Cuarto Informe de Gobierno
José Luis Miranda (*)
Miércoles 1 de septiembre de 2010
Una pregunta que considero fundamental para evaluar el desempeño de la actual administración, a más de la mitad del sexenio, es: ¿Cómo llega el presidente Felipe Calderón a su Cuarto Informe de Gobierno? Pregunta pertinente porque todavía para algunos sigue siendo vigente aquella vieja conseja política heredada del autoritarismo priísta en nuestro país que rezaba: “si le va bien al presidente, le va bien a México, y nos va bien a todos”. Cuestión que, desde mi punto de vista, hoy es absolutamente falsa.
Hace rato ya que, por suerte, el destino del país no está ligado al éxito personal del inquilino de Los Pinos. Desde hace tiempo el país más bien sobrevive a pesar de sus presidentes. Pero, volviendo a la pregunta, pienso que Calderón llega a su Cuarto Informe sumamente desgastado políticamente, con una credibilidad a la baja, con una gran desilusión hacia su gobierno y con un gran temor social respecto del incremento de la violencia, además de la impresionante carga de muertos en su fallida guerra en contra del crimen organizado, y un discurso cada vez más autoritario que ubica las supuestas “consultas” a la sociedad sólo como mamparas formales de un espectáculo en el que él es el único director y decisor.
Por todo esto, llega a su Cuarto Informe de Gobierno un presidente debilitado y harto. Debilitado porque, además de lo decepcionante de su administración, en el ámbito estrictamente político ya no cuanta con la mancuerna priísta de gobierno que lo acompañó en casi toda la primera mitad de su sexenio. Difícilmente en los años que le restan se realizarán reformas de gran calado, con un gobierno no sólo dividido como el que tenemos, sino también con un gobierno distanciado de su aliado, de ese que incluso lo apoyó para su toma de posesión como presidente de la República.
Sin embargo, existen posibilidades para un reacercamiento entre la presidencia y el PRI, remotas, pero existen. Y pasan por la no realización de alianzas electorales opositoras en el Estado de México. Recordemos que el principal motivo de distanciamiento entre esos dos importantes actores políticos fue la alianza electoral que se verificó en varios estados de la República entre el PAN y el PRD, con lo que estos dos partidos pudieron obtener triunfos que de otra manera eran impensables.
Pero del tamaño de esos triunfos electorales es ahora el del distanciamiento entre las fuerzas que le permitieron a Felipe Calderón ejercer cierta perspectiva de gobierno. Recordemos que tal es ese distanciamiento que hoy se perfila ya otro tipo de alianzas legislativas, ahora entre el PRI y el PRD que pretenden pegarle al gobierno en donde más le duele, en los recursos económicos, en regresar el IVA al 15 por ciento y 10 por ciento en la zona fronteriza. Pero el elemento que definitivamente juega en contra del reencuentro de la presidencia y del PRI es el que se sintetiza con los afanes aliancistas del PAN y el PRD, que se pretenden replicar para la elección de gobernador en el Estado de México el año que entra, lo cual sería toda una afrenta en contra del PRI, si recordamos que hasta documentos firmados existen (pactos o acuerdos, como se le quiera llamar) para evitar una alianza de esa naturaleza en los dominios del principal de sus precandidatos a la presidencia de la República hacia el 2010, Enrique Peña Nieto.
Decíamos que, además de debilitado, Felipe Calderón está harto. Sólo con un estado de ánimo de esta naturaleza nos podemos explicar sus declaraciones recientes en el sentido de que le “cansa la cantaleta respecto del abuso de los militares”. Sólo un presidente desinformado o insensible puede reducir una serie de denuncias documentadas y retomadas como recomendaciones formales a la Secretaría de la Defensa Nacional por parte de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (y aceptada como recomendación por la propia Defensa Nacional), al calificativo peyorativo de “cantaleta” (cuyos sinónimos son los de gritería, alboroto, ruido, confusión, entre otros). Y Calderón no es –o no debería ser– una gente desinformada, por el contrario, tendría que ser la persona mejor informada del país, por lo que únicamente queda la posibilidad de la insensibilidad, materia en la que efectivamente se ha destacado la presente administración.
Pero lo más lamentable del asunto es que, además de regañar a la población por sus “cantaletas” respecto de los abusos de los militares, lo hace también porque la sociedad no se hace cargo de su corresponsabilidad en un problema que todos padecemos, el de la inseguridad, y por si fuera poco Felipe Calderón ya nos recetó con la sentencia de que los militares seguirán en las calles hasta el último día de su mandato. Y todo en la misma semana en que la Defensa Nacional dio entrada a las recomendaciones de la CNDH precisamente por los abusos de los militares en el caso de los estudiantes asesinados en el Tec de Monterrey. En suma, Calderón hace caso omiso a estos hechos, hace caso omiso a la multitud de recomendaciones de una visión integral que se presentaron por diferentes sectores en los autoconvocados Diálogos por la Seguridad, y sigue apostando a su óptica parcial y militarista del problema de la violencia y la inseguridad, los que podríamos afirmar que ya estamos hartos de su cantaleta podríamos ser, legítimamente, nosotros, todos los ciudadanos.
Sin duda en el Cuarto Informe de Gobierno se destacarán algunas cifras y hechos: los 500 mil empleos generados; la mayor cobertura el Seguro Popular; la detención o aniquilamiento de algunos capos del narco (destacadamente los casos de Édgar Valdez Villareal (La Barbie) e Ignacio (Nacho) Coronel, entre otros muchos “logros”. Hechos y cifras que, siendo discutibles o no, palidecen al compararlas con el tamaño, profundidad y alcances del problema de la inseguridad y la violencia en México. Sin duda una selección de datos optimistas no podrá con la inercia de la crónica del dramático día a día que se reporta de mejor o peor manera en los medios de comunicación del país. Por lo que el ejercicio del Informe de Gobierno resultará, en mi opinión, en un trámite que poco tendrá de información y mucho menos de rendición de cuentas y transparencia. En un trámite en el que, más que explotarlo políticamente, Calderón tendría que pasar casi desapercibido, ya que queda muy mal parado al respecto.
Así es como llega Felipe Calderón a su Cuarto Informe de Gobierno. La pregunta alternativa, la trascendental, la más importante sería la siguiente: ¿cómo llegamos nosotros, los mexicanos, al cuarto año de gobierno de Felipe Calderón? Pero eso será tema de una futura colaboración.
(*) Analista político, director general de Norlatina Consultores, SA de CV
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