Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey ataca la inseguridad

 

Había una vez un reino con tan mala, pero tan mala suerte, que los enanos crecían y llovía sobre mojado. Ésta es una de tantas historias.

SEGUNDO ACTO. El rey tiene grandiosas ideas.

ESCENA VI

–Duque del Arenal: Buen día, milord. Disculpe, ¿qué hace?

–Rey: ¿Que no ves que estoy dibujando?

–Duque del Arenal: Sí, milord. Lo veo en chinga con su lápiz y sus colores Blanca Nieves. ¿Es parte de su terapia?

–Rey: ¡Ni lo menciones! Ese méndigo loquero nomás se la pasaba tanteándome en cada sesión. Que platíqueme de su infancia, que de su familia, que de sus amigos. ¿Y todo para qué? Para ponerme unos ejercicios bien mafufos que nomás me estresan.

–Duque del Arenal: Milord, es parte de su tratamiento contra la ansiedad. Debería hacerle caso al psicólogo. Míreme a mí. Gracias a la terapia soy un hombre nuevo.

–Rey: ¿Tú fuiste a terapia?

–Duque del Arenal: Of course, milord.

–Rey: Con razón así quedaste de aireado. Pero por lo menos sigues igual de lambiscón. A ver pásame los otros colores y la escuadra. Quiero terminar esto.

El rey sigue realizando trazos en el pliego de papel y colorea aquellos pequeños rectángulos y triángulos.

–Duque del Arenal: Milord, es usted todo un ingeniero. ¡Qué maravilla de trazos!

–Rey: Era lo que más me gustaba de la escuela, creo que tenía vocación para la ingeniería. Me acuerdo que hice una bicicleta con cartón, ligas y engrudo. Pero ese día llovió y valió madres. Por eso no me dejaron estudiar en la Real Academia de Ingeniería.

–Duque del Arenal: Estamos igual, milord.

–Rey: ¿También querías estudiar ingeniería?

–Duque del Arenal: No, yo quería ser escritor. Mi sueño es escribir una novela que sea leída por todo el mundo, una novela que me haga ganar muchos premios, una novela que sea chingona. Algo así como “El Monje que vendió su Jaguar” o “El Vendedor más Chingón del Reino”.

–Rey: Pues échale ganas y seguro lo lograrás. El triunfo comienza en uno mismo.

Los Guardias tirados en el sueño escuchan la plática.

–Guardia 2: Juar, juar, juar. ¿A poco no está más chingón que Central Comedy?

–Guardia 4: Bien vale los dos ducados que les pagué.

–Guardia 1: Y ya saben mis estimados. Todos los días de 4 a 6 el Show de Pirrimplin y Coscollito para todos ustedes. Precio dos ducados. Además, hay palomitas y refrescos.

–Guardia 3: Échame unas palomitas y un Titán de grosella. Esto está de poca.

–Guardia 1: Nomás chitón que tienen oídos de tísico. Vamos a ver que más hacen.

–Duque del Arenal: Milord, ¿qué es lo que acaba de dibujar?

–Rey: Nada más y nada menos que un “PAJARÓPTERO”.

–Duque del Arenal: Ah, chinga. ¿Un qué?

–Rey: Bellaco ignorante. Un Pajaróptero. Se trata de un vehículo que puede volar como las aves. Un medio de transporte que nos elevará sobre este rancho globero para atender los llamados de auxilio de la población. Por ejemplo, si nos mandan llamar que hay un robo en el camino vecinal que conduce a la comunidad de Los Enchilados, con este aparato perseguiremos, detendremos y meteremos al bote a los pillos.

–Duque del Arenal: ¡Uta madre cuánta capacidad, milord!

–Rey: Ahí nomás, para taparle la bocota a mis opositores. Ya verán de lo que es capaz la Nueva Gobernanza, un gobierno cercano a la chusma.

Rápidamente las mejores mentes del reino se disponen a construir el invento del rey. Carpinteros, herreros, pintores, juntos trabajando para poner en el aire al Pajaróptero.

–Lord Huejuquilla: Milord, listo su grandioso invento. Ahora el capitán Hilario Robirosa hará un viaje de práctica para demostrar el buen funcionamiento del aparato. ¡Adelante capitán!

El Pajaróptero inicia su marcha por la pista y comienza a elevarse por sobre los cerros del rancho. Después de tres vueltas aterriza ante los vítores de los godínez invitados al acto.

–Rey: Muy bien amables amigos. A partir de este momento, el Pajaróptero será incluido dentro de la estrategia de combate al crimen. ¡Teman malvados!

–Duque del Arenal: ¡Y les mandamos muchos abrazos!

–Rey: Ya Duque, déjate de chistes de mal gusto. Dile al Alguacil de Seguridad que comience a utilizar el Pajaróptero en las funciones propias de su área. Y espero que la chusma deje de andar echando tantas cacayacas. ¡Lo firmo y lo cumplo! Ah no, ese era al lema de la Herencia Maldita.

–Duque del Arenal: Olvídese de eso milord. Vea nomás que bonito se ve su invento surcando los cielos. Ahora hasta el obispo tendrá que venir a pedirle disculpas.

Durante días, el rey se dedica al descanso reparador, después de haber pasado días enteros confeccionado al detalle su invento que ha maravillado a la chusma. Los chamacos ven pasar el Pajaróptero y no desaprovechan para echarles pilanconazos ante la algabaría del populacho.

Días después, el rey pregunta al Duque que ha pasado con su invento.

–Duque del Arenal: Pues la mera neta, milord, está guardado en el hangar real. El parlamento ha decidido rifarlo por chafa y oneroso.

–Rey: ¿Quéeeeeeeeeee chingaos has dicho? Y esos méndigos que se creen o qué.

–Duque del Arenal: Pues es que descubrieron que era utilizado para paseos de sus cuates y uno que otro godín de la alta, milord. Lo dejaban lleno de envases de caguama, frituras y una que otra vomitada.

–Rey: ¿Y la seguridad del reino?

–Duque del Arenal: Juar, juar, juar. ¡Ay, milord, no me haga reír! El reino está más seguro con su chingadera en el almacén. Digo. (Continuará con más inventos).


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