NATALIA PESCADOR | NTRZACATECAS.COM
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MADRID. Este domingo inició la semana torista de la Feria de San Isidro, en la que se lidian “corridas duras” de hierros que exigen y se distinguen por su raza y bravura.

La fama ganada por la ganadería de Cuadri no correspondió con el encierro que se lidió en el coso venteño, una corrida infumable, sin raza y además con peligro, siendo la única excepción el jugado en sexto lugar, de ahí en más los toreros y cuadrillas buscaron solventar una difícil tarde.

Fernando Robleño perdió con la espada la posibilidad de cortar una oreja, quedando en una salida al tercio con el mérito de que expresó oficio y verdad.

José Carlos Venegas, tercer espada, también dejó momentos de valía con sus dos toros, dejando la nota dramática al llevarse dos volteretas de las que se repuso para confirmar que en Madrid se viene a demostrar; y de lo bueno, también lo malo, pues con el sexto tuvo matices y detalles aislados sin llegar a romper, quedándose por debajo de lo que el toro tuvo para dar; quiso pero no pudo.

Javier Castaño, el diestro que hace un año venció al cáncer y que ha luchado contracorriente, estuvo voluntarioso con los complicados toros que en suerte le correspondieron.

Teniente, de 549 kilos, fue el primero de la tarde para Fernando Robleño, quien dio un buen saludo capotero ante el primer inválido que fue protestado.

El toro de los Hijos de Celestino Cuadri no caminó, justo de fuerza y perdiendo las manos, haciendo más evidente su pobre condición en la suerte de varas, y aunque se protestó y solicitó el cambio, el presidente lo negó.

Una pena porque en la muleta se desplazó con dificultades, el toro no mereció el esfuerzo realizado por el torero; mató al segundo viaje para ser silenciado.

Su segundo, Pantanoso, de 590 kilos, un toro hondo de caja que echaba las manos por delante al capote del torero madrileño, quien tuvo solidez en su faena de muleta, terminando por imponerse; dominio y claridad, una tanda por derecho con tres pases de mucha calidad y solvencia que remató con el pase de pecho, para firmar con autenticidad.

El mando y poderío se mantuvo a lo largo de una faena asentada, donde terminó por sacar un fondo bueno del toro por el izquierdo; naturales muy finos, llevados con técnica y oficio, pues el toro no regalaba absolutamente nada, y cuando se sentía podido, protestaba.

De uno en uno fueron los muletazos posteriores, pero Robleño no flaqueó y, metido entre los pitones, buscó extraer hasta la última gota bebible; pinchazo y estocada para saludar en el tercio.

El diestro leonés Javier Castaño tuvo como primero a Sembrador, de 609 kilos, con el que lució en la suerte de varas de gran manera el picador Pedro Iturralde. En las cercanías se pasó el toro José Carlos Vengas para realizar un vibrante quite por saltilleras.

Brillante fue el tercio de banderillas donde los toreros de plata, Marco Leal y Fernando Sánchez, colocaron pares que les valieron la salida al tercio.

En la muleta tuvieron calidad los primeros muletazos de Castaño, que buscó las vueltas a un toro que sabía lo que dejaba atrás; siempre estuvo presente el peligro, porque se frenaba con brusquedad.

La faena se desarrolló entre altibajos y Castaño estuvo muy mal con la espada, siendo silenciado.

Con el quinto del festejo, Artillero, de 603 kilos, de nuevo enfrentó un toro peligroso al que apostó por el izquierdo, buscando taparle la cara, extrayendo una tanda meritoria, pero el toro se colaba y mostraba la incertidumbre en las embestidas. Mató al segundo viaje y fue silenciado.

José Carlos Venegas enfrentó a Misterioso, de 533 kilos, un toro que no hizo distintivo en juego a los anteriores, pero aquí fueron dos los elementos a vencer, por una parte, la brusquedad y peligro del toro, y por otra, el viento.

Sereno y pensando siempre lo que vendría después estuvo el torero nacido en Jaén. Por el izquierdo el toro desarrolló más sentido, Venegas se cruzó a pitón contrario; metido en los terrenos y aguantando los parones del toro, desarrolló una esforzada faena, pues el toro lo prendió de fea manera, se puso de pie sin mirarse la ropa y continuó su labor. Falló con la espada y fue silenciado.

Cerró plaza con el toro Embustero, de 575 kilos, con el que José Carlos Venegas tuvo un buen saludo capotero, las protestas comenzaron en la suerte de varas donde el toro acusó poca fuerza.

El toro cambió y fue a más con la muleta, teniendo movilidad y nobleza; una primera serie por la diestra muy firme y con decisión, logrando pases de poder, con actitud pero sin ir a más, al final alargó en el ánimo de querer agradar y cuando se disponía a dibujarse por bernardinas el toro lo enganchó y lo prendió de fea manera.

Regresó a ejecutar la suerte suprema, siendo un bajonazo, escuchó palmas y se retiró a la enfermería.

 

 

 

 


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