STAFF / NTRZACATECAS.COM
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GUADALUPE. “Desde muy niña soñaba con ser educadora. Al principio jugaba a la escuelita con mis muñecas y cuando mis hermanos crecieron, ellos eran mis alumnos”, relata con una gran sonrisa y luz en sus ojos, Fátima Olivia Trejo Montalvo, educadora en el Jardín de Niños Juan Escutia, ubicado en el municipio de Guadalupe.

Fátima asegura que en su mente y en su corazón siempre estuvieron las ganas de ser maestra. Recuerda que en su habitación había una mesita llena de muchos cuentos, muchos libros, pinturas y material que “me invitaban a crear y a buscar la manera de compartir conocimientos”.

Conforme iba creciendo, se intensificaba en ella la idea de que había nacido para dedicarse a la docencia, lo cual era curioso, tanto para Fátima como para sus padres, pues ningún miembro de su familia era maestro ni maestra. “No había en mi familia nadie que pudiera influir en mí para ser educadora”, dice con extrañeza.

Convencida de que así fue, Fátima asegura que su amor por esta profesión viene de las enseñanzas que recibió de sus maestras de preescolar, “de cómo a través de juegos y canciones aprendíamos de todo, no sólo los números o los colores, sino principios y valores”.

En una plática que se convirtió en un mar de recuerdos, refiere que su parte favorita durante la Licenciatura en Educación Preescolar eran los periodos de práctica docente, donde se sentía como pez en el agua; todo su esfuerzo fue reconocido al titularse con Mención Honorífica.

A lo largo de sus 13 años como educadora, Fátima ha transitado por diferentes jardines de niños en los municipios de Calera y Ojocaliente, hasta que finalmente llegó a la institución educativa en la que, desde hace seis años, entrega diariamente, su esfuerzo y su entusiasmo.

“Ser educadora me ha dado muchas satisfacciones; me siento agradecida con mi profesión, me siento muy contenta y muy feliz, pues, además, me permite pasar tiempo con mis hijos y con toda mi familia”, dice.

Es considerada por sus compañeras y por sus alumnos como una educadora muy creativa, entusiasta, amorosa, empática y sobre todo responsable.

“Definitivamente, siento que alcancé mi sueño, pero cada vez que termina un ciclo escolar siento que es apenas un escalón más en el camino hacia ser mejor”, refiere.

Una de las cosas que le ha dolido como maestra, ha sido la pandemia, pues se siente en deuda con los niños que no cursaron su educación preescolar de manera presencial, “siento que algo les debo, quisiera verlos para entregarles eso que me faltó”.

Sin embargo, sigue adelante entregando su conocimiento y experiencia en beneficio de los niños que hoy ya pueden asistir a la escuela y que a veces viven en contextos no muy favorables, “mis alumnos me dan la fuerza para llevar a cabo mi vocación tan bonita”.


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