “hay más lealtad que falsedades, hay más patriotismo que olvido de la historia, que hay más priísmo que traición”, refiriéndose, precisamente, a la supuesta traición realizada por el PAN en el tema del incumplimiento de los acuerdos que se signaron entre las dirigencias panista y priísta en un sendo contrato que atestiguaron, ni más ni menos, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, por una parte, y el secretario de Gobierno del Estado de México, Luis Enrique Miranda, por otra.
Paredes trata de concluir el debate diciendo: “creo que es un tema en el que Acción Nacional se enredó y quiere enredarnos a nosotros. Ya no tengo nada que decir al respecto”. Por su parte, César Nava, el dirigente nacional del PAN, asegura que “fue (Enrique) Peña Nieto el que pidió el acuerdo del cual sería beneficiario. Si evade explicar en público los detalles del mismo, alguna razón tendrá. Su actitud no lo honra ni lo pone a la altura de la responsabilidad que supuestamente busca”.
En fin, desencuentros, enfrentamientos, acusaciones de traición mutua entre diferentes actores inter, pero también intra-partidarios: Paredes-Nava; Paredes-priístas inconformes; Nava-panistas inconformes; Paredes-Peña Nieto; Nava-Gómez Mont, y todos los etcéteras que se han sumado a esta confrontación, es decir: todos contra todos.
Con este nuevo escándalo quedan de manifiesto varios vicios de nuestra devaluada política y de nuestros más devaluados políticos. En primer lugar, evidencia lo que ellos siempre niegan pero que todos sabemos que es moneda corriente en sus discursos: la mentira. Miente Nava al negar la existencia del acuerdo-contrato y después reconocerlo; miente Paredes al decir que es un tema en el que únicamente el PAN está enredado, su firma está en el documento y, según la versión de Manlio Fabio Beltrones, ni el Senado ni los diputados del PRI fueron enterados de este acuerdo; miente, o suponemos que miente, Gómez Mont al decir que el presidente Calderón no sabía de estos acuerdos; y mienten todos al hacer creer a la gente, a los ciudadanos mexicanos, que el aumento del IVA fue una cuestión de necesidad de las finanzas públicas, cuando lo que está evidenciando este escándalo es que no, no fue esa necesidad, sino la de los intereses políticos de un par de dirigencias partidarias que un buen día se pusieron de acuerdo e intercambiaron favores políticos.
Es por esto último que el hecho de que este conjunto de actores políticos hayan mentido deja de ser lo fundamental, la mentira es algo sabido y, por lo mismo, ni siquiera es noticia digna de análisis. Lo verdaderamente importante es que el contrato de marras desenmascara que las decisiones que teóricamente se discuten, valoran, ponderan y, en última instancia, se deciden y votan en el Congreso, es decir, las cosas que nos importan y afectan a todos (como la elevación de impuestos), en realidad no se lleva a cabo ahí, sino en los oscuros laberintos de los acuerdos entre dirigencias partidarias. ¿Dónde están los diputados? ¿Dónde están los senadores? ¿Dónde está el Congreso como institución y para qué sirve? Éstas son algunas de las preguntas que no se saldan diciendo que el oponente “se enredó” ni rasgándose las vestiduras por el incumplimiento del compromiso firmado. Hay responsabilidades incluso legales que hoy se minimizan, pero que definitivamente les pega a sus protagonistas, de manera diferenciada, pero les pega.
El mayor damnificado en el escándalo es César Nava, personaje que, por razones diferentes, está siguiendo el mismo sendero de descreimiento que el secretario Gómez Mont. Hoy a Nava ni propios ni mucho menos los extraños le tienen confianza. Hoy su estrategia es de una pobreza proverbial: la de salir “menos golpeado” que su oponente, el PRI, y en particular que su homóloga Beatriz Paredes; hoy Nava realmente no tiene nada que hacer al interior del PAN y es cuestión de tiempo que salga de la dirigencia nacional de ese partido, a pesar de los respaldos coyunturales que hemos visto. El PAN también pierde y mucho. Se muestra como un partido que es capaz de firmar un compromiso sin nada a cambio, es decir, como un partido inmaduro, ingenuo, que es absolutamente incapaz de poder negociar cuestiones fundamentales para su causa.
El PRI también pierde. Pierde su dirigente porque se vio exhibida como alguien que puede prescindir de la institucionalidad del Legislativo con tal de garantizar que su candidato, Enrique Peña Nieto, no tenga sobresaltos en su candidatura hacia la Presidencia de la República. Hay que recordar que por una cuestión similar (un acuerdo secreto con Fox) Elba Esther Gordillo tuvo que salir del PRI. Pierde el PRI, porque con la firma de ese documento lo que se exhibe es un profundo temor de que este partido no sea lo suficientemente solvente como para enfrentar a una oposición estatal unida en las próximas elecciones a gobernador del año que entra y, con ello, se dificulte la campaña mediática, de oropel, de Peña Nieto, con lo que se dudaría sobre la fortaleza real de dicha candidatura. También pierde porque se muestra como un partido dividido en dos grandes bandos: Paredes-Peña Nieto (al parecer con el padrinazgo de Salinas de Gortari), por un lado, vs. Beltrones-Gamboa, por el otro.
Por último, pierde Calderón, porque nadie cree que ni Nava ni Gómez Mont hayan actuado por su cuenta, y si así lo hubieran hecho, aún peor para un presidente, que no se entera de lo que hacen sus operadores. Pero quienes más pierden son la institucionalidad y la legalidad del país, mismas que, de nuevo, han sido obviadas, han sido atropelladas, por temores y por intereses electorales. Por cierto que ya hay denuncias de la izquierda al respecto. Altos son los costos y muchos los efectos colaterales de las alianzas y de los acuerdos de estos aprendices de políticos.
(*) Analista político y director general de Norlatina Consultores, SA de CV
norlatin@prodigy.net.mx
