Ebrard vs. Clero
Enrique Laviada
Martes 24 de agosto de 2010
No queda muy claro qué es exactamente lo que motivó a Marcelo Ebrard, gobernante perredista de la capital del país, a emprender una guerra ideológica contra el alto clero mexicano; ni siquiera entre sus más cercanos colaboradores existe la certeza, pues, de su conveniencia en estos momentos.
Por un lado se supone que en la controversia el jefe de Gobierno capitalino dejaría constancia de su adhesión a los postulados de la izquierda y su determinación de ser completamente consecuente con ellos.
Aunque también se habla de una supuesta estrategia (marketing político) para colocar a Marcelo en calidad de víctima y al borde de la excomunión, algo que distintos observadores llegaron a comparar con el intento de desafuero sufrido por López Obrador y que tantos dividendos electorales le produjo.
Pero no es lo mismo que lo mesmo.
Al poco tiempo de que Ebrard se metió en la disputa con el igualmente polémico cardenal Juan Sandoval empieza a perfilarse un cierto consenso en el sentido de que la tolerancia de la inmensa mayoría de los católicos en el país alcanza para aceptar los matrimonios entre parejas homosexuales, pero no sucede lo mismo con su derecho a la adopción.
De modo que los agitados propagandistas y animadores de Ebrard le habrían sugerido dejar constancia, en cada declaración, de su fe católica y desviar la atención a las acusaciones o la descalificación del cardenal de Guadalajara hacia los magistrados de la Suprema Corte.
Pero no es lo mismo que lo mesmo.
El hecho de que a Ebrard no le haya quedado más remedio que escalar su conflicto con el alto clero deja constancia, acaso, de una dudosa prisa por atraer reflectores.
El problema, según nos confirman algunos integrantes de la directiva nacional del PRD, es que “Marcelo no escogió un buen tema ni el mejor momento”, a pesar de que se vean obligados a defenderlo “a capa y espada” pero con fundados temores de que nada bueno saldrá del sainete.
Sobre todo porque, si bien entre la agenda de la izquierda y sus ofertas en todo el mundo se encuentra la defensa de los derechos de las minorías, también resulta cierto que todo programa tiene sus prioridades.
De modo que muchos de los seguidores de Ebrard preferirían verlo metido de lleno en el debate nacional acerca de la inseguridad o las reformas estructurales o el rumbo económico del país o el sentido actual de la democracia, con la misma convicción y enjundia con la que lo hace con los temas relacionados con la homosexualidad.
O sea que no es lo mismo que lo mesmo.
Acertijo:
Cómo estarán las cosas dentro del PRD, que Ebrard prefirió pelearse con El Cardenal y no con El Peje.
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