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El Presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo que entrar al Municipio de San Vicente Coatlán y prometer que apoyará a destrabar un conflicto agrario a cambio de que la comunidad permita continuar la construcción de la Autopista Oaxaca al Istmo en curso desde hace más de 10 años.

Tras la supervisión de la obra, arriba del pueblo, a media montaña, sobre la autopista, el Presidente Municipal Dominguito Antonio Antonio lo invitó a pasar a la asamblea municipal y atender una disputa por 80 mil hectáreas que tienen desde hace más de 60 años con la Villa Sola de Vega y que ha dejado más de 50 muertos.

Más de mil personas, la mayoría indígenas zapotecas, de huipiles, huaraches y sombreros, lo esperaban alrededor del galerón de las canchas de basquetbol.

«A San Vicente lo han llamado pueblo de matones porque ha defendido, porque hemos defendido hasta ahora los recursos que nos pertenecen», señaló el Alcalde tras las presentaciones.

«Nosotros ya nos queremos vivir en violencia con nuestros hermanos de Sola de Vega, queremos hallar una solución inmediata y de raíz a este conflicto entre ellos, como bien lo dice usted, ya no queremos balazos, queremos abrazos».

El presidente de bienes comunales, Bonfilio García Cruz, expuso que consiguieron las escrituras virreinales que demuestran que el terreno es suyo, pero a pesar de todo han aceptado dividir las hectáreas.

No obstante, acusó que la otra parte no acepta y que el Gobierno federal y el estatal, representado por Alejandro Murat, que ahí estaba presente, han sido cómplices.

López Obrador, que una hora antes había prometido inaugurar la carretera en julio de 2022, citó el Antiguo Testamento para hablar en contra de la ley de Talión y a favor del amor.

Felicitó a la comunidad por su intención de llegar a un arreglo y le encargó al director del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, Adelfo Regino, y a Murat que se ocuparan del problema.

«Ahora sí confiamos, porque ya habíamos parado la obra de la carretera y si no hubiera venido, el lunes la hubiéramos vuelto a cerrar», señaló Bonfilio García.

La asamblea en este pueblo del sureste de Oaxaca, a dos horas de la capital, terminó con un baile tradicional, fotos y aplausos y una comilona de dos reses que fueron compradas por el pueblo en 36 mil pesos para el Presidente, quien ya no se pudo esperar a comer.

Jorge Ricardo Nicolás
Agencia Reforma


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