Óscar Novella Macías
Óscar Novella Macías

La monarquía británica y sus apesarados vasallos emergentes de México

 

La monarquía es la forma más

costosa de  todas las

formas de gobierno.

James Fenimore Cooper

El pasado 8 de septiembre falleció la Reina Isabel II, quien mantuvo un reinado al frente de Inglaterra durante siete décadas, desde que ella tenía 25 años. Desde luego este suceso ha estado provocando una serie de efectos y reacciones políticas: el primero de ellos es que, quien asumió la representación de la corona, el anteriormente Príncipe Carlos, ha sido señalado por actos de corrupción operados por medio de una fundación.

Es de esperarse que los ojos del mundo, particularmente los de mandatarios nacionales o mercados internacionales, pongan su atención por las implicaciones diplomáticas, así como los efectos político-económicos que el suceso pudiera tener. Lo que suscita el análisis es cómo en México un sector de la opinión pública, identificada con la derecha y las visiones conservadoras, ha recibido este fallecimiento como un asunto que tuviera una implicación directa en sus vidas y entornos personales o en la vida pública de un país como México, donde el régimen monárquico es considerado cuasi ilegal y los títulos nobiliarios solo se usan en ferias, kermeses y festividades escolares.

Es obvio que en estos casos las percepciones acerca de las consecuencias son sobradas; sin embargo, llaman la atención por su difusión y lo grandilocuente que pueden llegar a ser al grado de darle el carácter histórico. Van desde pronunciamientos públicos, una curiosa obsesión por firmar el libro de las condolecidas en la embajada británica, tomarse la foto y un largo etcétera de ridículas reacciones. También llama la atención la conmoción que provoca como si fuera una prima, una tía, la abuela o la madre.

Acaso creen, todos los que lamentan tan profundamente el fallecimiento de la reina que sus lamentaciones serán recibidas por la familia de la difunta monarca.

Es tan anacrónica y frívola la añoranza que tiene la comentocracia conservadora mexicana por el viejo mundo, por lo europeo, por lo monárquico, por la sangre azul, por el linaje, que no les importa la larga lista de flagrantes acciones depredadoras, colonialistas, racistas, clasistas, concesiones fiscales intolerables, que estos regímenes han cometido en pleno siglo XXI.

Con una mano alaban la nobleza y con la otra exigen democracia quejándose de una supuesta dictadura. “Dictadura” que les ha garantizado el derecho a réplica y a disentir, a debatir, aunque lo hagan sin fundamentos y más bien lo aprovechen para mentir, calumniar y ofender a un gobierno legítimo electo democráticamente.

Claro que se lamenta la muerte de la ex monarca inglesa, y que el gobierno mexicano tiene el compromiso diplomático de exponer las condolecidas; sin embargo, con esas manifestaciones lo que pareciera es que la discusión es con un pensamiento medieval rancio y nostálgico por el vasallaje.


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