Quinta fila
Enrique Laviada
Jueves 4 de marzo de 2010
En una entrega reciente de El Balcón me referí a Juan Antonio Rangel como un empleado de quinta fila en el sexenio pasado, y lo hice con la intención sincera de ubicarlo en el mapa de la administración pública.
Con esto quiero decir que en verdad el tal Rangel nunca hubiera soñado cobrar notoriedad alguna con su participación, de no ser porque, al principio del actual sexenio, se aproximó con las debidas reverencias a Sonia Villarreal, a quien le ofreció traicionar a sus antiguos jefes para servir institucionalmente al nuevo gobierno.
Así lo prometió.
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De pronto, a J. Antonio Rangel se le encomendaron misiones específicas en el PRD para torpedear desde adentro a los Monreal, tanto como le fuera posible y con la desinteresada ayuda del gobierno estatal.
Desde ese momento, Rangel se alineó con el antimonrealismo y se fundió en solidaria causa con algunos aventajados integrantes del llamado Foro Nuevo Sol (la tribu de Amalia García dentro del PRD), como Gerardo Leyva, Sara Buerba y Petronilo Valadez, entre otros todavía menos importantes.
En las elecciones locales de 2007, a todos juntos los derrotó el empecinado David Monreal.
Entonces no funcionaron.
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La retribución de La Señora (así le dicen) fue especialmente generosa para J. Antonio Rangel, al ser nombrado secretario de Desarrollo Agropecuario, en sustitución del consentido pero no menos inútil Daniel Fajardo.
A Rangel le correspondió el papel de “cara dura” para justificar la cadena de fracasos que componen la política agraria del actual sexenio.
Estuvo en su puesto.
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Más recientemente, Rangel aceptó el “inmerecido honor” de volver a la carga “contra los caciques”, para lo cual renunció al gabinete de la gobernadora García.
Pero a los genios encargados de los asuntos de La Casa Gobernante se les ocurrió que luego entonces debería tener un sucesor tan entrañable para las hermanas García como Francisco Flores, alguien con los suficientes méritos para consolidar el anodinato y la mediocracia.
Para tales efectos se organizó la lustrosa ceremonia de formal traspaso del mando en la Sedagro, sin importar que J. Antonio Rangel (el servidor público que entrega, como lo definió la contralora Norma Julieta del Río) era en ese momento precandidato del PRD a la presidencia municipal de Fresnillo.
Todo fue maravilloso…. ¿O no?
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Acertijo:
Que alguien le regale a la gobernadora Amalia García un ejemplar de la Ley Electoral, otro de la Ley de la Administración Pública….y un calendario.
