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PORTUGAL. El rejoneador mexicano Emiliano Gamero confirmó su alternativa en la plaza más importante para el mundo del rejoneo, la de Campo Pequeño, de Lisboa, Portugal. La noche para el caballista mexicano no ha sido sencilla, el toro mostró muchas complicaciones y, gracias a su profesionalismo, Emiliano sacó a flote una de las corridas más importantes de su carrera, la que selló con una triunfal vuelta al ruedo, en la que afición le reconoció su entrega desmedida.

Emiliano vistió gallardamente el traje charro mexicano, chaquetilla de gamuza negra, bordada con rosas de canutillo de oro, chaleco gris a raya con botonadura de oro viejo, y pantalón gris a raya bordado con rosas en canutillo de oro, y su sombrero fue de corte antiguo, de pelo de conejo de copa alta, ala corta y ribete bordado con galón francés de oro, además el cuello de su camisa lo adornó con moño guinda. 

Tras el paseíllo, vino la ceremonia de la confirmación, el padrino fue el cavaleiro Rui Salvador, y tras confirmarle cada uno de sus alternantes pasó a brindarle unas palabras y un abrazo, posteriormente, Emiliano, tomó un micrófono e hizo un sentido brindis al público. Tras las palabras saltó al ruedo el toro del hierro de Vinhas que le correspondió, el “número 32”, de 536 kilos, un toro de imponente catadura que salió con muchas patas, una embestida exigente y muchas complicaciones, un verdadero galimatías, Emiliano lo saludo montando a “Ferrera” y lo metió en su cabalgadura para clavar dos farpas que de inmediato le fueron aplaudidas ya que el público reconoció que no fue una tarea sencilla, ya que el toro desde la primera farpa comenzó a cruzarse, desde ahí mostró lo complicado que sería.

Ya sobre “Jaguar”, se la jugó en serio porque el astado seguía empujando fuerte, y con esa conducta de irse cruzando, lo que hizo más complicado clavar, fue donde sacó la experiencia y gracias a ella salió avante, dando el pecho del caballo para engañar al toro y posterior poder clavar; en la primera banderilla se vivió un momento de gran peligro, ya que el toro le ganó el paso al caballo aventándolo violentamente por los pechos,  por ello cada una de las tres banderillas fueron acompañadas por fanfarrias, y el clamor de las palmas, y la respiración del público que la contenía cada vez que Emiliano, se reunía con el toro; cambió de caballo y dio paso a “Primoroso”, con el que clavó dos  violines, que le fueron muy ovacionados, de ahí lució en la monta, parando en patas a su caballo, lo que le gustó al público. Ya frente a la puerta de caballos, volvió a levantar a su cabalgadura y así se desmontó para poner rubrica de esta manera a su actuación, que tras la pega de los forcados y devolver al toro a los corrales, terminó con una triunfal vuelta al ruedo bajo las sonoras palmas del público.

 

De los nueve caballos que llevó a Campo Pequeño, sólo pudo utilizar a tres por la complejidad del toro, “Ferrera”, “Jaguar” y “Primoroso”, tuvieron una nota de excelencia, se jugaron la vida al igual que su jinete. El público lisboeta, gran conocedor del rejoneo valoró al cien por ciento la actuación de Gamero, quien tras la corrida se quedó una hora más en las afueras de la plaza, repartiendo autógrafos y tomándose fotografías, Emiliano Gamero, ya es un ídolo de Campo Pequeño, la catedral del rejoneo mundial

 

FICHA

 Plaza de Campo Pequeño, Lisboa Portugal. Noche calurosa. Entrada, más de media plaza. Toros de Vinhas, bien presentados. Emiliano Gamero, que confirmó la alternativa, vuelta al ruedo. Rui Salvador, vuelta. Manuel Telles Bastos, silencio. Andrés Romero, silencio.  Miguel Moura, vuelta. Antonio Prates, vuelta.


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