Jenny González Arenas
Jenny González Arenas

Estudiar no es gratis

 

Después de dos años y meses de estar fuera de las aulas físicas de la Universidad Autónoma de Zacatecas, el regreso presencial al 100% trae muchas sorpresas -negativas- para los estudiantes y sus familias.

Uno de los principales cambios ha sido el de quien conduce (o al menos eso dice) la Universidad, porque salvo los de nuevo ingreso, muchos alumnos se fueron a recibir clases en línea sabiendo quien era su director o directora de Unidad y quien era el rector y, sorpresa, cuando regresan, resulta que ya tienen otro y ni si quiera se dieron cuenta de cómo o cuándo fue el proceso de elección, porque aunque se empeñen en negarlo, la participación universitaria en la elección virtual ilegal, no permitió la participación de muchos universitarios.

Otra de las grandes sorpresas es que esa administración sin legitimación ha firmado un convenio con los transportistas en el que se acuerda que se descontará a los estudiantes solo el 25% del valor del pasaje cuando antes de la pandemia tenían derecho a que se les descontara el 50%, si esa es la administración que dice representar a los estudiantes, disminuyendo el porcentaje de descuento en pasajes no creo que sea una muy buena estrategia de apoyo, sobre todo cuando el transporte público en nuestro estado deja mucho que desear, por la falta de prudencia de los choferes, el trato despótico que reciben los alumnos al solicitar su descuento, las malas condiciones de las unidades, así como la falta de un adecuado control sobre las normas de tránsito que deben de cumplir, todo lo anterior sin mencionar la falta de transporte público suficiente. Pero nada de eso pareció importarle al rector cuando accedió a disminuir el porcentaje de descuento para la comunidad estudiantil.

Y ante todo eso, también nos encontramos con un incremento desproporcionado en las rentas, comparando los precios que pagaban antes de la pandemia en relación a lo que tienen que pagar ahora, pareciera que los renteros quieren recuperar lo más pronto posible los ingresos que dejaron de percibir a lo largo de la pandemia, a costa de la necesidad de los estudiantes de un lugar en donde vivir.

Si a todo lo anterior le agregamos la inflación, el costo de vida para un estudiante universitario se ha incrementado considerablemente y son los padres, algunas veces, y otras los propios estudiantes quienes tienen que asumir ese incremento en el costo de la vida lo que tiene como consecuencia que muchos jóvenes con aspiraciones a estudiar una carrera universitaria tengan que posponer su sueño porque a sus padres no les alcanza o porque ellos mismos no encuentran un trabajo que les permita estudiar y trabajar al mismo tiempo para poder enfrentar el incremento en el costo de vida.

Cierto es que la UAZ es una de las instituciones universitarias más baratas en el país, pero también tenemos que reconocer que la gran mayoría de los estudiantes que diariamente reciben educación media-superior y superior en las aulas universitarias provienen de otros municipios, incluso de otras entidades federativas y que requieren de un gran sacrificio económico, tanto personal como familiar, para poder realizar sus estudios, pero si las autoridades universitarias no son empáticas con esa situación, a la que tenemos que agregar el gasto extra en gel antibacterial y cubrebocas, que es un gasto que hacen los alumnos porque no todas las escuelas se los proporcionan, no nos sorprenda que muchas licenciaturas comiencen a padecer deserción escolar por el alto costo que representa la vida universitaria en estos momentos.


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