Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Mi padre es doctor y mi madre manejaba

la farmacia local. Al crecer vi de primera

mano el apoyo que daban a la comunidad”.

Rishi Sunak

 

Aurora, una mujer de 70 años que trabaja limpiando casas ajenas, sufrió hace unos días una caída que le causó una fractura, la cual se atendió en el Hospital General Xoco del gobierno de la Ciudad de México. Le quedó, sin embargo, un dolor en la espalda y para tratárselo acudió a su clínica del IMSS. El empleado administrativo que la recibió le recomendó que no se quedara: “Va a tener que esperar varias horas y solo le van a recetar un antihistamínico”. Prefirió ir a una farmacia privada, donde le prescribieron y le vendieron a un precio bajo el medicamento que necesitaba.

No es un caso excepcional. Quienquiera que hoy acude a las instituciones públicas de salud sabe que si ingresa por urgencias habrá una prolongada demora para atenderlo, mientras que las citas médicas, particularmente con especialistas, se dan con semanas o meses de anticipación. Éste ha sido siempre un problema, pero la situación se ha agravado dramáticamente en la Cuarta Transformación.

El presidente López Obrador prometió exactamente lo contrario. El 16 de enero de 2020 declaró: “El 1ro de diciembre de este año va a estar funcionando el sistema de salud pública con normalidad, atención médica, medicamentos gratuitos. Va a estar funcionando, ése es el propósito, como los servicios de salud que hay en otras partes del mundo, como en Dinamarca, así aspiramos, como en Canadá, como en Reino Unido”.

Pero no, en agosto de 2022 seguimos estando muy lejos de tener un sistema de salud como el de Dinamarca, Canadá o el Reino Unido. A pesar de los esfuerzos titánicos de médicos, enfermeros y empleados de clínicas y hospitales, el servicio público no solo es deficiente, sino que se deteriora cada vez más.

Una de las consecuencias de esta caída ha sido la proliferación de consultorios adyacentes a las farmacias. En la mañanera del 16 de agosto, sin embargo, el subsecretario de salud Hugo López-Gatell declaró que son “un gran engaño. ¿En qué sentido? Los consultorios adyacentes a la farmacia no resuelven problemas de salud de mayor importancia. Quizá resuelven una pequeña gripe, un dolor de cabeza, una diarrea, un problema de salud de muy corta duración que afecta a población principalmente sana, pero alguien que tiene diabetes o hipertensión o una enfermedad pulmonar o una enfermedad cardiaca crónica, como gran cantidad de la población mexicana, estos consultorios no le van a resolver o incluso podrían poner en peligro su salud y su vida.”. Añadió, “lo deseable es que no existan”.

López-Gatell atacó también por razones ideológicas a los funcionarios del pasado y en especial al exsecretario de salud Guillermo Soberón, quien también fue rector de la UNAM, por supuestamente haber iniciado “un proceso de desmantelamiento de lo público para sustituirlo por lo privado”, como hacían Augusto Pinochet y otros gobernantes de derecha. “¿Por qué razón? La salud es una empresa muy lucrativa en el mundo”.

Lo alucinante de estas acusaciones es que el doctor Soberón y sus sucesores construyeron con enormes esfuerzos un sistema de salud pública razonablemente eficaz, pese a los escasos recursos con los que contaban, mientras que López-Gatell se ha dedicado a destruirlo. Una de las razones más importantes de la expansión de los consultorios de farmacias es el deterioro de las instituciones de salud pública en la Cuarta Transformación. López-Gatell ha sido el gran privatizador de la salud en nuestro país.

 

Momento oscuro

Ante el colapso de la salud pública, los consultorios de las farmacias han salido al quite mejor de lo que nadie pudo imaginar. Han demostrado una gran capacidad de atención en el momento más oscuro de la salud pública en México. La flexibilidad de los mercados se hace más evidente cuando las burocracias se vuelven más ineficientes.

 


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