De política y cosas peores

Armando Fuentes
Armando Fuentes

La temporada de fiestas pasó ya. Puedo entonces, sin mengua del espíritu que se prolonga hasta la Candelaria, narrar “El Chiste más Pelado de Principio de Año”. Confieso que para arrojarme a tal audacia me prevalgo de una fortuita circunstancia: doña Tebaida Tridua, encargada –por propio nombramiento– de cuidar la moralidad ajena, no pudo regresar…

De política y cosas peores

Armando Fuentes
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La causa de aquel lance de honor fue Rosalina. Mujer de enhiesta proa y elevada popa, joven aún y de agraciado rostro, estaba casada con un señor entrado en años y cerca ya de salir de ellos, enhiesto de nada y elevado de ninguna parte. Se llamaba don Pacífico, nombre que llevaba con toda propiedad,…

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Armando Fuentes
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El médico rural fue por la noche a la casa de un joven granjero a fin de atender el primer parto de su esposa. Como no había ahí energía eléctrica el doctor usó para iluminarse una lámpara de baterías. “Ahí viene ya el niño” -dijo proyectando el haz de luz sobre la escena. Nació el…

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ARMANDO FUENTES
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Doña Paciana les comentó a sus amigas: “Blandino, mi marido, ha perdido últimamente su vigor sexual”. Preguntó una: “Y ¿qué han hecho al respecto?”. Contestó ella: “Estamos en tratamiento”. Inquirió la otra: “¿En qué consiste ese tratamiento?”. Explicó doña Paciana: “Él trata y yo miento”… Don Añilio, caballero de edad más que madura, fue con…

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Armando Fuentes
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Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, entró por equivocación en una librería. Al verse ahí pidió un libro para disimular su error. Le dijo el encargado: “Nos acaba de llegar ‘El cardenal’”. Contestó ella: “No leo literatura religiosa”. Aclaró el hombre: “El libro trata del pájaro”. Replicó doña Panoplia: “Pornografía menos”. Don Artricio,…

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Armando Fuentes
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Lord Feebledick regresó de la cacería de la zorra y sorprendió a su mujer, lady Loosebloomers, en trato de fornicación con Wellh Ung, el membrudo mancebo encargado de la cría de faisanes. Le dijo con iracundia a la mujer: “¡Mesalina! ¡Thais! ¡Friné! ¡Dalila! ¡Aspasia! ¡Jezabel! ¿Esto es lo que haces cuando estoy ausente?”. “No -replicó…

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Armando Fuentes
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Dos señoras que no se conocían entre sí entablaron conversación en una banca del centro comercial. Ambas tenían que esperar a que se les enfriaran sus tarjetas de crédito. Dijo una: “Mi esposo es tocólogo”. Declaró la otra: “El mío es meteorólogo”. “¡Qué afortunada eres! –exclamó la primera–. Tu marido no deja las cosas empezadas”….

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Armando Fuentes
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Unos recién casados llegaron al hotel donde pasarían su noche de bodas. El botones que los acompañó a su habitación se intrigó al oír que el novio decía una y otra vez: “PC”, en tanto que la novia contestaba: “No. PD”. Repetía él: “Te digo que PC”. “No –volvía a negar ella–. PD”. Ya que…

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Armando Fuentes
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Una de las profesiones más difíciles del mundo, a más de las de neurocirujano, astronauta de la NASA y físico nuclear, es la de peluquero. Mi amigo Gino Marco, a quien conocí en Nueva York cuando él cursaba estudios en Columbia y yo hacía mis prácticas de periodismo en la revista Look, se hizo barbero…

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Armando Fuentes
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“Querida Doctora Corazón: ¿por qué siempre que mi esposo me hace el amor cierra los ojos? Atentamente, Picia”. “Estimada Picia: Para responder a tu pregunta necesito que me envíes una fotografía tuya”. En el aeropuerto del lugar donde vive Babalucas hay un letrero: “No les echen semillitas. Bajan solos”. El jefe revolucionario cayó en manos…

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ARMANDO FUENTES
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Llorosa, tribulada, gemebunda, Dulciflor le anunció a su mamá: “Estoy embarazada”. La señora reaccionó pronunciando una jaculatoria de su tiempo: “¡Mano Poderosa!”. Los cinco dedos de la mano a que alude esa pía invocación simbolizan a la Sagrada Familia: Jesús, José y María, y a los ancianos padres de la Virgen: señora Santa Ana y…

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Armando Fuentes
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“¿Con qué frecuencia hace usted el amor?”. Eso le preguntó el doctor Ken Hosanna al maduro caballero en quien advirtió síntomas de lo que en francés se llama surmenage, vale decir agotamiento físico y mental. Respondió el paciente: “Hago el amor cuatro veces al año. Cinco, en los años buenos”. El facultativo tuvo que reprimir…