Simulacro de inclusión
Martín Carcaño
Miércoles 25 de agosto de 2010
Dos muy distintas caras y modos de actuar mostró ayer el equipo de Miguel Alejandro Alonso Reyes, diputado local con licencia y gobernador electo, justo en el momento en que empieza el natural acomodo de las calabazas, al apresurado ritmo de la carreta, cuando quedan menos de tres semanas a la administración de Amalia Dolores García Medina, muy a pesar de ella misma y de quienes le acompañarán hasta el último minuto del mandato.
Por una parte, Judith Guerrero, vocera del mandatario a punto de entrar en funciones, dio una muestra contundente de que tiene ya suficientes tablas y explicó, palabras más, palabras menos, que la inclusión de representantes de instituciones públicas y organismos privados como testigos del proceso de recepción del gobierno corresponde a una decisión de Miguel Alonso y él está facultado, legalmente, para hacerlo.
Hasta ahí no hay materia de discusión, pero, una cosa es convidar como observadores a quienes quieran, y otra muy diferente es el ámbito de las responsabilidades. Quienes entregan la administración estatal deben hacerlo con estricto apego a la ley, lo saben muy bien, y sólo quienes la reciben podrán determinar si hay o no indicios de posibles irregularidades.
Llama la atención, por ello, que ahora se esté preparando un demagógico juego en el que la sociedad civil sería una especie de aval solidario del nuevo gobierno ante la falta de voluntad y/o de valor para clarificar los manejos indebidos en que hubiesen incurrido funcionarios del actual régimen y aplicar la ley, nada más, contra quienes hayan defraudado la confianza depositada en ellos como servidores públicos.
¿Por qué no atiende cada cual su parte? La sociedad civil, en serio, está muy pendiente de lo que hará Miguel Alonso. Hay más de un millón de zacatecanos, sólo en la entidad y con derecho a voto, que observarán en forma permanente el actuar del nuevo gobierno.
La entrega-recepción es un asunto institucional que no requiere de paleros, al menos en los países democráticos.
Más grave aún es el hecho de que, según el boletín oficial emitido ayer por la oficina que sigue a cargo del ex seminarista Miguel Rivera Sánchez, la incorporación de representantes de las universidades autónomas de Zacatecas y Durango, así como de los constructores en el comité de recepción del gobierno sea una muestra de “respaldo incondicional”, sic y recontrasic, para Miguel Alonso.
Esa es, justamente, la cereza del pastel. Estamos a paso de confirmar, pues, que la sociedad civil sería, en el mejor de los casos, una comparsa en el simulacro de la inclusión.
¿Corresponde a la verdad eso de que la UAZ, la UAD y los miembros o socios de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción respaldan de manera incondicional a Miguel Alonso?
No habrá, entonces, manera alguna de que trasmitan a la vocera Judith Guerrero, para que ella lo diga oficialmente a la prensa, inquietudes o incluso “observaciones” que se relacionen con las fallas en que pudieran incurrir los miembros del equipo alonsista.
La condición de incondicionales que atribuye el ex seminarista Rivera Sánchez a los acomedidos “testigos” mandó al carajo cualquier buena intención.
De salida
Pensar que bastaría un poquito de firmeza…
