Mujeres en el risco
Martín Carcaño
Martes 9 de marzo de 2010
A Rosario Robles Berlanga, ex presidenta nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y ex jefa de Gobierno del Distrito Federal, en algún momento le dio el mal de amores, como es ampliamente conocido.
Bien se podría recomendar a Chayo Robles un alegato, aunque ya poca falta hace, para tratar de explicar aquella relación cercanísima con el empresario argentino-mexicano Carlos Ahumada, protagonista de mil y un escándalos: “Él me traía flores, yo le daba contratos”, tal como lo resumió en forma sencilla y cuasi novelesca el compañero Simitrio Quezada, una de las víboras del Serpentario, la mesa de análisis periodístico de NTR Medios de Comunicación que usted puede ver, por supuesto, a través del Canal 44 de TV Zac, La Mejor Televisión, los sábados de 10 a 12 horas, en vivo, y en sus correspondientes retransmisiones, o bien, en nuestra plataforma digital. Basta con echarle un vistazo a www.ntrzacatecas.com. Ahí están todas las producciones.
El caso es que ella, Chayo Robles, tuvo y tiene su historia. Ayer la vi, fue casualidad. Se trasmitía poco antes del mediodía el programa Mujeres en el risco, por Mexicanal. Conduce Tere Vale, espléndida, como siempre, y regularmente le acompañan Rose Mary Espino, Aurora Cano, la ya mencionada ex dirigente nacional perredista y, en el caso de ayer, el médico Gerardo Rodríguez Diez, egresado de la Universidad La Salle y con varios posgrados como para presumir.
Total que fue un despiporre televisivo genial, porque nunca te imaginas, la neta, que te toque ver a Chayo Robles, o a cualquiera otra de las conocidas contertulias, hablar de sus regulares vistas al ginecólogo, en el mejor papel de ellas mismas, como seres humanos, de que si les recetan hormonas, de que si cada vez son más frecuentes los ataques de ansiedad y de pánico entre las madres de familia, sobre todo en las grandes ciudades.
Pero Robles fue, va de nuez, quien más me sorprendió. En medio de las cotidianas preocupaciones suelta, sin más, trocitos de una visión de Estado. Ha dicho, por ejemplo, que en México la sociedad no se ha reorganizado en torno al hecho de que las mujeres, en su mayoría, ya no están en casa.
Ha dicho, por ejemplo, que una medida de fondo para, verdaderamente, abrir paso a la vida productiva de las mujeres es una modificación completa a los horarios escolares para evitar que los hijos se queden aislados durante prolongados periodos y, en el mejor de los casos, “encargados” con “alguien” o a un lado de la oficina de la madre, a expensas de cualquier cantidad de factores de peligro, sobre todo los relacionados con la soledad.
Convencen, pues, tales planteamientos, de que no todo en la vida es el poder que corrompe y pervierte, sino errar y corregir. El ir y volver.
De salida
En Zacatecas, mientras tanto, la pretendida equidad es una falacia que alcanza bien para apoyos económicos condicionados a cierta preferencia política para las madres solteras, para insultantes “certificaciones”. O séase, patrañas.
