El verdadero daño
José de Jesús Reyes Ruiz Bustamante
Viernes 3 de septiembre de 2010
Si algunos piensan que el daño mayor del desgobierno de Amalia García Medina ha sido el provocado a Zacatecas y a los zacatecanos considero que, por esta vez, se equivocan. El daño mayor e irreparable que esta mujer provocó con su manera de gobernar, pero sobre todo, con su desinterés por todo lo que fuera Zacatecas y los zacatecanos, y por encima de todo, su declinación del poder para dejarlo en manos de su hija es y será por muchos años sobre aquello que aún conocemos como la izquierda y sus posibilidades para volver a gobernar.
Ya hemos dado esta discusión en el pasado, sabemos que muchos, hoy en día, han dejado de creer en estos términos, de izquierdas y derechas, y ven a toda la clase política como de un mismo color, es decir, sin ideología alguna, pero debemos, una vez más, argumentar que el concepto sigue vigente.
Al referirnos a la izquierda de ninguna manera queremos decir que esté representada, ahora menos que nunca, por el PRD, este partido político, de tiempo atrás, dejó de representar esta forma de vida –que no ideología– y, aunque en sus estatutos se defina como un partido de izquierda (discusión que se dio hace ya un lustro), sus cúpulas, no de ahora, sino de siempre, han sido fieles representantes –en lo individual– de una forma de ser que refleja los usos y costumbres de la clase política mexicana –de toda ella–.
En más de una ocasión hemos afirmado con argumentos sólidos que, en el momento actual, ser de izquierda no representa el tener una ideología o una manera de pensar determinada, porque simple y sencillamente es de izquierda quien privilegia los intereses comunitarios frente a los individuales, es decir, representa una forma de vida más que una forma de pensar, de aquellos que eligen servir y no servirse de los demás, en pro de sus intereses.
La derecha es todo lo contrario, porque privilegia los intereses personales frente a los comunitarios. Y esto es una actitud válida frente a la vida. Yo recuerdo, hace algunos años, haber dado esta discusión frente a un norteamericano de ascendencia italiana y republicano de toda la vida, quien me explicaba que para él lo primero era él mismo y su familia, que si ellos estaban bien, entonces podría pensar en los demás. Esto también lo aplicaba a las actitudes –que desde su punto de vista nada tenían que ver con el egoísmo– de su país, los Estados Unidos. Nuestro país (decía) tiene que ver, y así queremos que sea, primero y antes que nada por nuestros intereses, y cuando éstos estén de alguna forma satisfechos (nunca), entonces, y sólo entonces, podrán voltear al resto del mundo.
Cualquiera podría argumentar que no existe sobre la tierra quien tenga entonces una mentalidad de izquierda. Les tendría que asegurar que se equivocan, claro que no en los miembros de la clase política, no, de ninguna manera (aunque podría haber excepciones que confirmen la regla), para los miembros de la clase política siempre estarán primero los intereses personales y de grupo que los del resto de los mexicanos.
Esto lo vemos todos los días, por poner un solo ejemplo, en el actuar tanto del Poder Legislativo como del Ejecutivo. En el primero, lejos de pensar en una reforma que sea de utilidad a todos los mexicanos, al país en su conjunto, primero se evalúan los pros y los contras que esa reforma traería para quien la promueva y/o a su grupo.
Manlio Fabio Beltrones, senador priísta, tiene buenas propuestas, y sin embargo sólo las impulsa en el momento que estas le brinden beneficios, y si el cálculo es el adecuado, las suelta; lo mismo Felipe Calderón, quien hoy en día sólo piensa en el proceso sucesorio (alguien escribió que había jurado en la tumba de su padre que jamás le regresaría el poder al PRI) pero este cálculo no lo hace pensando en el bien de México (ya después se mentaliza y se convence a sí mismo, que su actuar tiene ese objetivo) sino por el interés personal o el de su grupo (el PAN).
Lo mismo podríamos decir para personajes que se definen de izquierda. Recordemos que Andrés Manuel López Obrador, cuando era jefe de Gobierno del DF, evitó promover reformas como la del aborto, sólo para no confrontarse con la Iglesia, es decir, vio, no por sus convicciones e ideologías, sino por un beneficio personal electoral, y Marcelo Ebrad impulsa estas reformas después de haber hecho las cuentas de los pros y los contras que lograría, para sí mismo, al impulsarlas.
Es decir, nadie se salva, mucho menos los miembros de la clase política, y si algún “joven político” se planteó metas que logró a base de esfuerzo, pudiera situarse dentro de esas raras y valiosas excepciones, sólo mientras no le llegue el deseo de seguir subiendo los escalones de la carrera política y comience a basar sus actitudes en la medida que le favorezcan a su futuro, ojalá que este no sea el caso.
A la pregunta de si existen hombres y mujeres de izquierda la respuesta es afirmativa. Existen seres humanos con la vocación de servir a los demás, dentro de la Iglesia Católica los hay en las bases, aquellos que organizan las casas de protección a los emigrantes por ejemplo, obispos como Raúl Vera, de Saltillo, o Samuel Ruiz, emérito de San Cristóbal de las Casas, o el padre Miguel Concha, quienes dedican su vida a las causas de los demás.
El más claro ejemplo de lo que es ser de izquierda la encontramos en los indígenas de Chiapas, porque ellos crecieron así, ajenos a todo individualismo, para ellos esto es algo que no existe, y sólo piensan en el bien comunitario y por ello se constituyen como ejemplos a seguir.
Cuando los zacatecanos le reclaman a la izquierda el haberle dado la oportunidad de hacer un buen gobierno, con resultados desastrosos, la realidad es que deben reclamar a personas de carne y hueso, que en el mejor de los casos desviaron su camino, al menos el camino que dijeron haberse trazado, porque terminaron privilegiando sus intereses personales a los de la comunidad, que el electorado les dio para bien gobernar.
Es decir, le fallaron, nos fallaron a todos, pero sobre todas las cosas, le fallaron a la izquierda con todas las consecuencias que esto implica.

CIUDADANO
Viernes 3 de septiembre de 2010, 9:12 PM horas
Excelente reseña es importante comentar que la posible solición seria una reforma al artículo 41 de la constitución y permitir candidaturas independientes ciudadanos, preparados, que tengan compromiso con el pueblo y no con los partidos políticos, un ejemplo se dio en la legislatura que aprobo cuentas publicas y observaciones de la asf hacia el gobierno de amalia garcia a cambio de no sancionar a presidentes municipales de su partido es ahi cuando los intereses del partido se anteponen a los de la sociedad, ojala que esta iniciativa se debata y se apruebe en la proxima legislatura saludos.
Analista
Sábado 4 de septiembre de 2010, 1:22 PM horas
Es muy cierto lo que dice el artículo, el mayor daño que causó Amalia fue a la imagen que se tenía de la izquierda. Toda vez que aunque presuntamente ella militó en el Partido Comunista de los 70′s, de extrema izquierda, y luego en el PRD con su corriente llamada el Foro Sol, sin embargo, en los hechos, y por su forma de dizque gobernar fue la de una monarquía absolutista del siglo XVI. Y evidentemente que una de los consecuencias inmediatas fue su rotundo fracaso en las urnas el pasado 4 de julio. Pues el pueblo harto de hipocresía, soberbia y corrupción, le propinó una dolorosa y humillante derrota de la cual aún supura odio y rencor por la herida que le tardará muchos años en sanar.