Escasa dignidad
Martín Carcaño
Jueves 2 de septiembre de 2010
En cobarde actitud de victimización hemos visto ya varias veces, desde hace años, al aún secretario general de Gobierno, Octavio Macías Solís. Pero a él corresponderían, más bien, papelillos de quinta en cualquier representación teatral, siempre y cuando fuera aceptado por el resto de quienes formen el hipotético elenco.
Si tuviera una pizca de vergüenza diría, abiertamente, que otorgaba a su hijo, sin más trámite de por medio, la facultad extralegal de suplantarlo como profesor en la Unidad Académica de Derecho de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Pero también se requiere dignidad.
A Octavio Macías ha tratado de defenderlo el diputado local convergente Félix Vázquez Acuña, quien acusó al rector Francisco Javier Domínguez Garay hasta de inhumano, por dar de baja al funcionario estatal de la nómina universitaria, y lo único que resta preguntarse es, claro está, si Vázquez es igual a Macías o apenas quiere empezar a parecérsele, y lleva las de perder en cualquiera de los dos posibles escenarios.
¿Se vale que los señores representantes populares (ajá, ajá) exhiban, impunemente, su ignorancia y sus afanes por el personal lucimiento, por figurar entre los más bravos del condado, aunque sea en defensa de nefastos?
Con Félix Vázquez sería bueno compartir, nada más para su consumo personal, el hecho irrefutable, comprobable, además, de que la actitud de singular (y plural) desprecio de Amalia Dolores García Medina a la educación pública, en especial hacia la UAZ, fue invariablemente asumida, a manera de personal convicción, por miedo a perder la “chambita” de secretario general de Gobierno, o porque se le dio su regalada gana, por Octavio Macías.
Si un hombre está en la disyuntiva de escoger lealtades tiene derecho a equivocarse, pero es ridículo que, además, se muestre, lloriqueando, para obtener la compasión pública.
¡Está muy escasa la dignidad!
Con Félix Vázquez, oficioso defensor de oficio de Octavio Macías, sería bueno compartir, sólo para que deje de hablar “de oídas”, como se dice en el condado, por si de algo le sirve en sus últimos días como diputado, que gracias a la cobardía de su “cliente”, la UAZ perdería hasta 80 millones de pesos, sólo este año, porque no podrá acceder a fondos federales ni mucho menos obtener aportaciones estatales para ampliación de matrícula, reconocimiento de plantilla docente y diversificación de oferta educativa.
Desde febrero, lo sabe perfectamente, el secretario general de Gobierno debió dar trámite a una serie de gestiones que, por increíble que parezca, tenían más respaldo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que de la administración encabezada por Amalia Dolores García.
¿Estamos, pues, ante una venganza?
Desde luego que no. Ya lo decía a cada rato un ex candidato a gobernador y ahora dirigente partidista: Amor con amor se paga…
De salida
Cancelar la posibilidad de que más jóvenes puedan forjarse un mejor destino es una canallada, es una bajeza en toda la extensión de la palabra.
