Ni grupitos ni caciques…
Alfonso C. del Real López
Jueves 11 de marzo de 2010
En mi colaboración de ayer daba cuenta de la forma en que Miguel Alonso se ha convertido en el candidato a gobernador de la coalición PRI-Verde-Nueva Alianza, y hoy quisiera aprovechar para explicar por qué su servidor, estimados tres lectores, hubiera preferido a Pepe Aguirre.
Por una razón muy sencilla: creo que Pepe es lo que se necesita en Zacatecas en estos tiempos tan difíciles, corruptos, violentos y de escasez. Tenía fe (tengo, porque la fe es lo último que se muere, ¿no?) en que Pepe Aguirre iba a apostarle en su gobierno a crear empleos; con Pepe pudo haber un parteaguas en la historia de Zacatecas donde la sociedad civil decidiera y participara. Se generarían las condiciones de “desarrollo, progreso, justicia, equidad, inclusión y unidad“, parafraseando la justificación de la alianza del PRI con el Verde y Nueva Alianza.
Pensé que Pepe –al igual que Miguel– no era un cuadro militante activo del PRI, pero comulgaba con el partido más que ningún otro personaje de su naturaleza social; no es alguien que haya tenido un cargo gracias al partido; es un hombre con una visión práctica (no pragmática) de la realidad y no se anda por las ramas. No le debe lealtad a grupitos ni a caciques, y no niega su amistad con gente que ha detentado poder. Es un hombre de palabra y decisión. Esas características me hicieron creer. Bajo las circunstancias, yo hubiera preferido a alguien verdaderamente externo al partido y no contaminado por el actual PRI, o lo que es peor, comprometido con él. Por eso creí que el PRI sería inteligente y recapacitaría. Hasta ese punto llegó mi elucubración del futuro.
Yo apostaba a que si se daba la candidatura CIUDADANA de José Aguirre Campos y el PRI la arropaba se facilitaría la alianza interna del priísmo, ésa que se añora desde 1998, cuando todo estaba puesto para que Ricardo Monreal fuera el candidato. Pepe Aguirre hubiera tenido por lo menos más oportunidad de concretar la unidad de las diferentes vertientes del priísmo en la entidad, las mismas que no pudieron conjuntarse cuando perdieron José Olvera y José Bonilla en 1998 y 2004, respectivamente. Aguirre, para mí, hubiera sido el factor de unidad por una razón simple: pudo haber hecho compromisos con el PRI antes que con otro partido.
Me imaginé la “alineación priísta para competir en el mundial”. Pensé que si Pepe Aguirre iba a la gubernatura, ¡uff! Tendríamos un candidatazo. Pepe a la gubernatura, Alonso a la presidencia de Zacatecas, Jason Barker a la de Fresnillo, Roberto Luévano a Guadalupe e incluso Roque Márquez en Jerez; imaginé de candidatos a diputados locales en Zacatecas a Carlos Puente y a Paco Rivera (del Comité Municipal del PRI); en Fresnillo, a Laura Herrera y Mario Rivera; en Guadalupe, a Aldo Flores o Xerardo Ramírez y a Vinicio Hernández o Perla Martínez. Imaginé en el distrito de Río Grande a Filemón García; en el de Jerez, a Eduardo López, en fin… varios más… pero bueno, ya me di cuenta que la política no es una carta al Niño Dios o a Santa Claus, ¡ja, ja, ja, ja!
Con esa alineación, pensé, los otros partidos no le verán ni el polvo al PRI. En esa alineación, la candidatura de Miguel a la presidencia municipal hubiera sido la piedra angular de la elección en Zacatecas, pues el voto urbano de la capital lo hubiera abrazado con calidez. Esa candidatura a la presidencia municipal hubiera sido natural. Pero bueno, el PRI es el lobo del PRI, y con los manejos que a mi juicio han hecho de las candidaturas y de las alianzas, esa ilusión se echó por los suelos.
Creo que se sobrestimó la alianza externa y se subestima la capacidad de reacción del PRD y del gobierno, además del papel que el PAN puede hacer en la elección; además, se minimiza el descontento de la militancia, o, por lo menos, de una gran parte que ve con tristeza cómo el partido y cuadros que gracias a él vivieron políticamente ahora se entregan a las decisiones de aquéllos que hicieron mucho en su contra y que renegaron de sus colores. Eso no se olvida fácilmente y espero que no se vea reflejado en “el voto duro” que el PRI cree tener ahorita.
En fin, mientras son peras o son manzanas, repito, ojalá que por el bien del partido, el tiempo y los resultados electorales me hagan tragarme mis palabras. Ojalá que se privilegie la alianza interna, porque para mí un PRI cohesionado abonará a elevar la calidad de la contienda electoral; hasta ahora no logro explicar por qué en el partido no parece haber conciencia de que la mesa está servida para recuperar el gobierno, pero tendrían que ser otros los comensales. Creo que un estadista se daría cuenta de ello, un “político” no. Un estadista podría darle una lectura diferente a esta coyuntura electoral: la gente está dispuesta a un cambio, a apostar por el PRI como partido (aunque haya quien dice que ahora es el candidato el que gana y no el partido) antes de darle su voto a otros seis años de dudoso avance. La democracia y los triunfos electorales a veces imponen encrucijadas donde se debe tomar la decisión de sacrificar las aspiraciones personales y beneficiar el éxito de la colectividad.
No vino Beatriz a tomar la protesta. ¿Qué mensaje hay detrás? ¿Qué se puede interpretar? Yo, un futurólogo de café, creo que la información que se le ha dado al CEN del PRI para la elección de gobernador en Zacatecas ha sido falseada y malinterpretada intencionalmente, manipulada para tapar el Sol con un dedo; es cierto que Miguel puntea en muchas preferencias, pero de eso a que una encuesta asegure un resultado, dista mucho. ¿O hay alguien que asegure que lo que dice una encuesta de preferencia electoral se convierte en realidad el día de la elección? ¿Acaso las encuestas convencen a la gente de votar?
Además, la caballada que debería acompañar sus aspiraciones a la gubernatura no sé si sea flaca o no, pero sí sé que tendrá que hacer un esfuerzo titánico para ganar, pues de acuerdo a las elecciones de 2007 y 2009, el PRI es ¡cuarta fuerza! en Fresnillo, ¡tercera fuerza! en Zacatecas y Guadalupe, y segunda fuerza en Jerez. ¡Ahí nomás! Sin embargo, se ha vendido la idea fuera de Zacatecas de que con la candidatura de Miguel a la gubernatura, lo demás es “pan comido”. Hay que subirse al carro de Alonso y ya ganamos. ¿Seguros?
No haber hecho alianza con el PT significa que el PRD tendrá menos votos, pero no que el PRI tendrá más. Ojo con eso también, pues las cuentas electorales de muchos piensan que uno más uno son dos, cuando en política electoral, ahora más que nunca, el resultado no está escrito y nadie de la oposición tiene asegurado el apoyo, pues gracias al PRD y a la mutación que hizo de los viejos estilos priístas, ahora “billete mata carita”, ergo “lanita compra votito a como dé lugar”. ¿O hay alguien en su sano juicio en el partido que dude de eso?
Finalmente, dos comentarios: líderes priístas (todos, dirigencias, sectores y organizaciones), demuestren altura de miras y reconozcan que la crítica es algo que, en el peor de los escenarios, puede ayudar a mejorar. ¿Y yo? Yo no dejaré de decir y escribir lo que creo y pienso, pues creo en el valor de la política para transformar positivamente a la sociedad. Y si quieren debatir o discutir ideas, tengo una oficinita en Starbucks frente a Sam’s, martes y jueves atiendo por la tarde. Estoy a sus órdenes.
Segundo, quiero dejar en claro que creo firmemente que Pepe Aguirre no necesita ser gobernador, pero sí que Zacatecas necesita que lo gobierne alguien como Pepe Aguirre. Al tiempo.
¡TAREA! Mis tres lectores: vamos a pensar en candidaturas de calzador.
