Paredes contra la pared
Enrique Laviada
Jueves 11 de marzo de 2010
A pesar de que la política nacional no pasa precisamente por su mejor momento –la verdad sea dicha–, difícilmente podríamos encontrar un peor espectáculo que el brindado ayer por la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, en su calidad (baja) de parlamentaria.
Fue penosa la manera en la que se refugió en su curul, ante las embestidas del novel representante de la derecha, César Nava, en su condición (lamentable) más de representante presidencial que partidista.
Fatales, ambos.
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Sin embargo, a Paredes le tocó la peor parte: la de estar colocada a la defensiva, replegada en sus endebles argumentos, visiblemente turbada.
La tlaxcalteca dejó atrás sus poses de autosuficiencia e inconmensurable experiencia y habilidad para mostrarnos su faceta de encubridora.
Al conocerse públicamente los términos de un “acuerdo bilateral” (¿contrato?) que canjeaba votos a favor de ciertas políticas económicas a cambio de una especie de blindaje para Peña Nieto que lo salvara de una virtual alianza opositora de panistas y perredistas, Paredes se vio, literalmente, puesta contra la pared.
Su firma en el documento de marras servía para confirmar que en el PRI no hay más candidato a la presidencia en el 2012 que el engominado gobernador mexiquense.
Esto fue algo que no fue muy del gusto de Manlio Fabio Beltrones y sus seguidores.
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De modo que Beatriz Paredes quedó mal con la opinión pública y, al mismo tiempo, con su propio partido en el momento menos oportuno.
Fue a tal grado lamentable el episodio que, repentinamente, los fachosos dirigentes de la izquierda y la derecha, en medio de sus vergonzosas alianzas, se han tomado un inmerecido descanso.
Ahora la que se defiende es Paredes y todos le recriminan y la emplazan y la retan y la ningunean hasta cansarse.
La tienen contra la pared.
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Tan propicios se tornaron los tiempos que al espectáculo del desorden ideológico y la confusión argumental se sumó el inefable Porfirio Muñoz Ledo, quien a gritos y al borde de un infarto regañó a todo mundo.
Más tarde le siguió Fernández Noroña, representante plenipotenciario y cuasi parlamentario del Peje, quien ordenó a los diputados del PRI y del PAN disculparse ante el país por haber nacido.
Y en el extremo de la oportunidad, apareció Manuel Camacho, coordinador del DIA (cualquier cosa que eso signifique), al lado de Jesús Ortega, como para dejar en claro que todo puede caer aún más bajo y que las mezcolanzas sin principios tienen futuro.
¿Quién falta?
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Acertijo:
Los extremos se juntan sin vergüenza.
