STAFF / NTRZACATECAS.COM
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GUADALUPE. Mía contaba los días para regresar a la escuela, ya que no podía esperar más tiempo para reencontrarse con sus compañeros y, de esta forma, dejar atrás el encierro en el que tuvo que permanecer durante las últimas seis semanas.

El domingo 20 de febrero recibió la noticia a través del teléfono de su mamá, de nombre Susana, luego de que la maestra Silvia, una profesora de la Escuela Primaria Ford, ubicada en Guadalupe, enviara un mensaje vía Whatsapp:

“Les informo que se reanudan las clases presenciales. Continúa el rol de asistencia que ya teníamos. Mañana se presenta el grupo al que le toca los lunes”, decía el texto.

En ese momento, Mía comenzó a guardar en su mochila los libros de la tarea y preparó su ropa. Todo lo dejó sobre una silla, junto a la cama.

La sensación de regresar a clases presenciales le robó el sueño aproximadamente a las 3 de la madrugada del lunes, pues despertó creyendo que ya era la hora de levantarse para ir a la escuela.

Y es que no es lo mismo tomar las clases desde un teléfono celular o de una computadora, en la que la única interacción social es una pantalla desde la que se escucha la voz de la maestra o de un alumno.

A Mía, como a millones de niños y niñas en el planeta, en marzo de 2020 la pandemia por COVID-19, le hizo entrar en una nueva dinámica de aprendizaje escolar y de dinámicas de socialización.

Cuando en esos días las noticias daban cuenta de este nuevo virus, que es contagioso, ella cursaba segundo año de preescolar. Desde entonces, dejó de tener contacto físico con sus amigos y sus maestras, e incluso no asistió más a festivales.

En agosto de 2021, cuando comenzó su primer año de primaria, asistía al aula tres días por semana. Ahí, conoció a su actual maestra y a sus nuevos compañeros, con quienes ya tejió lazos de amistad genuina e inocente.

Esta pequeñita es una de las 194 mil 522 alumnas y alumnos de educación primaria que regresaron a clases presenciales este lunes 21 de febrero, luego de que cambió a verde el color del Semáforo Epidemiológico en Zacatecas.

El 29 de enero Mía cumplió 7 años y, aunque no tuvo fiesta, frente a la vela del pastel que le regaló su familia, pidió un deseo: “que se acabe la pandemia porque ya quiero salir a jugar a la calle”.

“A veces no me gusta tener clases en la computadora, me aburro. Me gusta ir a la escuela porque puedo platicar con mis amigos y paso al pizarrón. Elías me hace reír y me gusta mi clase de educación física porque mi maestra es muy divertida”, comentó con una voz que paulatinamente se desprende de la timidez.

Con el inicio de esta semana y el inminente regreso presencial a las aulas, el entusiasmo por aprender ha vuelto a Mía, como también ha sucedido con sus demás compañeritos de clase.

“Mis papás me dicen que no me quite el cubrebocas, sólo para comerme mi lonche, que me lave las manos, que use el gel que tengo en mi mochila y que mantenga la sana distancia”, refirió entre risas.

Organismos como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) se han pronunciado a favor de que los niños asistan de manera presencial a la escuela, pues, de no hacerlo, se afecta su salud emocional y se limita su desarrollo.

“La escuela es donde los niños reciben, además de la educación, la protección de sus maestros, donde juegan, aprenden mejor y hacen amigos”, expresó esta institución internacional.

A través de las 13 Direcciones Regionales, la Secretaría de Educación de Zacatecas (Seduzac) mantiene un permanente monitoreo en las escuelas de los distintos niveles educativos, donde se vigilan la aplicación de filtros sanitarios, uso obligatorio y correcto de cubrebocas, así como el lavado de manos con agua, jabón o gel alcoholado.

“Desde el lunes que entró al salón de clases, Mía estaba feliz, decía que ya quería estar en su butaca. Con sus amigos se la pasa jugando y divirtiéndose en el recreo”, externó la maestra Silvia, quien imparte clases de primer año de primaria.


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