MIRIAM SERRANO, CUQUIS HERNÁNDEZ, FRANZELY REYNA, ALEJANDRO CASTAÑEDA Y KAREN CALDERÓN/NTRZACATECAS.COM
MIRIAM SERRANO, CUQUIS HERNÁNDEZ, FRANZELY REYNA, ALEJANDRO CASTAÑEDA Y KAREN CALDERÓN/NTRZACATECAS.COM

El cansancio y la preocupación por la falta de apoyo y empatía de la sociedad son una constante entre quienes diario continúan en la primera línea contra la COVID-19, que acumula casi 14 mil contagiados y mil 291 víctimas mortales en Zacatecas.

A más de ocho meses de distancia, personal de áreas especializadas en el combate a la pandemia advierte que la situación que enfrentan ya es crítica, pues “apenas se libera una cama, es ocupada de inmediato” por un nuevo enfermo, en una rutina que describen parece no acabar.

Lamentaron que se llegue al punto de tener que tomar duras decisiones, como “decidir a quién se le pone ventilador y a quién no”. A pesar del agotamiento, destaca que la constante es el compromiso que mantienen con su labor.

La batalla del equipo médico y de enfermería, paramédicos, asistentes y en general quienes sostienen al sistema de salud, está llena de historias, muchas de ellas dolorosas. A continuación, la experiencia desde varios frentes, desde los que solo se pide cooperación para ayudar a salvar vidas.

 

Jornadas casi interminables

Angélica Ortiz Vega fue asignada a la atención de pacientes COVID en junio; la labor que le dijeron que desempeñaría durante “solo unas semanas” se extendió por meses. Con 25 años de edad, la joven concluyó la Licenciatura en Enfermería en 2017, en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), y, tras lo que le ha tocado vivir, reconoce que como estudiante no fue preparada para ello.

La experiencia que recuerda como más dolorosa sucedió hace un mes. Un matrimonio llegó a la Uneme-COVID. Ambos, de unos 40 años, se daban ánimos y ninguno quiso ser intubado, pues creían que librarían la batalla. Bastaron unos minutos y la mujer, pese a un historial médico positivo y sin comorbilidad, empeoró abruptamente hasta el punto un paro cardiorespiratorio.

A un metro de distancia, el hombre veía con impotencia la muerte de su compañera, pese a los intentos de los médicos. Los gritos y el llanto del esposo inundaron la habitación y, cargados de dolor, Angélica y varios de sus compañeros tuvieron que salir para calmarse y poder volver a su realidad.

La enfermera narró que estalló en llanto. En su mente permanecen las palabras del hombre, cómo recordaba a su esposa que en casa los esperaba una hija de 3 años, que después él también debió ser intubado, apenas terminó de despedirse de su compañera y, al final, que el padre tampoco sobrevivió.

“No somos inconscientes, sentimos”, expresó Angélica. Contó que ha visto a sus compañeros contagiarse y pasar de cuidadores a cuidados, otros “que desafortunadamente han perdido la batalla”. Y todo, recalcó, “empapados de sudor”, sin poder siquiera ir al baño.

Angélica, quien cubre el turno nocturno, aceptó que, hasta el apoyo que representó la contratación de más enfermeras, la labor se ha complicó recientemente, con cada vez más pacientes asignados, más traslados desde hospitales rurales y la impotencia porque “queríamos atender a todos, pero no se podía”. “Hasta que amanezca, literal, trabajamos”.

 

“Nos pesan las muertes”

A Ileana la contrató la Secretaría de Salud de Zacatecas (SSZ) en cuanto creció el número de empleados del sector que fueron enviados a confinamiento. Antes que temer, la joven enfermera vio la oportunidad de aprender apenas terminados sus estudios. A seis meses de distancia, la demanda del trabajo la ha consumido física y emocionalmente.

“Me enviaron directo al área COVID-19, porque en ese momento no había personal para atender a todos los pacientes que detectaban; ahora es al triple de complicado”, afirmó.

Expuso que su entusiasmo mermó al “despedir a más que los que se envían a casa”. Compartió cómo le ha afectado perder a las personas que atiende, en una labor en la destacó la importancia de la empatía. No es posible no involucrar sentimientos, precisó, “más si estás una jornada completa enfocándote solo a los pacientes […] Lidiar con eso es muy pesado”.

Ileana mencionó la vulnerabilidad de los grupos de riesgo y narró su experiencia con una mujer mayor de 70 años. “Llegó por complicaciones al respirar y, a pesar de que la señora se veía que la estaba pasando mal, siempre transmitía ese cariño como de abuelita y justo eso fue lo que me recordó, a mi abuelita. Después de dos días empeoró y falleció”.

“Sufrí muchísimo y el sufrimiento es de lo que más me ha costado atender en esta pandemia. Aunque muchas personas digan que no pasa nada allá afuera y son inconscientes y no se cuiden, sí pasa, mucha gente pierde a sus abuelitas, a sus tías, ni se diga a sus papás o sus madres”.

Ileana consideró que urge tomar conciencia sobre cada una de estas pérdidas. “A nombre de mis compañeros, puedo decir que a todos nos pesa”, recalcó la enfermera. “También hemos perdido compañeros. Estamos cansados, muy cansados mentalmente, aun así, agradeciendo la oportunidad que se nos dio por trabajar y enfrentándonos a esto día con día”.

Siempre con miedo

El temor a contagiarse no se va y en cada llamada de auxilio salta la incertidumbre de enfrentarse a un posible contagio, confesó Omar, quien trabaja en la Cruz Roja y la Red de Emergencias Médicas de Zacatecas (Remeza). “Ya no sabemos qué vamos a atender, es una moneda en el aire”, lamentó.

El paramédico explicó que, pese al riesgo al que exponen a todos los involucrados, hay familias que omiten e incluso falsean información al solicitar los servicios, por temor a que se retrase la llegada de ayuda por los protocolos que el personal debe seguir para asistir a contagiados.

La saturación abruma. Las corporaciones de emergencia llegan a acumular hasta cinco peticiones de traslados “y se le da prioridad al primer paciente que marcó”. “No es porque no se quiera atender”, aclaró Omar, sino porque estos casos requieren ambulancias exclusivas y equipo especial.

Aunque solo conoce del contagio de dos de sus compañeros de trabajo, el paramédico insistió en el estrés que provoca el miedo a la enfermedad y el agotamiento por las cargas excesivas de trabajo que enfrentan ahora, una combinación que ya ha provocado conflictos entre el personal.

No hay sector que se salve. Los problemas se repiten entre paramédicos, enfermeras y médicos, mientras avizoran un panorama complicado para los próximos meses y ven con preocupación la relajación de las medidas sanitarias en las calles, que afuera “se ha bajado la guardia”.

 

Combate contra la incredulidad

Moisés Villagrana Ramírez, coordinador de Protección Civil (PC) de Río Grande, admitió que las fuerzas menguan; en esta corporación, suman dos incapacidades por estrés laboral. “Ya el personal está muy cansado. […] El miedo siempre está presente, pero la sociedad no entiende esta parte”.

Actualmente, en PC trabajan seis personas por guardia, “de 24 por 24 horas”, y la mayor demanda es de traslados a la Uneme-COVID, cada uno con la misma tensión como el primero. “Nos marcó 911: en un consultorio particular estaba una persona con todos los síntomas, aun no teníamos una capsula de aislamiento para el paciente y así se trasladó”.

Al llegar al hospital, fueron observados por la omisión y los elementos debieron gestionar lo necesario para cumplir el protocolo. “Teníamos mucha incertidumbre porque no sabíamos cómo lidiar con esta enfermedad […] Teníamos trajes aislantes desechables, ahora son más profesionales y acabamos de encargar más herméticos para estar bien protegidos”, expuso el coordinador de PC.

Sin embargo, admitió que los costos no cesan: debido al aumento de traslados, ahora tienen tres cápsulas de aislamiento y requieren hasta 5 mil pesos semanales en oxígeno para ambulancias que viajan a Fresnillo o la capital, pues “en cualquier hospital hay una espera de hasta dos horas”.

“No se comprende la magnitud de lo que vivimos”, dijo Moisés, con desánimo. Mencionó que una de las primeras acciones que emprendió la corporación fue tratar de concientizar a las personas y pedir su apoyo. A meses de distancia, entre sorprendido y triste, advirtió que aún hay incrédulos.

“Hemos tenido dos casos de aislamiento, un caso positivo que no pasó a mayores y mucha gente cuestionaba que no creía porque nadie de PC se había enfermado”. El problema, enfatizó, es que se requiere no solo esfuerzo de quienes están al frente, sino también que el resto acate las medidas sanitarias y valore el trabajo de los primeros.

Cada noche, Moisés ve con preocupación cómo crece el registro de positivos. Con 334 casos acumulados y 48 defunciones, Río Grande es el sexto municipio más afectado por la pandemia. “Ya hay muchos que no quieren trabajar por miedo, no estamos exentos y seguiremos en la batalla”, reiteró.

 

Cuidar de los más pequeños

La primera sensación de Isaac Rodríguez, neumólogo pediatra en el Hospital General de Zacatecas, fue terror por el impacto del coronavirus en niños. Expuso que esto motivó al equipo encargado de esta difícil labor a estudiar el comportamiento de la enfermedad, empaparse de la experiencia de otros países e intentar ganar carrera contra la enfermedad.

“Al principio había mucho miedo e incertidumbre; sin embargo, conforme transcurrió el tiempo fuimos estudiando, leyendo la literatura internacional para tomar nuestra evidencia y prepararnos hasta esta situación, para algo sin precedentes y que no teníamos idea de su comportamiento”.

“Aprendimos que el caso en pediatría es diferente a los casos en los adultos”. En los niños, especificó, hay cuadros de neumonía, pero también otros como gastrointestinales o más graves, como el síndrome inflamatorio multisistémico, que puede afectar el corazón y poner en riesgo la vida.

Una de las falsas ideas es que los menores no podrían contagiarse ni morir por la enfermedad. En Zacatecas, se contabilizan 381 infectados de 10 a 19 años de edad; 94 de uno a nueve años y 33 de apenas meses de nacidos. En total, 508 personas de los 0 a los 19 años diagnosticadas como positivas, de las que 10 fallecieron.

“A tantos meses de pandemia, estamos cansados, agotados, física y mentalmente, porque somos la primera línea de batalla”, admitió el doctor Rodríguez. Sin embargo, resaltó que sigue con el mismo esfuerzo que al comienzo para lograr la recuperación de quienes tiene en sus manos, pues también le ha tocado atender adultos.

“Ver pacientes recuperados nos da mucha satisfacción y muchas ganas de continuar adelante, el agradecimiento de cada uno es un aliento”, afirmó.

 

Una oportunidad para cambiar

Al estrés por los riesgos y el impacto del virus, Édgar Acevedo Carrillo, médico del Hospital General de Jerez, repasó las dificultades que enfrentan los trabajadores sanitarios: la incomodidad del equipo de protección, el cansancio de usarlo y el dolor, “el del rostro rasgado, en ocasiones con ampollas”, tras jornadas de hasta 12 horas sin parar.

Luego enfrentarse a la impotencia, “al momento de salir y darse cuenta que las personas continúan yendo a fiesta, ver que la gente no se da cuenta de la gravedad de la situación y cree que éstos son mitos”. También padecer frustración, ante quienes desestiman las recomendaciones de los profesionales y prefieren remedios que solo agravan su condición, complicaciones que pudieron prevenirse.

El médico subrayó la importancia de informarse adecuadamente, combatir la ignorancia y las noticias falsas, sobre todo en redes sociales, pues afirmó que esto ha contribuido a que muchos no sigan ni las precauciones más básicas, como el uso correcto del cubrebocas, mantener la sana distancia y evitar los sitios con aglomeraciones.

Pese a todo, Édgar rescata una oportunidad en la contingencia, la de valorar al personal de salud y priorizar este rubro, lo que ejemplificó con la relevancia que tomó la atención a las enfermedades crónico degenerativas.

Se nos ha hecho aprender a la mala el cuidado en cada persona, la importancia de la higiene y dieta saludable”. Ahora, insistió, resta entender la responsabilidad de no solo cuidarse a sí mismo, sino también a los demás, empezando por quienes tienen la salud de todos en sus manos.


Nuestros lectores comentan

  1. Mi reconocimiento, empatía y agradecimiento a todo el personal de salud. Médicos, enfermeras, administrativos, limpieza. Que Dios les dé fortaleza para ayudar en el dolor y angustia del ser humano.
    Les ofrezco mis oraciones.