LALO RIVERA /NTRZACATECAS.COM
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Frente al día internacional de la juventud y el reconocimiento de que la mitad de las personas que habitamos en el mundo somos menores de 30 años, es imposible cuestionarse qué hacer como juventud de cara a los grandes retos del hoy. Los jóvenes somos el reflejo fiel de la relación entre política y sociedad que se ha gestado hasta ahora, también somos el ejemplo para las futuras generaciones y, muy desgraciadamente la política siempre se ha hecho así: Mucha gente actuando de manera libre y contingente, pero débilmente asociada; hemos sido víctimas de la híper individualización. Como resultado de ello, se volvió muy evidente la crisis de representación que atravesamos en nuestro país desde hace varias décadas. Hoy muchos de los mexicanos no nos sentimos representados ni por los gobernantes electos, ni por las instituciones creadas para salvaguardar nuestras necesidades.

Zacatecas aun dista de entrar a un proceso electoral que se ha adelantado en los hechos. Abundan rumores que auguran un enfrentamiento entre discursos que representan visiones de antaño y limitadas del mundo; aquí yo me pregunto ¿Cuál es el papel de la juventud en el fortalecimiento de la representación? Al menos desde hace algunos años, los grupos juveniles han sido utilizados para dos cosas: Para llenar y gritar en el evento político más importante del partido al que pertenecen, y como trampolín de desarrollo de uno que otro joven al que los dirigentes partidistas le ven madera para destacar. Sin embargo, estos grupos pudieran tener una tarea mucho más importante; a nosotros, los jóvenes en general, nos toca apostarle a la construcción de un sentido colectivo y cooperativo, levantar la mano y alzar la voz; a los grupos políticos juveniles les toca convertirse en ese vínculo que una la visión de los gobernantes y la expresión de las necesidades de los quienes no tenemos voz.

Necesitamos seguir empujando ferozmente para que la juventud continúe ejerciendo el poder en espacios de toma de decisiones. Se trata de tener la oportunidad de escuchar de viva voz y experimentar, quizá de primera mano, las necesidades que la sociedad quiere que le sean atendidas de manera urgente, para que a partir de las ideas de las personas en conjunto las ideas de las juventudes, seamos capaces de construir propuestas de vanguardia que le den solución a muchos de los problemas que enfrentamos en este siglo XXI. Sólo así podremos formar parte de este sistema que se extiende más allá de las urnas, que construye propuestas e identidades a partir de nosotros y las situaciones que compartimos con todos aquellos con ideas distintas.  Ser la voz de la denuncia pública de las necesidades de aquellos a quienes nadie escucha, se vuelve la tarea obligatoria para la juventud en la política.

Sin embargo, tampoco podemos omitir que por la crisis de representación que existe desde hace más de 30 años, el día de hoy muchos jóvenes no forman parte de ningún grupo político juvenil simplemente porque no se sienten representados por algún partido político. Por eso es importante recordar que en la lucha de las juventudes ese no es el único medio que existe para que encaucemos nuestra participación; nosotros podemos y de hecho debemos, organizarnos en juntas vecinales, asociaciones civiles, o hasta formando parte de organizaciones no gubernamentales que encabezan causas como la defensa de los derechos humanos, o la protección al medio ambiente; al final de cuentas, se trata de luchar para posicionar nuevas ideas en la conversación pública, de reducir la brecha que existe entre los gobernantes y las personas a quienes los políticos les deben su compromiso, y, sobre todo, cambiar la forma de hacer política.

Seguir pensando que las viejas formas de hacer política están desapareciendo o se están volviendo irrelevantes con los nuevos gobiernos sería pecar de ingenuidad. El posicionamiento de nuevas prácticas y nuevas representaciones será un proceso largo, porque votar para tener nuevas ideas en el ejercicio del poder debe ser solo el primer paso de un proceso que más que fijarse el objetivo de hacer real el cambio generacional, tiene que apostar por cambiar el trasfondo de las prácticas de nuestros políticos, y de las cosas que exigimos y permitimos como ciudadanos; la desaparición de las viejas prácticas corre por la misma vía, entre más cívicos y participativos seamos, menos posibilidades tiene la política de seguir siendo lo que es, para que cuando nosotros lleguemos sea totalmente distinta, ajena a su historia.


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