Otra de Ebrard
Enrique Laviada
Martes 2 de marzo de 2010
Este domingo, mientras le caían encima críticas sobre las obras mal hechas e inconclusas, Marcelo Ebrard recibía en su despacho del Zócalo a Pablo Ordaz, corresponsal del diario español El País, para hablar sobre dos o tres temas nacionales.
Según narra Ordaz, lo recibió Ebrard con un especial sentido del humor. Dice que se encontraba escuchando música clásica a todo volumen y al punto dijo, como justificándose: “Es para que no nos escuchen los espías de Los Pinos…”
Muy simpático, casi ingenioso, pues.
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Pero lo más sorprendente no fue el humorismo del jefe de gobierno perredista, sino sus declaraciones específicamente referidas a la “guerra” en contra del narcotráfico que emprende, desde el inicio de su mandato, el presidente Felipe Calderón.
Por su importancia, vale la pena reproducirlas textualmente para nuestros lectores. Están tomadas de la versión digital de El País, y siguen a la pregunta: ¿Cree que se agotó su mandato? (se refiere el corresponsal a Felipe Calderón), a lo que Ebrard responde: “Sí, porque está atorado con su tema de la guerra. Esto es como la guerra de Vietnam (….) Se ha metido en una guerra donde (sic) nunca va a tener una victoria suficiente (sic), y en el camino, su desgaste es cada vez mayor. A esto agrega Ebrard con sorprendente suspicacia: “Yo creo que entre los que lo rodean habrá gente inteligente que estará preguntándose, ¿cómo salimos de esto?”
Muy juicioso, casi convincente, pues.
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Desde luego, los cuestionamientos de Ebrard a la “guerra” de Calderón debieron tener como espacio a un periódico de otro país, de lo que no tiene la culpa ni el corresponsal ni dicho medio, pues en realidad se trata de una auténtica indisposición de los políticos mexicanos a ventilar sus diferencias de frente y sin rodeos.
Esto es: difícilmente Ebrard hubiera hecho algo similar rente a un medio mexicano: aquí todo, o casi todo, forma parte de la demagogia y la simulación.
Al contrario: Ebrard suele coincidir, motu proprio o mediante sus funcionarios, con el “combate decidido y frontal a la delincuencia organizada….el papel de las fuerzas armadas… la necesidad de reforzar los cuerpos policiacos” y un largo etcétera de convencionalismos.
Muy decidido, casi sincero, pues.
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Desde luego, Marcelo Ebrard no nos dice qué haría en lugar de “meterse en una guerra….” ¡comparable a la de Vietnam! Y si en lugar de ello habría que eludir el enfrentamiento con los poderosos cárteles del narcotráfico…. ¿o negociar con ellos? O qué diablos quiso decir con eso de “una guerra donde (sic) nunca va a tener una victoria suficiente (sic)…” A la que él, es decir, Marcelo Ebrard, no iría… ¿O no va en este momento?
Esas preguntas, naturalmente, no las hizo el corresponsal de El País, pero sí saltarían inmediatamente para cualquier periodista mexicano.
En lugar de ello, Ebrard se conforma con repetir los datos de la pobreza en nuestro país y sobre la injusta distribución de la riqueza y las escasas oportunidades de educación que tienen los jóvenes. Es decir: nos receta todo cuanto su partido, el PRD, puede obviar para aliarse electoralmente… ¡con la maldita derecha!
Con tono displicente, Ebrard concluye que el problema de la violencia en México no se resolverá con la policía (empezando por la suya, se entiende), sino mediante (aquí la hilaridad) “una estrategia muy vigorosa (sic) de inclusión social”, cualquier cosa que eso signifique.
Muy original, casi inédito, pues.
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Acertijo:
Que López Obrador llamó a cuentas. ¿Será?
