CUQUIS HERNÁNDEZ/NTRZACATECAS.COM
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JEREZ DE GARCÍA SALINAS. Además de padecer la huida de sus hogares y la desaparición de su gente, los desplazados de las 14 comunidades también deben soportar que se lucre con su desgracia, pues tras la salida multitudinaria de personas a la cabecera municipal, las rentas se encarecieron y los malos tratos también.

Aunque muchos de los pobladores de Palmas Altas expresaron que tienen casa propia en Jerez, hay quienes tuvieron que rentar vivienda y espacios extras.

Antes del éxodo, los precios de alquiler eran justos, pero, a raíz de la demanda de vivienda, se encarecieron hasta 3 mil 500 pesos en algunos casos, “y eso por dos cuartitos en obra negra”.

Aunado a ello, si alguno de los que buscan casa en renta se ve en la necesidad de hacer algún reclamo por los precios o condiciones de la vivienda, los dueños, inconmovibles, les llegaron a decir, “si quiere, y si no, váyase”.

En estos casos, no les queda otro remedio que aceptar las condiciones de los contratos de renta: “si nos salimos, ya no vamos a hallar dónde vivir”, expresaron los afectados, al mostrar solo parte de los problemas que afrontan al vivir desplazados y fuera de sus propiedades.

De acuerdo con testimonios, de quienes siguen siendo anónimos por su realidad, lamentaron que en este caso creciera, también, la insensibilidad de las personas ante la desgracia que viven.

Por un lado, revelaron este domingo ante el presidente municipal, a un año de no habitar sus viviendas tienen que seguir pagando la energía eléctrica que no consumen y que los delincuentes aprovechan, por lo que pidieron ayuda para cancelar lo más pronto posible el servicio ante la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Al huir de sus hogares, los gastos se multiplicaron, ya que además de buscar casa en renta, muchos tuvieron que modificar su forma de vida, desde el espacio que ocupan, hasta buscar otro tipo de ocupación, en este caso, para quienes se dedicaban de lleno a labrar la tierra o cuidar sus animales, actividades de las que dependía su economía.

Y no solo es rentar una vivienda para la familia, sino que, quienes son propietarios de maquinaria agrícola y animales, deben rentar un terreno extra para adecuarlo como corral y bodega para sus herramientas de trabajo, lo que fácilmente encarece sus gastos hasta 10 mil pesos mensuales, eso, sin contar sus gastos personales y de alimentos.

Explicaron que “dos cuartitos” en obra negra los encuentran en hasta 2 mil pesos, pero aunado a eso, también buscan lotes baldíos o terrenos bardeados para convertirlos en corrales; pero sucedió que algunos encontraron terrenos sin barda, “y ahí hasta un velador tenemos que pagar para que cuide animales y maquinaria”.

Ante la necesidad, hay quienes tuvieron que adecuarse a compartir espacio con otras familias, en caso de domicilios más grandes. El problema que ellos ven, es hasta cuándo podrán padecer el cúmulo de problemas que haber sido desplazados de sus propiedades les ha traído.

Ante la situación, que avizoran complicada, muchos de los desplazados que tienen maquinaria agrícola y animales como caballos y vacas, expresaron que, al no tener plazo para vivir lejos de su hogar, se ven obligados a malbaratar su ganado o casi a rematar la maquinaria que ya no podrán usar para arar la tierra y cuyo dinero que obtengan les permita seguir manteniendo su estancia fuera de su casa.

Una de las familias que salió de Palmas Altas comentó que la renta de una casa pequeña les cuesta mil 800 pesos. Hay algunas todavía más pequeñas, por el precio es el mismo.

Por fortuna, comentaron algunos, sus hijos que viven en Estados Unidos les ayudarán a costear los gastos de la renta.

Referente a la alerta para los hijos de las parejas radicados en la Unión Americana, aunque deban pagar alquiler para sus padres, es mejor que ponerlos a merced de los delincuentes.

Una pareja de adultos mayores recibió claramente el mensaje de uno de sus hijos, cuando él se negaba a dejar su casa: “si no se quieren salir, yo me voy a regresar con ustedes y ahí que nos maten a todos juntos”.

El hombre de 80 años comentó que no tuvo corazón para hacerle eso a su hijo, por lo que de manera razonada aceptó la sugerencia de irse, sin importar el costo que implicara.

De otra familia, cuyos hijos todos están casados, al ser desplazados determinaron cada uno vivir en casa a parte. Al salir el jueves de la semana pasada, cargaron con la cosecha de avena que pudieron recolectar y moler, lo que les permitirá venderla para solventar sus gastos los próximos meses.

“Pero mi mamá no se llevó nada. La avena se echó a perder, la cebada se echó a perder, ya no hubo peones que ayudaran, todo se perdió”, dijo una mujer desplazada desde hace un año.

Con ello, evidenció otra forma de perder dinero y reflejar que, mínimo, el año pasado se pudo recuperar algo de cosecha: “este año no habrá de dónde, ya no hay quién trabaje”.

“Y así tenemos que rentar, no solo casas, hasta corrales; con todo esto estamos batallando mucho, pagando de hasta 2 mil o 3 mil pesos. Todo aumentó. Las cosas así se pusieron y ni modo”.

Como si esto fuera poco, detallaron que cuando se les anunció la caravana a Palmas Altas, tuvieron que conseguir vehículos en renta, ya fuera camionetas o trailas, y hasta choferes y cargadores, para sacar muebles como colchones, bases de cama y hasta las mesas del comedor, es decir, de todo, lo que prefirieron llevarse, antes de encontrarlo hecho basura, como les ocurrió a muchos de los pobladores.

De Palmas Altas, la mayoría, según se supo mediante sondeo, se fue a vivir a Jerez, pero quienes pudieron huyeron a Estados Unidos, otros lo hicieron más cerca, a Calera de Víctor Rosales o a Fresnillo y otras comunidades donde tienen parientes. 

Al menos, tener la oportunidad de recuperar algunas de sus cosas, les permitirá aligeran la carga del día a día, viviendo lejos de su hogar.


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