María Isabel Andrade, sobreviviente de la Revolución
Fabiola Salmón/ntrzacatecas.com
Lunes 7 de diciembre de 2009
Entradas relacionadas
- Se consolida Entrada Group como generador de empleos
- Critican incumplimientos de actual gobierno local
- Irán por camioneta recuperada a Tamaulipas
- Anuncia líder sindical pagos de aguinaldos
- Señora cumplida pone el ejemplo
- Promete Ulloa encontrar a ladrones de sistemas de riego
- Reclaman colonos de la Minera vivir entre deficiencias
- El Epazote, sin drenaje ni pavimento
Zacatecas, Fresnillo.- María Isabel Andrade Ibarra recuerda con profunda tristeza pasajes negros de la Revolución que inició en 1910; sin embargo agradece a Dios pues le ha permitido vivir muchos años, pero con dolor dice que ha visto morir no sólo a todos los de su generación, sino también a todos los de su familia, aunque también asegura que haber conocido a sus nietos y bisnietos es una bendición.
Con recuerdos muy tristes e imágenes sangrientas en su memoria algo atrofiada por los años, María Isabel no quiere acordarse de lo que vivió cuando ella era niña, pues le tocó ver morir a sus hermanos, amigos, conocidos y mucha gente inocente, algunos conocidos y otros desconocidos, pero eso no importa, “ver morir a alguien es terrible”, asegura, y más la forma brutal en la que los soldados mataban a mujeres y niños.
Doña Isabel nació en la hacienda Carretillo, Sombrerete, y a los 15 años se mudó a El Mineral; casada y con tres hijos comenzó a trabajar en casa.
Dice que, a diferencia de otras mujeres de la época, no tuvo más hijos porque no pudo y eso le afectó emocionalmente, pero lo superó y después comprendió que era mejor así, pues mantenerlos sola era verdaderamente difícil.
Poco a poco fueron recuperándose y tratando de olvidar se propuso sacar adelante a sus hijos, quienes al paso de los años crecieron y debido a que desde muy chicos trabajaron les fue imposible seguir estudiando, además de que la situación era cada vez más difícil y se necesitaba conseguir dinero para sobrevivir, por lo que desde niños han luchado.
Uno a uno sus hijos se fueron casando y formando su propia familia, al igual que Isabel cada uno de ellos ha tratado de abrirse paso en la vida y de sacar adelante a su familia.
Doña Isabel ahora vive con su hija, quien tiene tres hijos, pero el resto de la familia siempre está al pendiente de ella; debido a su avanzada edad, doña Isabel ya no sale a la calle, pues su memoria la traiciona.
Tiene 104 años de edad y a decir de sus familiares a veces se comporta como una niña, al grado de pedir que la lleven con su madre, por lo que con gran paciencia y amor le responden que en un ratito ésta vendrá por ella, sus hijos aseguran que su madre en todos estos años les platicó muy poco de sus vivencias en la Revolución, pues es un tema que la lastimaba mucho y siempre terminaba llorando.
Hoy agradece que Dios le haya dado una familia que cuida de ella y, aunque a decir de su familia desvaría un poco, se siente afortunada de conocer a sus nietos y bisnietos, quienes conviven con ella y en ocasiones le piden que les cuente un poco de sus vivencias, luego de que terminó la revolución mexicana.
