Oficio peligroso
Enrique Laviada
Miércoles 25 de agosto de 2010
De acuerdo con los informes presentados por representantes de la ONU y la OEA se advierte que México es el país más peligroso para ejercer el periodismo y eso volvió a encender las luces de alerta en las empresas dedicadas a la comunicación y, desde luego, entre el gremio.
No es para menos.
Los especialistas en la materia que han hecho públicas sus conclusiones insisten en que la situación de amenaza directa al ejercicio de las libertades de prensa y opinión es extremadamente grave.
La violencia en contra de los periodistas mexicanos se califica como “alarmante” y la situación tiende, además, a complicarse debido a la incapacidad de las autoridades para frenar los atentados y ofrecer mayores garantías a los comunicadores.
Eso es muy grave.
Ante los desalentadores informes presentados por los organismos internacionales no se hizo esperar la respuesta del gobierno que encabeza Felipe Calderón, aceptando las conclusiones, al tiempo que culpaba a las organizaciones criminales de la violencia en contra de los periodistas.
De ahí pasaron las autoridades federales al recurrente llamado a la sociedad civil para cerrar filas en torno a la política presidencial y su particular forma de entender la guerra en contra de la delincuencia organizada.
Más de lo mismo, pues.
Por su parte, la Comisión nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha tenido que reforzar los mecanismos y las acciones de sus dependencias encargadas de la protección a los derechos de los periodistas.
El problema reside, precisamente, en que el ámbito de los derechos humanos registra una escalada violenta que, con inaudita frecuencia, se mezcla con el cinismo, los abusos, la indolencia, el burocratismo, la corrupción y la impunidad.
Entonces todo se complica.
En el caso de Zacatecas ha sido evidente que las amenazas a las libertades democráticas, al “tejido social” y a las propias instituciones son inversamente proporcionales al escaso compromiso de las autoridades para enfrentar la situación.
Se sabe de cierto que la todavía gobernadora Amalia García no pudo, no supo o no quiso entrarle al asunto de la lucha en contra de los grupos delictivos… ¡excepto en sus discursos!
Durante seis años Amalia dejó constancia de que nunca contó con un plan integral para la seguridad pública y se limitó a realizar operaciones parciales o francamente dudosas.
Esa incertidumbre llegó, naturalmente, hasta los medios de comunicación locales, los mismos que nunca merecieron el respeto ni la consideración o atención de la gobernadora Amalia García, hasta el último mes de su mandato, en el que ha intentado, sin mucho éxito que digamos, “poner todo lo que está de su parte” para atender a los medios de comunicación de Zacatecas, en tres ocasiones consecutivas.
Demasiado tarde, pues.
Acertijo:
¿Y Miguel Alonso?
