Manuel Ibarra Santos
Manuel Ibarra Santos

Las jornadas por la paz, el obispo y la revancha de Dios

 

A la Dra. Argelia López Luna,

por su trabajo académico sensible

y profesional, en la UAZ.

 

Es evidente que ante el escenario de violencia que azota a la sociedad nacional, resulta inminente construir una nueva arquitectura por la paz positiva en México y en Zacatecas.

En nuestro Estado, el obispo Sigifredo Noriega Barceló ya aportó, por lo pronto, un elemento de discusión sobre el tema. Pero lo fundamental es recuperar el diálogo plural y fructífero entre los diversos actores sociales, para enfrentar en la unidad ese problema crucial.

Lo que es innegable es que, en Zacatecas el titular del Poder Ejecutivo, David Monreal, las iglesias todas (por supuesto el jerarca de los católicos, Sigifredo Noriega), la sociedad civil en general, las distintas fuerzas políticas y entre ellos las cámaras empresariales, deben marchar juntos en favor de la construcción de un renovado clima de paz y por la recuperación de la armonía social.

La jerarquía católica nacional, a través de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), convocó a obispos, sacerdotes, a miles de religiosas y a millones de fieles, organizados alrededor de más siete mil 700 templos en el país, a iniciar este domingo 10 de julio, la movilización de Las Jornadas de Oración por la Paz.

La finalidad de este movimiento (según se argumentó) es reducir y combatir la violencia que azota al país y para enfrentar la barbarie del sonido de las balas, de la metralla y la cultura de la muerte, hechos violentos que han conducido al país a la ruta del “Infierno” y a singulares escenarios tipo a los descritos por Dante Alighieri en sus monumentales obras literarias.

Las jornadas mundiales por la paz de la iglesia católica tienen una tradición de 54 años y fueron iniciadas en 1968, en el pontificado de Pablo VI, en pleno contexto de la guerra de Vietnam y se propusieron tres caminos para lograr su objetivo:

1).-Promover el diálogo entre iglesias, naciones, grupos y generaciones; 2).-Fortalecer la educación en valores como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo; y 3).-Generar trabajo digno como una plena realización de los seres humanos. Sin estos ingredientes, la construcción del proyecto de paz resultará fallido en Zacatecas y México.

La educación en valores se constituye no sólo como el principal soporte para hacer realidad la cultura de paz, sino también para el desarrollo humano integral.

Los especialistas sobre el tema de la paz, la han clasificado en negativa y positiva. La primera hace referencia a aquella que permite un clima social ausente de violencia; la segunda, nos remite a procesos que hacen posible, sociedades con altos niveles de desarrollo, justicia e igualdad.

La paz social, por lo demás, es un don y un bien colectivo, resultado del esfuerzo absolutamente de todos.

Zacatecas cuenta con una sociedad unida monolíticamente por los valores religiosos. Es en términos porcentuales, según el censo de población 2020, el Estado más católico de la República, incluso por encima de Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco, Michoacán y/o Querétaro.

Eso le otorga al obispo de la diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, una fuerza sorprendente e inusitada, no solamente para hacer presencia con sus propuestas, sino además para que sea tomado en consideración como un actor protagónico central de respeto en la vida zacatecana.

En números netos, las entidades con mayor cantidad de católicos son las siguientes: Estado de México, 13 millones 336 mil; Jalisco 7.5 millones; Cdmx 6.9 millones; Veracruz 6.5 millones y Guanajuato 5.6 millones.

En la República Mexicana, conforme a las últimas cifras censales (2020), el 77.8% de su población se declararon católicos, lo que equivale a 98 millones de personas.

Zacatecas es una entidad con fuerte tradición de espiritualidad religiosa, que la ha constituido en fortaleza para construir cosas positivas para el bienestar colectivo.

 

La revancha de Dios

Hace 140 años se acuñó la frase “Dios ha Muerto, no Existe”, tema incluido en las obras La Ciencia Gaya (1882) y Así Habló Zaratustra (1883), del excepcional filósofo alemán Federico Nietzsche, epígrafes que provocaron una profunda revolución de conciencias en esa época.

Hoy, todo parece indicar, que ante la profunda y desgarradora crisis existencial que padece la humanidad, el único reducto de cobijo para hombres y mujeres de todas las edades, se localiza en su espiritualidad religiosa. Nos reencontramos frente a la incuestionable “Revancha de Dios”.

En su libro La Revancha de Dios (1991), monumental obra académica de investigación sobre los movimientos religiosos, el sociólogo francés Gilles Kepel sentencia que “la sociedad contemporánea no puede construirse, racionalizarse ni comprenderse, al margen de las grandes religiones monoteístas”.

Con el trabajo de Kepel, se cerró el ciclo histórico iniciado por Nietzsche, cuando afirmo “Dios no Existe”. Las mega/tendencias filosóficas lo refutan.

 

Zacatecas, valores y religión

En Zacatecas, la religión ha sido impresionante fuente de formación en valores para la sociedad. Hoy se requiere de su fuerza, para construir un nuevo horizonte de paz.


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